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 América Latina, entre la identidad o el sentido de pertenencia. Hacia una deconstrucción de la ontología del desconocimiento en la era onto-tecnológica

 

 

 

Alan Quezada Figueroa

Universidad Autónoma del Estado de México

 

 

 

Resumen: es en la actualidad, que se viven tiempos de hibridación cultural entre los distintos e irrepetibles actores de éste, nuestro mundo. La internet, en asociación con los restantes mass media, han logrado una era de globalización, no sólo a nivel de consumo, sino de relaciones humanas y conocimiento, más allá de los límites geográficos en los que nos encontramos físicamente inmersos. Desde este terreno es que las posibilidades de formación de una persona crecen, tomando uno de los múltiples rumbos que nuestra era onto-tecnológica ofrece, esto puede implicar variadas consecuencias a partir del auto-desconocimiento, la fetichización y la enajenación. Por otro lado, surge la pregunta sobre cómo en esta era de entrada hacia estas nuevas tecnologías, son tomados aquellos que no tienen siquiera acceso a estas redes, es decir, la pregunta surge a un nivel ético y ontológico. A partir de lo anterior es que se pretende conocer las formas de identificación o bien, el sentido de pertenencia a partir de los pueblos latinoamericanos, esta última, implicará una discusión clave en el presente texto, para conocer las implicaciones del sentido de pertenencia como concepto, frente a la idea de identidad.

 

Palabras clave: Identidad; pertenencia; Latinoamérica; hibridación; onto-tecnología

 

 

 

 

 

*Este artículo originalmente fue publicado en nuestra primera época editorial, en Revista de Humanidades, ISSN 0719-0999, en diciembre de 2011.

 

 

Citar este artículo:

 

Cita sugerida

Quezada Figueroa, Alan.  2016. “América Latina, entre la identidad o el sentido de pertenencia. Hacia una deconstrucción de la ontología del desconocimiento en la era onto-tecnológica”. Colección “Primera época”, Humanidades Populares 1 (1), 9-22.

 

APA

Quezada Figueroa, A. (2016). América Latina, entre la identidad o el sentido de pertenencia. Hacia una deconstrucción de la ontología del desconocimiento en la era onto-tecnológica. Humanidades Populares, 1 (1), 9-22.

 

Chicago

Quezada Figueroa, Alan. “América Latina, entre la identidad o el sentido de pertenencia. Hacia una deconstrucción de la ontología del desconocimiento en la era onto-tecnológica”. Humanidades Populares 1, no. 1 (2016): 9-22.

 

MLA

Quezada Figueroa, Alan. “América Latina, entre la identidad o el sentido de pertenencia. Hacia una deconstrucción de la ontología del desconocimiento en la era onto-tecnológica”. Humanidades Populares 1.1 (2016): 9-22.

 

Harvard

Quezada Figueroa, A. (2016) “América Latina, entre la identidad o el sentido de pertenencia. Hacia una deconstrucción de la ontología del desconocimiento en la era onto-tecnológica”, Humanidades Populares, 1 (1), pp. 9-22. 

 

 

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La era onto-tecnológica[1]

Los principios de nuestro siglo XXI han dado muestra de múltiples avances tecnológicos, lo que me ha llevado a pensar ésta, como la “era onto-tecnológica”, parafraseando a Lipovetsky en su Era del vacío. Para explicar lo siguiente retrocederé en el tiempo para tomar la idea de lo que Enrique Dussel ha mostrado como la ontología eurocéntrica, que refiere aquel momento de des-cubrimiento de la existencia del otro como “salvaje”, esto es la modernidad dada desde la invasión[2] a América. Esta ontología fungió como validadora para la dominación de los pueblos, siguiendo así la lógica del “… ego conquiro (el “yo conquisto” es el fundamento práctico del “yo pienso”).” (Dussel, 2011: 19), antes que la del ego cogito cartesiano. Esta idea de “des-cubirmiento” representa ya una ontología negativa, no en términos morales, sino de negación existencial, es decir, el desconocimiento del otro como un “yo”. Ontológicamente ese otro se pierde en todo lo que “no es” más que una entidad distinta al ser humano portador de un alma, lo que afirma la posibilidad de su dominación.

