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El Marx del ‘segundo siglo’

O Marx do 'segundo século'

The Marx of the 'second century'

 

 

Enrique Dussel

Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid

Doctor en Historia por La Sorbonne de Paris

Doctor Honoris Causa en múltiples universidades

Catedrático del Departamento de Filosofía

Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa

Ciudad de México, México

dussamb@unam.mx

 

Este trabajo se encuentra depositado en Zenodo

DOI: http://doi.org/10.5281/zenodo.1482967

 

Resumen: Nadie se sorprenda de que la exposición que intentamos sobre la obra de Marx no siga los lineamientos de lo que pudiéramos llamar un marxismo tradicional, ya conocido y expuesto por los biógrafos del gran crítico del capital, ortodoxia con pretensión de verdad inamovible. Deseamos por el contrario exponer un discurso inspirado no solo en las investigaciones que parten de la praxis y la teoría latinoamericanas, sino igualmente de la posición de un Walter Benjamin, entre otros, tan desconcertante para los otros miembros de la escuela de la Teoría crítica frankfurtiana.

 

Palabras clave: Marxismo;  capital; fetichización; política; ética.

 

Resumo: Ninguém se surpreenda que a exposição que estamos tentando fazer sobre a obra de Marx não siga as diretrizes do que poderíamos chamar de marxismo tradicional, já conhecido e exposto pelos biógrafos do grande crítico do capital, a ortodoxia com pretensão de verdade imutável. Desejamos, ao contrário, apresentar um discurso inspirado não apenas nas investigações que partem da práxis e da teoria latino-americanas, mas também da posição de um Walter Benjamin, entre outros, tão desconcertante para os outros membros da escola da crítica teoria frankfurtiana.

 

Palavras-chave: Marxismo; capital; fetichização; política; ética.

 

Abstract: No one will be surprised that the statement we are trying to make about Marx's work does not follow the guidelines of what we might call a traditional Marxism, already known and exposed by the biographers of the great critic of capital, orthodoxy under the pretext of the immovable truth. On the contrary, we wish to present a speech inspired not only by the research that starts from Latin American praxis and theory, but also by the position of Walter Benjamin, among others, so disconcerting for the other members of the critical school of Frankfurt.

 

Keywords: Marxism; capital; fetishization; politics; ethics.

 

 

 

 

Citar este artículo:

 

 

Cita sugerida

Dussel, Enrique.  2016. “El Marx del ‘segundo siglo’”, Cuadernos de descolonización y liberación 13 (21), 10-50.

 

APA

Dussel, E. (2016). El Marx del ‘segundo siglo’. Cuadernos de descolonización y liberación, 13 (21), pp. 10-50.

 

Chicago

Dussel, Enrique. “El Marx del ‘segundo siglo’”. Cuadernos de descolonización y liberación 13, no. 21 (2016): 10-50.

 

MLA

Dussel, Enrique. “El Marx del ‘segundo siglo’”. Cuadernos de descolonización y liberación 13.21 (2016): 10-50.

 

Harvard

Dussel, E. (2016) El Marx del ‘segundo siglo’”, Cuadernos de descolonización y liberación, 8 (11), pp. 10-50. 

 

 

 

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Nadie se sorprenda de que la exposición que intentamos sobre la obra de Marx no siga los lineamientos de lo que pudiéramos llamar un marxismo tradicional, ya conocido y expuesto por los biógrafos del gran crítico del capital, ortodoxia con pretensión de verdad inamovible. Deseamos por el contrario exponer un discurso inspirado no solo en las investigaciones que parten de la praxis y la teoría latinoamericanas, sino igualmente de la posición de un Walter Benjamin, entre otros, tan desconcertante para los otros miembros de la escuela de la Teoría crítica frankfurtiana.

