Novelas, alteridad y justicia: ¿se puede leer al subalterno?

Minerva Ahumada

Resumen


Una de las paradojas de la globalización es el pensar que tenemos una buena idea de la situación alrededor del mundo si permanecemos conectados. Leemos las noticias acerca de los refugiados ecológicos en Australia, o de los miles de migrantes que buscan trabajo en países o continentes lejanos al suyo. Las historias que hablan de problemas políticos y sociales se distribuyen via Facebook y Twitter en cuestión de segundos. Pero esta inundación de noticias no siempre quiere decir que nosotros, como audiencia, sepamos entender, juzgar, o evaluar lo que aquellas personas están padeciendo—o logrando, en el mejor de los casos. La globalización nos permite "estar" más cerca de todo, de todos; pero esta proximidad, sentida en condiciones sumamente diferentes, puede ser malinterpretada y dar ocasión a minimizar o malentender las condiciones en las que otros viven. La idea de que la globalización nos hace estar más conectados a otros seres humanos conlleva un discurso normalizante a través del cual ponemos poca atención a la acción que esos otros demandan de nosotros. Nuestra interconexión con la globalización no debiera ser un evento pasivo en el que nos reducimos al nivel de espectadores.

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