Esta ontología eurocéntrica (negativa), ha sido uno de los puntos de partida de la Filosofía de la liberación, que da cuenta de ella como arma legitimadora de la hegemonía del pensamiento, misma que construye la ideologización de los pueblos, en este caso latinoamericanos. A través de esta ideologización es como se puede dominar a todo aquello que se supone periferia, pues se ha alimentado la idea de parecerse cada vez más al centro; este es el momento del des-conocimiento de sí mismo para aspirar a un modelo que no aplica para sí mismo y que no representa más que una ilusión.

La ontología negativa entonces no desaparece, sólo cambia de rostro, sin embargo, sigue en la misma tónica de dominación, de centro y periferia como opuestos necesarios para la reproducción de su modo de subsistencia. Es en estos múltiples rostros que parece inubicable, tal como lo hace una “TAZ”[3], concepto de Hakim Bey (1990), referido a aquellas zonas de libertad temporal y que como rasgo primordial existencial, usa la invisibilidad que ocasiona el constante movimiento, pues mientras menos estática sea ésta, será menos ubicable, ya que son espacios para la organización de revueltas.

Es así, que el aparato de dominación funciona en muchos niveles y en múltiples espacios, tal vez no en la misma lógica de una TAZ, pues éste no tiene su existencia itinerante, sin embargo, el aparecer en diversos y múltiples espacios hacen de su existencia una forma cuasi omnipresente; estos espacios son estratégicos y buscan la disgregación y el desconocimiento del “nosotros”, existe en el espacio público y en el privado, invadiendo nuestra cotidianidad de diversas maneras, desde la más simbólica hasta la más insolente[4]. Pero el espacio que me interesa aquí mostrar es el de los medios masivos, pues éste es el que genera una gran creación de públicos diversos y llega a miles de conciencias. Este espacio se ha usado con fines de entretenimiento y de información, sin embargo, a lo largo de su crecimiento ha ido adoptando más usos y costumbres, convirtiéndose en una necesidad de la vida cotidiana. En esta lógica deductiva, quedarán sólo los medios electrónicos, para pasar a aquél que me interesa abordar, dada la lógica que ocupan en nuestros días las redes tecnológicas, esta es, la Internet.

En la actualidad, la Internet se ha convertido en un recurso de valor incalculable, ha ofrecido muchas bondades en pro de la comunicación, de modo que ahora es posible comunicarse en cualquier instante, de polo a polo en nuestro mundo, ha permitido el acceso a la información de cualquier tipo y la creación de foros de diálogo; es indiscutible su beneficio como herramienta académica y comunicativa a lo largo del planeta. No obstante, la web también ha entrado en la lógica de los restantes mass media, como aparato de dominación y colonización de conciencias.

Al mencionar la “era onto-tecnológica” pienso en el subtítulo del libro publicado por Dussel (2002), Ética de la liberación, este es: En la edad de la globalización y de la exclusión, esta edad o era como yo le llamo, es impensable sin la idea de globalización, las generaciones más actuales no comprenderían más un mundo fragmentado e indisociable, pues ya han crecido con el acceso a la información, que hace algunas décadas era inconcebible. Pero esta era de la globalización no podría venir sola, sino acompañada de exclusión, pues ahora quien no está cobijado dentro de la lógica de la tecnología es un analfabeto tecnológico, que en algún grado parece una designación negativa para quien no se vale de estas herramientas, es decir un buen número de personas de generaciones anteriores a los años 70. Si el mundo ahora está globalizado y tecnologizado, entonces quien está fuera de esta tecnología, está fuera del mundo como si no existiera más para las necesidades básicas de nuestro tiempo, siguiendo una forma utilitarista-existencial.

Es así que a la par de estas bondades tecnológicas, se sufre también una forma de exclusión y esto en varios sentidos atraviesa la ontología, pues parece ser la reproducción y la transformación de esa ontología negativa que he mencionado anteriormente. Esta ontología de la negación ha cambiado de cara en la actualidad, sin embargo, sigue negando la existencia de todo aquel que esté fuera del sistema-mundo establecido por las redes tecnocráticas de nuestro planeta. De este modo surge la idea de la onto-tecnología, pues estar dentro de la web en nuestros días, parece condición del Ser. El planteamiento puede parecer excesivo, no obstante, esto ocurre en dos niveles que explicaré a continuación, el primero es el nivel del estatus en las redes sociales y el segundo y más dañino, es el nivel de la exclusión socio-económica, este es el estadio de la realidad.