La compleja figura de K. Marx puede considerarse de muchas maneras, dada la multifacética riqueza de su persona, de su praxis, de su pensamiento. Debemos elegir entre el revolucionario político del siglo XIX (más conocido), o entre el gran teórico que efectuó la crítica más profunda al capital en su esencia, en el momento mismo de su primera expansión imperial, sobre todo en la segunda parte del siglo XIX. Además, puede hablarse de un Marx del primer siglo (1883-1989 bajo la sombra que concluye con la disolución de la Unión Soviética y la reforma socialista china) o de un Marx del segundo siglo (desde 1989) que ocupará todo el siglo XXI, constituyéndose como un clásico de la historia, la filosofía y, sobre todo, de la economía política. Hay que escoger entre estas posibilidades y prefiero, aunque tenga tanta importancia su praxis política, abocarme a los aspectos preferentemente teóricos del gran crítico de la economía política burguesa; es decir, el Marx que escribe El capital (en sus cuatro versiones como hemos expuesto en otras obras). El crítico del capitalismo, a partir de intuiciones iniciales, llegará a constituir un sistema de categorías fundamentales que son válidas en el presente. Creo que es el Marx definitivamente más importante, porque se propuso describir al capital en su fundamento y, lamentablemente, capital que todavía está vigente y se expande en todo el horizonte mundial. De tal manera que Marx se levanta como el crítico hoy más pertinente que nunca, sobre todo si sabemos continuar su pensamiento con desarrollos actualmente necesarios más que nunca, y dentro de su misma metodología.

 

 

 

 

 

 

  1. 1.    La etapa preparatoria (hasta 1857)

Marx nació en Trier el 5 de mayo de 1818, una ciudad de origen medieval, de una familia judía por parte de padre y de madre. El abuelo de Marx era el rabino de la ciudad, y un tío paterno cumplió igual función. Su madre de origen holandés tenía igualmente una centenaria tradición de rabinos. Cuando el Emperador alemán, el Kaiser, obliga a su burocracia a bautizarse luterano, lo hace toda la familia de Marx excepto su madre. Este simple hecho nos llamó la atención porque por lo general se ignora la importancia de este aspecto, que tiene su origen en un cierto antisemitismo de la izquierda y especialmente soviético. Sin embargo, leyendo con cuidado las obras de Marx descubrimos muy pronto personalmente la presencia del pensamiento semita que nos permitirá sostener algunas hipótesis de lectura no muy frecuentes. 

Por otra parte, no deseamos en esta exposición sobre Marx dar demasiada importancia al joven Marx, que fue tan trabajado ya por H. Marcuse en la década de los 30s del siglo pasado, y que gracias al Althusserianismo cobró importancia a partir de los años 70s. Deseamos dar más centralidad al Marx maduro, negando aquello de la existencia de una “ruptura epistemológica” en el 1845, ya que Marx mostrará una continuidad asombrosa en su pensamiento usando siempre a Hegel contra Hegel.[1]

Por ejemplo, la crítica de la religión comenzó bajo la influencia de F. Schelling en su curso que dictó en Berlín sobre La Filosofía de la Revelación (1841), que inspiró la crítica antihegeliana de toda la joven generación de izquierda. Marx se preparaba para ser ayudante en la cátedra de teología de Bruno Bauer en Bonn[2], y bajo la influencia de  Feuerbach se lanza entonces a la crítica de la religión de Hegel[3]

Se opina igualmente que Marx atraviesa sucesivamente por tres períodos críticos. Habría pasado de la crítica de la religión a la crítica de la política y de ésta a la crítica definitiva de la economía política burguesa. En efecto, comenzó con la crítica de la religión pero no la abandonará nunca (aunque como veremos cambiará su sentido[4]).[5]  Lo mismo puede decirse de la crítica de la política, que seguirá presente durante toda su vida y a la que le dedicará el Manifiesto del Partido comunista de 1849 y numerosísimos artículos, pero no una obra sistemática como El capital[6]. Sin embargo, la tarea principal será sin lugar a dudas la crítica de la economía política, que se constituirá en el centro de su reflexión desde 1843 (comenzándola ya en Berlín, profundizándola en Paris, después en Bruselas y en Colonia, para culminarla definitivamente en Londres).