Las redes sociales han tomado gran popularidad en nuestros días, tanto, que el estatus existencial parece regirse también por este medio, pues dentro de ellas es que se gestan múltiples intereses; en ellas se conoce las personas, se contactan familiares o amigos, se encuentra individuos en la distancia, se entretiene, se organizan reuniones de trabajo o académicas, son útiles para la educación a distancia y un sinnúmero de actividades más. Este espacio es también el que permite al usuario transformarse y convertirse en lo que quiere ser, se trasviste de la forma en la que quiere ser conocido, ya sea mediante imágenes o actitudes, este se ha convertido en un espacio de recreo  y de convivencia, sin embargo, también esto se torna delicado cuando trasciende al espacio cotidiano, provocando una enajenación y una fetichización del otro en estos espacios, es entonces cuando se corre el riesgo del auto-desconocimiento; en este espacio tan diverso se ocasiona una hibridación, provocada por el lugar abstracto en el que se está situado, es por eso que sería como lo que Marc Augé nombraría “no lugar”. Esta hibridación[5] (Canclini, 2009: III) no es necesariamente un concepto negativo, más allá del maniqueísmo es pensado como un fenómeno que incluso puede generar ciertas ventajas.

El horizonte dado por las redes sociales supone un espacio de hibridación que parece alejado de la identidad[6] como grupo, la identidad se busca a nivel personal, aunque en realidad esa identidad construida recae en los cánones usados como moda, es por ello que en muchos casos la identidad propia está subyugada a la forma que proporciona el modelo hegemónico, aunque esto es un terreno movedizo, pues el universo de las redes sociales es muy complejo. Sin embargo, lo que me interesa destacar es la construcción de una identidad ideal que busque la promoción del sujeto, el sujeto se recrea como una fantasía, a decir de Zizek (1999) no se identifica necesariamente consigo mismo. Esa des-identificación puede ir más lejos si se piensa en términos de enajenación, si se proyecta el territorio virtual al espacio real, en el que la identidad no se encuentra siquiera a nivel local. La red social puede invadir la vida cotidiana y hacer más difícil el acceso a un sentido de pertenencia que ya por sí mismo es complejo de encontrar. La intención de esta primer acepción de la onto-tecnología es la de argumentar el desconocimiento de todo aquello que esté fuera de estas redes como inexistente, la existencia dentro de la Internet se desvanece hacia la existencia en el mundo. La ontología está a un paso de la onto-tecnología.

El segundo nivel de la onto-tecnología es el de la exclusión, este segundo nivel es ya evidente por sí mismo y no está separado del primero, lo he separado como estrategia para mostrar sin intermediarios la ontológica, negación cruda de esta segunda acepción, pues esta exclusión a la que me refiero ya no es como en el primer nivel, por analfabetismo tecnológico, sino por las condiciones de vida en la periferia, por la exclusión social y económica. Esta inexistencia virtual lleva al velo del conocimiento de su existencia real, es decir, sólo en el momento de la interpelación se toma conciencia del suicidio colectivo (Dussel, 2011) al que nos conduce el capitalismo, referido al consumismo irracional de la tecnología.

Siendo claro, la onto-tecnología se refiere a la existencia dentro de la tecnología, sin embargo, todo aquello que queda fuera lo hace como inexistente, en este segundo caso me refiero a quienes no participan de ella porque no tienen las condiciones necesarias para hacerlo. No tener acceso a un ordenador y a la señal de internet, significa en nuestros días algo muy cercano a la desaparición, pareciera como si habláramos de la extinción de una especie que no cumple con los requisitos básicos para sobrevivir. Perder de vista que somos corporalidad, lleva hacia el desconocimiento, una persona que tiene hambre, frio, que no habla “…la lengua del señor…” (Dussel, 2011: 11), que no tiene un techo, es automáticamente excluida de esta era onto-tecnológica en la que parecemos estar insertos. Es a partir de esta idea, que me interesa analizar esa identidad, pues pretende ser contemporánea a los fenómenos actuales.

Aquellos que no tienen acceso a esta tecno-existencia, son los que Dussel llama “la exterioridad”, esta es una de las categorías más importantes para una Filosofía de la liberación, esta exterioridad se piensa desde la periferia, desde América Latina. Pienso esta reflexión como un momento clave para voltear la mirada hacia la exterioridad, ya que, el patrón obedecido para no reconocer al otro, es la interiorizada ignorancia a la que nos sometemos con el velo del no re-conocimiento del “nosotros”. Siendo este un espacio de interrogantes, más que de conclusiones, transcribo la pregunta:

No obstante, la interrogante aún permanece: una interfusión revolucionaria de las dimensiones mismas del otro, busca una expresión orgánica. ¿Estamos siempre por estar atrapados entre el aplastamiento derechista de las formas de organización de las masas desde fuera y los partidos elitistas estrangulando a los movimientos desde dentro? (Gogol, 2006: 9)

Este aplastamiento derechista al que se refiere Gogol, es entre muchas cosas, la ideología permeada por medio de esta absorbente era onto-tecnológica, en la que una causa de angustia es ya conocer el próximo artefacto con el que se accederá a ella, tal como si fueran boletos para acceder al paraíso, que en realidad son las formas de organización del mercado.

Este concepto de onto-tecnología es sólo una idea de la que me valgo, para intentar llevar a cabo una deconstrucción en torno a la concepción de identidad en la actualidad y partir de ahí para conocer, por medio de varios desplazamientos referidos a la época contemporánea, algún resquicio que quede sobre ese sentido de pertenencia que me interesa exponer aquí.

Filosofía de la liberación latinoamericana: hacia un sentido de pertenencia

Como lo he comentado en las líneas anteriores, el reconocimiento de la exterioridad es el camino hacia la descolonización, hacia la liberación; esta liberación, que no es la palabra en sí, aislada, se refiere a todo un corpus complejo de teorías que se han gestado en Latinoamérica a partir de reconocer su necesidad. Posturas como la Pedagogía del oprimido de Paulo Freyre o la teología de la liberación de Gustavo Gutiérrez, han dado pie a propuestas invaluables como la del Dr. Dussel con su Filosofía de la liberación y gran parte de su vida y obra dedicada a estos temas; Horacio Ceruti y la Filosofía de la liberación latinoamericana; Eugene Gogol y El concepto del otro en la liberación latinoamericana, son los pensadores que parten desde la periferia para buscar una senda que permita un reconocimiento del otro o de la exterioridad, pero más que reconocer a ese otro o a esa exterioridad, es importante reconocerse en ella y saberse perteneciente a esa periferia, que en este caso es Latinoamérica. Hablar sobre la periferia, dentro de la misma periferia implica una ubicación específica, para conocer los problemas que aquejan a América Latina, problemas específicos que deben analizarse fuera del aparato eurocéntrico, que sólo velaría la mirada para estas cuestiones.

La filosofía de la liberación entonces busca alternativas más allá de las dadas en la Academia[7], para encontrar las mediaciones teóricas desde nuestro horizonte. Enrique Dussel ha dado cuenta de la historia hegemónica, que es la que ha venido marcando los pasos del presente, es así, que los pueblos latinoamericanos aparecen como des-cubiertos, más que como reconocidos. Europa se ha adueñado del origen del pensamiento y se ha dado a la tarea de reproducirlo como tal, se han autoproclamado como el origen. Es por eso, que busca una de-construcción de esa historia hegemónica “El espacio del planeta dentro del horizonte ontológico es el espacio controlado por el centro...” (Dussel,  2011: 18).

El pensamiento que se dirige sólo hacia el centro está condenado entonces a no reconocerse como un pensamiento autónomo, sino como un pensamiento dirigido que cumple con las necesidades que requiere el centro para seguir creciendo frente a la periferia. Para este tipo de pensamiento es común que lo distinto, lo otro, aparezca como el no-ser, como la barbarie y se constituye él mismo como el único pensamiento válido, ya que “El ser es el fundamento mismo del sistema o la totalidad del sentido de la cultura y del mundo del centro.” (Dussel, 2011: 20), el centro pretende ser el mundo a partir del que se mueve la humanidad. Es en este fundamento del ser, que he pretendido mencionar esa ontología negativa a partir de la realidad existente y los juegos de la tecnología al servicio del poder.

Ya el pensamiento protofilosófico de los aztecas usaba la idea de una dualidad originaria, mientras los griegos buscaban lo Uno como el origen. Miguel León Portilla se ha dado a la tarea de investigar más a fondo la Filosofia náhuatl, sentando las bases de todo un sistema de pensamiento náhuatl. Así, en todas las regiones de Latinoamérica se han gestado y siguen utilizándose sistemas complejos, que parecen más reconciliadores y útiles acerca del respeto hacia la vida y hacia la existencia del otro. Así, la filosofía de los pueblos originarios parece basarse más en una idea de respeto y en una estética de la razón “sentimos lo que decimos, no decimos lo que sentimos”. Una filosofía indígena debe siempre estar relacionada con mecanismos de liberación. Un ejemplo respecto al pensamiento incluyente es el concepto mapuche (Chile) “waymabu” que hace referencia hacia el espacio redondo[8]en una especie de lo igual en todos los lados. En las regiones de Bolivia se utiliza la Wiphala como bandera, ésta  representa la elasticidad lógica, el poder mirar de múltiples formas y no una monovisión, se puede mirar horizontal, vertical o en diagonal, es diversidad, es masculino y femenino; cada color es importante, ninguno se somete a los otros, cada uno es independiente.