Hay un tema que vertebra la totalidad de la obra de Marx desde el tiempo del bachillerato (cuando Marx tenía 17 años en 1835) hasta su muerte. Este horizonte metafísico y práctico de comprensión podríamos denominarlo la “comunidad viviente” que los seres humanos constituyen entre sí, en sus dos componentes: como comunidad opuesta a la mera socialidad de individuos aislados, y como vida humana, que será el criterio absoluto de juicio teórico y práctico de Marx. En su examen de religión luterana en el bachillerato escribirá: “Por eso, la unión con Cristo, desde lo profundo y desde la más viva comunidad (lebendigsten Gemeinschaft) con él…”[7], y enunciado el postulado de la economía política utópica en El capital escribe: “Imaginémonos una vez más una asociación de hombres libres que trabajen con medios de producción comunitarios (gemeinschaftlichen) […]”.[8] La “vida humana” o el “trabajo vivo” tiene una dignidad absoluta (por ello no tiene valor, ya que es la fuente creadora del valor); lo opuesto es la injusticia, la opresión, “el capital muerto”. La vida en el pensamiento semita se simboliza por la sangre. Es esta vida-sangre la que el capital “chupa” (dirá Marx metafóricamente) al obrero, como el vampiro: vida que se objetiva como valor, expresada como “sangre coagulada”. Marx anotará que “el valor circula en el capital” como “circulación de sangre” (Blutzirkulation). No hubo ruptura epistemológica sino continuidad antropológica y metafísica en toda su obra[9].

Descubierta la importancia de la economía política como campo donde la vida humana es el contenido a tenerse en cuenta, Marx cruza diversos momentos teóricos. En la primera etapa, sostenía todavía un cierto subjetivismo como conciencia. En una segunda etapa, desde 1843, comienza a descubrir el sentido de una subjetividad productora, económica (de esa fecha hasta su partida a Londres). Solo en la tercera etapa alcanza su posición definitiva y se instala diariamente en la biblioteca del Museo Británico donde asistirá casi diariamente a estudiar materiales de economía principalmente. En esos años, de 1849 a 1857, sus lecturas y estudios múltiples y sus compromisos políticos se desarrollan en aspectos que dejará plasmado principalmente en sus numerosos artículos publicados y en los Cuadernos de apuntes, que en número de 120 se irán acumulando en el transcurso de los años. Opinamos que, sin embargo, no logró todavía una visión constructiva sistemática de las categorías que serán fruto de sus futuras investigaciones. Ese momento acontecerá en un instante muy preciso en el que la acumulación de intuiciones se concretarán en lo que podemos denominar el Marx definitivo de la cual tenemos constancia ya que se revelan claramente en sus escritos londinenses nocturnos que constituyen los ochos Cuadernos de apuntes que se han denominado los Grundrisse.

   

  1. 2.    El gran descubrimiento de los Grundrisse

Según mi interpretación hay un momento en que Marx adquiere una clara conciencia de la esencia del capital, texto extrañamente poco usado por los estudiosos de nuestro genial economista. En efecto, los Grundrisse marcan el origen del Marx definitivo, y la primera investigación sistemática del capitalismo filosófica y económicamente coherente; es decir, y en terminología hegeliana, se trata del comienzo de la descripción de la esencia del capital. Esencia en un sentido fenomenológico hegeliano (esencia como el fundamento de lo que aparece[10] y tema por parte de Hegel del segundo tratado de su Lógica[11], ya que se trata de una fenomenología en sentido estricto, y también marxista).

Después haber estudiado y expuesto el tema del dinero y comenzando a pensar la cuestión del capital[12], Marx hace un alto en el camino en torno a noviembre o diciembre de 1857, y enfrenta al “trabajo vivo” del campesino que llega a la ciudad con el “posesor del dinero”[13]. Antes de este enfrentamiento cara-a-cara no hay todavía capital sino solo dinero. Se trata del momento ontológico previo al contrato, es decir, anterior a la subsunción del “trabajo vivo” a la totalidad que por esta subsunción se transformará en “capital”. Es decir, el dinero se transformará en capital exactamente cuándo se realiza la subsunción [Subsumption][14] del trabajo vivo en el proceso de trabajo que inaugura al capital como capital (no ya como dinero).

Observemos en detalle la descripción de Marx. Con anterioridad del capital hay dinero como dinero (objetivación de trabajo muerto) ante el trabajador como trabajo vivo:

La separación entre la propiedad [del dinero como trabajo objetivado] y el trabajo [como trabajo vivo] se presenta como ley necesaria de este intercambio entre capital[15] y trabajo[16].

De manera muy hegeliana muestra el texto muy filosófico y de difícil comprensión el aspecto negativo y positivo de dicho enfrentamiento o contradicción ontológica originaria:

1) Trabajo no-objetivado, concebido negativamente […]. En cuanto tal, es no-materia prima (Nicht-Rohstoff), no-instrumento de trabajo, no-producto en bruto […]; trabajo vivo [lebendige Arbeit] […]. El trabajo como pobreza absoluta [absolute Armut] […]. Solamente una objetividad que coincide con su inmediata corporalidad [Leiblichkeit] […]. Una objetividad que de ningún modo es exterior a la existencia inmediata del individuo mismo[17].

El texto es muy preciso filosófica y económicamente. Se describe la posición del trabajador (o el trabajo vivo), recién venido del campo como un sujeto sin propiedad alguna. Lo notable es que lo denomina como un pobre, un ser humano como “pobreza absoluta”. Todavía no es “clase obrera” porque no se ha contraído ningún contrato; no es trabajo asalariado. Pero es la condición ontológica absoluta del futuro asalariado: porque no vendería tiempo de su vida por dinero (el salario) de no ser a priori un pobre (dirá frecuentemente: un pauper ante festum). Ontológicamente hay que ser pobre para poder ser después clase obrera, ya que si no fuera un pobre que no tiene absolutamente nada para vender sino su propia y desnuda corporalidad, no se vendería a cambio de dinero (el salario). Esa a prioridad de la pobreza es esencial para nuestra interpretación. El pobre surge desde el mundo pre-capitalista, de la circulación, desde una exterioridad a priori a su subsunción. La totalidad del capital supone ese momento no-capitalista de exterioridad que será subsumido en la totalidad del capital a posteriori. No es entonces la Totalidad la categoría inicial originaria (como lo piensa hegelianamente G. Lukacs), sino que es la exterioridad del pobre-todavía-no-capital el origen de la dialéctica categorial de Marx. Desde la exterioridad de la futura totalidad (el capital) el pobre es “incorporado dentro” (subsumido) del proceso de trabajo mediando el dinero del salario que por ese acto mismo de subsunción se transformará en capital. En esto consiste, lo mostraremos, la inversión de la ontología hegeliana.

El texto citado continúa aún más enigmáticamente:    

2) Trabajo no-objetivado[18], no-valor, concebido positivamente […] es la existencia no-objetivada [todavía], es decir inobjetiva, o sea subjetiva del trabajo mismo. El trabajo no como objeto sino como actividad [Tätigkeit] […] como la fuente [Quelle] viva del valor […] No es en absoluto una contradicción afirmar, pues, que el trabajo por un lado es la pobreza absoluta como objeto, y por otro es la posibilidad universal de la riqueza como sujeto y como actividad[19].

El marxista tradicional quizá no capte que se trata de una cuestión fundamental. En 1984, estando en Berlín en el Instituto Marxista Leninista de la DDR, trabajando en los archivos de los escritos inéditos de Marx, realizamos una sesión de trabajo con los editores de Marx en alemán (estando presente aún el vicepresidente del Instituto). Unas de mis preguntas fue: ¿Han advertido Uds. la diferencia en la terminología de Marx entre “fuente” [Quelle] y “fundamento” [Grund]? Para Marx (con Hegel) el “fundamento” [Grund] es el “ser” [Sein] o la “esencia” [Wesen], mientras que la “fuente” [Quelle] es el origen mismo del propio “fundamento” (según lo explica Schelling contra Hegel). Veremos que Marx usa frecuentemente la expresión de que el trabajo vivo es “la fuente creadora del valor” (schöpferische Quelle des Wertes). En efecto, en este texto citado habla de que el trabajo vivo es “la fuente viva del valor”. Esta expresión ha pasado desapercibida al marxismo tradicional[20].