Ejemplos como los anteriores, se pueden hallar a lo largo y ancho del territorio Latinoamericano, Carlos Lekendorf, incansable investigador de los sistemas indígenas, descubrió verdaderos universos incomprensibles para la velada visión eurocéntrica, él creía que cada etnia y su modo de organización sería como un sistema elaborado y complejo, como si cada uno fuera un sistema solar que forma parte de este universo, por lo cual, deliberar que el pensamiento europeo tiene en sí la totalidad y el origen del conocimiento, sería reducir lastimosamente la riqueza del pensamiento humano en toda su extensión. Es como si se pensara que el sistema solar es el único que existe en todo el universo. Lekendorf, exiliado ruso, llegó desde el centro a estudiar la periferia, específicamente a México, en el estado de Chiapas, donde encontró un gran sistema de pensamiento, muy distinto al sistema clásico occidental en el que el saludo no era un simple “¡Hola!”, sino “¿Cómo está hoy tu corazón?”. La periferia entonces se puede pensar desde el centro si se es posible renunciar a la idea de pensar un sistema como el único.

Esto sucede en la era de la onto-tecnología, aunque su lógica no permita ver más allá, aun cuando la distancia geográfica no sea larga, simplemente no es posible ver, más que limitadamente, con los anteojos del eurocentrismo y del mercado, que han manipulado nuestra mente, al grado de pensar esas realidades que he mencionado, como inexistentes o en el mejor de los casos, como distintas o lejanas. Este es el momento en el que la tecnología se ha convertido en fetiche

La muerte del fetiche es importante, porque como “toda crítica comienza por la crítica de la religión” fetichista, la liberación es posible sólo cuando se tiene el coraje de ser ateos del imperio, del centro, afrontando así el riesgo de sufrir su Poder, sus boicots económicos, sus ejércitos y sus agentes maestros de corrupción, del asesinato, de la tortura y de la violencia. (Dussel, 2011: 32)

Los mecanismos de dominación han cambiado, se utilizan ahora formas más sutiles, pero con un gran y terrible alcance de depredación, como en los tiempos de la “invasión”, el aparato actual ataca conciencias, las enajena y las fetichiza, de modo que lo más cercano parezca lo más lejano. Fray Bartolomé de las Casas es ya un antecedente de la Filosofía de la liberación, pues advertía la intención asesina de Europa de asesinar a los habitantes de la periferia, así, bajo amenaza de muerte, lo que no eran asesinados, eran sometidos, esclavizados sin opción alguna, en la lógica de la “Dialéctica del amo y el esclavo”.

No sólo el pensamiento latinoamericano es colonial, sino todo aquel pensamiento que tiene un espíritu de imitación o repetición en la periferia de la filosofía vigente en el centro. La Filosofía de la liberación propone que la filosofía latinoamericana supere el modelo europeo que reproduce una ideología de dominación que se sufre. Asimismo en esta era de la tecnología acelerada, cegadora y excluyente se debe tener cuidado de no caer en la fetichización de los objetos tecnológicos, de modo que se caiga en una lógica de consumo que no permita ver más allá, ni siquiera hacia sí mismo, haciendo parecer al sujeto como externo a su realidad, que es el modelo que se ha venido repitiendo en la enseñanza desde la época colonial, en la que se adiestró a los maestros que ya habían olvidado su pasado, para transmitir esas mismas ideas ocultas para auto-reproducir la dominación “Maestros castrados que castraban a sus discípulos.” (Dussel, 2011: 37). Así, la repetición de estas ideas, como la repetición de un estilo de vida en función de las innovaciones tecnológicas cada vez más continuas en el mercado, reproducen muerte en América Latina, por la marginalidad, el desempleo y el desconocimiento. Es así que se piensa una pedagogía, una estética, una lógica, una política, una ética de la liberación, esto es, pensar a Latinoamérica desde nuestra Latinoamérica y para nuestra Latinoamérica a favor del desarrollo, la producción y la reproducción de la vida. Esto sólo en el momento del reconocimiento de la exterioridad, de la otredad, de lo que escapa a la ontología negativa.

¿Identidad o sentido de pertenencia?

Según el Diccionario de la real academia española, el término “identidad” se refiere a: “Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás.” (Real Academia Española en línea, 27/11/11). En la cotidianidad conservamos una idea optimista de lo que la palabra identidad sugiere, sin embargo, tratando de ir más lejos, es preciso detenerse y pensar más allá este concepto, pues no debemos olvidar los usos que hacemos de las palabras y tratar de quitar ese rasgo europeo. Cuando se piensa en identidad, se piensa en una idea incluyente, pero como lo menciona la definición canónica, es totalmente excluyente, pues se deja fuera todo aquello que no es idéntico, todo aquello que no conserva los mismos rasgos que yo tengo es lo distinto a mí. Esa es la idea con la que se ha presentado la ontología eurocéntrica, pues niega todo lo distinto incluso como no humano, sin alma o salvaje.

Es imposible una identidad latinoamericana, debido a las diferencias entre los distintos pueblos que la conforman, esto más que implicar una falta, da cuenta de la riqueza de las naciones de América Latina en su diversidad, pues funge como un universo compuesto por innumerables sistemas solares que conforman en sí distintos sistemas complejos, como ya lo ha señalado Lekendorf, es en este momento que el concepto de identidad no sólo resultaría insuficiente, sino negativo, respecto a la exclusión que implica la no identidad. Pensemos en la diversidad de personas que van desde México hasta el extremo sur chileno, encontraríamos incontables características diferentes, desde los rasgos físicos, modos de hablar, colores de piel, costumbres, creencias, etc. Ahora bien, si pensamos en cada país y sus pueblos indígenas, tendríamos que elevar la cuenta por mucho. Tan sólo en México se tiene idea de 56 etnias, así en cada país latinoamericano debe haber un buen número de ellas, de lo cual debe resultar una interesante cifra.

Si esto es así, entonces debe reconsiderarse la categoría de identidad, puesto que cada una de estas etnias tiene formas independientes de vivir, tienes distintas costumbres, creencias y sistemas de organización distintos entre ellas, no idénticas e irreductibles a una idea por su complejidad particular. Ni siquiera, si se pensara dejar de lado a estos pueblos originarios sería posible este ideal de identidad.

Frente a esta idea, me he preguntado la posibilidad de concebir esta misma intención, pero sin ese dejo excluyente e ideal de la identidad. He pensado como lo más cercano, el concepto de “sentido de pertenencia”, quiere decir, que se sustituye esta idea de uniformidad como aquello que pretendía tal vez el nazismo con el ideal de la raza aria, para dar pie a una posibilidad mejor aterrizada que pretenda la inclusión de nuestros pueblos latinoamericanos.

La noción de sentido de pertenencia tiene estrecha relación con la de “reconocimiento”. Reconozco al otro como alguien distinto a mí, pero a la vez como un yo, es decir, estoy fuera de él, pero a su vez me constituye. Los pueblos latinoamericanos son todos distintos, sin embargo se pertenecen, todos son parte de un grupo que comparte entre sí muchas características. Una de ellas es que estos pueblos de la América Latina son considerados como periferia y para ello ha influido la historia de dominación que cayó sobre ellos y la forma de colonia que adoptaron, a partir de la barbarie de los países dominadores. Hoy en día la historia se sigue reproduciendo, la idea de colonia ha mutado, ahora la dominación es ideológica y por medio de aparatos tecnológicos más sofisticados y por medio del consumo. Ahora ya no sólo Europa amenaza con su eurocentrismo, también los Estados Unidos contienden por el poder con el denominado “americanocentrismo”.

La periferia latinoamericana no es una concepción joven, viene dada desde hace ya algunos siglos. Asimismo, la colonización sigue reproduciéndose. Cabría aquí preguntarse ¿qué es lo que daría un sentido de pertenencia a estas naciones que en apariencia no tienen una necesaria relación? ¿Supondría algún beneficio este sentido de pertenencia? Intentando responder a la primera pregunta, pienso en Simón Bolívar el Libertador de América, en quien ya se puede apoyar un proyecto de liberación, él creía en la posibilidad de la independencia de las naciones americanas y contribuyó a la independencia de las actuales Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela. Ha habido una lucha constante en Latinoamérica por la liberación, la periferia grita y se levanta en armas “Y no veo la historia de América Latina como una explotación incesante sin oposición. La rebelión y la insurrección han estado presentes en el continente latinoamericano en estos mismos 500 años. La permanencia de la resistencia ha sido manifestada tan firmemente como el pillaje y la represión. (Gogol, 2006: 6)

La cita señala dos puntos interesantes, el primero se refiere a esa naturaleza guerrera de la América Latina frente a la violencia ejercida por años desde el centro, ésta ha sido una constante de nuestros pueblos que ya por sí misma merece un sentido de pertenencia, debido al reconocimiento de las condiciones del otro, Bolívar lo vio como la necesidad de la emancipación de América y no sólo de una región en particular frente al imperio español, pues tenía presente aquella idea que expresa “la unión hace la fuerza” de Esopo[9]. El segundo punto que me interesa resaltar de la cita anterior, es la forma en cómo se expresa Gogol de Latinoamérica, ya como un continente, pues aunque somos parte del continente americano, se nos ha disgregado en esa misma tónica de la periferia al servicio del imperio.

Y es en lo antedicho que se puede responder a la segunda cuestionante, pues parece que sí implica un beneficio el desarrollar un sentido de pertenencia latinoamericana, ya que el reconocimiento de los demás pueblos periféricos es lo que podría dar pie a la superación de la negación, si bien ya somos negados al ser periferia por el centro, es brutal la negación de Latinoamérica por Latinoamérica, es decir, el no reconocimiento de nosotros mismos dentro de este contenedor. Sólo en la unión de nuestros pueblos es como se puede caminar hacia la mejora en la forma que dicta la filosofía de la liberación: el desarrollo, la producción y la reproducción de la vida, el reconocimiento de mí mismo en las diferencias del otro y es así como surge también la responsabilidad por el otro (Lévinas, 2001). Es de esta forma, que ese sentido de pertenencia, dado por el reconocimiento, no sólo del otro, sino de mí mismo ahí, de mi “ser ahí”, me permite ampliar la visión y poder ver aquello que con los ojos del eurocentrismo no se lograba ver.

A modo de buscar una conclusión sobre el presente texto, he de señalar primordialmente, que de un escrito como el que presento aquí, no es pertinente extraer conclusiones acabadas, pues tiene la pretensión de comenzar un diálogo del que surjan variados cuestionamientos, de modo que si este breve escrito pudiera ser concluido, parecería que está perfectamente acabado y eso implicaría casi una respuesta hacia ese problema que intento contestar sobre Latinoamérica en la actualidad. Esto supondría el fin del diálogo y el principio de la acción, sin embargo, he de reconocer que mis premisas son un tanto arriesgadas y dan lugar para posteriores investigaciones, mejor desarrolladas a través del diálogo con más autores y colegas.

Aclarado lo anterior, he intentado entonces llevar a cabo un proceso analógico10, pues va más allá del diálogo, es decir, trato de desarrollar una idea a partir de diversos autores, aun cuando varias de sus posturas sean discordantes, para intentar encontrar uno más de los senderos y tratar de resolver esta compleja pregunta por nuestro continente latinoamericano.

Mi pretensión ha sido intentar de-construir esa idea de identidad, a partir de los componentes en que la visualizo hoy día, es decir, a través de la actual era en la que la tecnología parece regir la vida de la juventud (la onto-tecnología), la exclusión ontológica a partir de estos nuevos juegos, la visión eurocéntrica que ha formado esta necesidad, contrarrestándola con la Filosofía de la liberación. A través de este camino deconstructivo, dejando el concepto de identidad como un fenómeno aislado, lo he encontrado como un concepto negativo para las pretensiones que persigue nuestra revista y mi personal búsqueda sobre la idea de Latinoamérica. Es así, que propongo finalmente la categoría de “sentido de pertenencia” como un momento de reconocimiento del “nosotros”, del yo y del otro en el mismo espacio, conservando al mismo tiempo la identidad y la diferencia, ya que más allá de conceptos dicotómicos, pueden fungir como conceptos reconciliadores, provocando que la identidad se dé por las diferencias y es sólo en este sentido que se podría pensar en una identidad según la argumentación de mi trabajo.

Al final se espera la confluencia de los conceptos elaborados, para darle una re-significación al concepto de lo latinoamericano en nuestros días, es aquí donde se pretende ahora la conciliación de los conceptos que han servido para desvelar el concepto de identidad, para formar el de “sentido de pertenencia”, así, la hibridación provocada por las actividades propias de la era onto-tecnológica, debe ser cuidada, de modo que esta hibridación implique el re-conocimiento y no el desconocimiento, al caer en la fetichización del aparato tecnológico, éste puede ser útil y provechoso, pero también puede ser negativo para la vida humana, su bondad o su negatividad no están dados por sí mismos, dependen de quien lo adopte. Así, lo que esté dentro y fuera del sistema tecnológico será reconocido en su diferencia e identidad, dando pie al sentido de pertenencia que me interesa, pues al final sólo éste momento de re-conocimiento es el que puede ser útil para contribuir a la salida de la colonización mental, que es totalmente depredadora y originadora de hambre, miseria y muerte. Es por ello que se espera una era del re-conocimiento en Latinoamérica y una salida de la era onto-tecnológica, dada la ontología negativa eurocéntrica, pues a través de estos medios es que se sigue reproduciendo la ideología dominante.

Concluyo mi trabajo señalando lo utópica que puede parecer mi propuesta, sin embargo, ¿no son las utopías las que van marcando el camino de nuestras acciones? ¿No son ellas quienes han hecho la historia de la humanidad? Tal vez son sólo modelos que al pretender ser seguidos, van transformándose y se moldean a partir de las necesidades específicas. Es por ello que este artículo es sólo el pretendido inicio de un diálogo y futuro desarrollo que permita la aproximación hacia esta pertenencia a nuestro continente Latinoamérica, respecto a las especificidades de nuestra temporalidad.

 

Referencias

 

Bey, Hakim (27/11/11), publicación electrónica: http://www.merzmail.net/taz.pdf

 

Dussel, Enrique (2011), Filosofía de la liberación, México, Fondo de Cultura Económica.

 

García Canclini, Nestor (2009), Culturas híbridas, México, De Bolsillo.

 

León Portilla, Miguel (2006), La filosofía náhuatl: estudiada en sus fuentes, México, UNAM.

 

Lévinas, Emmanuel (2001), De Dios que viene a la idea, España, Caparrós.

 

Lipovetsky, Gilles (2007), La era del vacío, México; Anagrama.

 

Zizek, Slavoj (2007), El acoso de las fantasías, México, Siglo XXI.



[1] Concepto que propongo como un reflejo humano dentro del ordenador, el cual explicaré a detalle más adelante.

[2] Se sustituye “invasión” por “conquista de América”.

[3] Zona Temporalmente Autónoma, las siglas se acostumbran en el orden del acomodo del inglés “Temporary Autonomous Zone”.

[4] Desde la “educación”, en la instauración de universidades en América Latina, en la que se moldeaban conciencias a favor del imperio, hasta la educación actual; el entretenimiento en la mayoría de sus formas; la imposición de la moda y el estilo de vida europeo o norteamericano.

[5] El concepto que utiliza Canclini es el siguiente: “…entiendo por hibridación procesos socioculturales en los que estructuras o prácticas discretas, que existían en forma separada, se combinan para generar nuevas estructuras, objetos y prácticas.”

[6] Uso aquí “identidad” como concepto provisional, pues más adelante argumentaré mi inclinación por el concepto de “sentido de pertenencia”.

[7] En referencia a una formación eurocéntrica, como se acostumbra en muchas universidades de Latinoamérica.

[8] Way: redondo, Mabu: espacio. Sus conceptos no están tajantemente separados, por ejemplo Waymabu para astronomía, igual que para la política.

[9] Escritor griego de fábulas.

Cuadernos de Descolonización y Liberación es la revista oficial de la Asociación de Filosofía y Liberación (AFyL). Esta publicación es continuidad de Humanidades Populares ISSN 0719-9465, publicación seriada editada desde el año 2011 por su grupo fundador Academia Latinoamericana de Humanidades bajo el nombre de Revista de Humanidades ISSN 0719-0999. Cuadernos es publicada y coordinada en la ciudad de Concepción, Chile, por la Corriente nuestrAmérica desde Abajo. La revista es coordinada conjuntamente desde las ciudades de Concepción, Chile, y Ciudad de Méxcio, México. Cuadernos de Descolonización y Liberación adhiere al acuerdo de políticas mínimas comunes de Deycrit-Sur. Esta publicación adhiere a las políticas de acceso abierto y no cobra ningún tipo de costo por procesamiento de contenidos. Todo lo aquí publicado se realiza exclusivamente bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.
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