Después del enfrentamiento del posesor del dinero con el trabajo vivo, se desarrolla el contrato en el que el posesor del dinero le paga al sujeto del trabajo vivo un salario. Pero, como veremos más adelante, le paga la “fuerza de trabajo” (que tiene valor) pero usará del sujeto viviente (o trabajo vivo) por sobre el “tiempo socialmente necesario” para reproducir (no se usa la palabra crear) el valor del salario.[21] Esto acontece previa subsunción (es decir “in-corporación”) del trabajo vivo en el “proceso de trabajo” que es el primer acto del naciente capital (porque antes había dinero pero no capital). Esa subsunción, esa alienación del trabajo vivo, del creador del valor (el valor es el ser o la esencia del capital) deviene o se transforma ahora en una mediación del “valor que se valoriza” (el ser o fundamento del capital). Es decir, el creador del ser se transforma en una mediación del ser; el trabajo vivo es cosificado, explotado, y de origen metafísico se transforma en un medio del valor (efecto de la creación del trabajo vivo). Esta inversión (el sujeto vivo se transforma en una mediación cósica u objeto de la cosa denominada capital) indica que el sujeto se hace cosa y la cosa se hace sujeto (la definición de fetichismo, como veremos).

Todo El capital es el desarrollo categorial posterior basado en este descubrimiento central, punto de partida originario y ontológico (y aun trans-ontológico como mostraremos) de la teoría crítica de la economía política de Marx: desde lo que anterior al capital (su exterioridad) el trabajo vivo es subsumido (“in-corporado adentro”) como una mera mediación en la Totalidad del capital.

 

  1. 3.    El sentido de la crítica como ciencia

En otro texto, al que no se le ha prestado tampoco suficiente reflexión, Marx escribe a Lassalle el 22 de febrero de 1858 (cuando estaba elaborando los Grundrisse):

El trabajo [que estaba emprendiendo Marx] de que se trata, por de pronto, es la crítica de las categorías económicas, o más bien, si se prefiere, el sistema (System) de la economía burguesa expuesta críticamente (kritisch dargestellt)[22].

Cuestión entonces es de realizar la crítica del sistema de las categorías de la economía política. El asunto se aclara en carta a Engels:

Una cosa es llevar una ciencia, mediante la crítica, hasta el punto adecuado para poder exponerla dialécticamente (dialektisch darstellen), y otra muy distinta aplicar un sistema de lógica abstracto y cerrado sobre intuiciones de un tal sistema[23].

Como puede observarse hay diversas cuestiones: el problema de la crítica, que por otra  parte es vista como ciencia, y que se cumpliría a través de la descripción de un sistema (aspecto muchas veces dejado de lado) de categorías (que habrá que definir en qué consisten). La no-ciencia (pensando en Althusser) no es la ideología sino el fetichismo, que es, como veremos, la no referencia al punto de partida de la razón crítica, es decir, del “desde donde” se debe hacer la crítica para que dialécticamente no se absolutice un término de la relación.

Repito: fetichizar para Marx es absolutizar un término de la relación (A del diagrama siguiente), perdiendo el sentido de la misma. Dicho en pocas palabras, y como veremos, la acción crítica o científica para Marx es explicar todas las categorías desde la categoría origen de todas las categorías: el trabajo vivo. Si se pierde esta relación con el trabajo vivo, siendo el trabajo vivo la substancia del valor (es decir su causa, en terminología hegeliana), el valor se absolutiza y se le atribuye a la cosa y no al trabajo vivo como su objetivación. Veamos la cuestión por partes.

En primer lugar, la ciencia para Marx, nada tiene que ver con una definición popperiana por ejemplo de la misma. Lo dice explícitamente:

En una obra como la mía […] la composición, las mutuas conexiones es un triunfo de la ciencia  alemana (deutsche Wissenschaft)[24]. La economía como ciencia en el sentido alemán está todavía por hacerse[25].

Para Marx (como para Hegel en este sentido), la ciencia económica (y la crítica) tiene como punto de partida lo que se manifiesta (A del diagrama siguiente) en la superficie del mundo[26] de las mercancías (no se olvide que es una fenomenología) y se dirige (flecha a) a su fundamento oculto (B) (la esencia), por ejemplo:

Todos los economistas incurren en el mismo error: en vez de considerar  el plusvalor puramente en cuanto tal, lo hacen a través de las formas particulares de ganancia o renta[27].

En el mundo superficial o fundado del mercado aparecen, se manifiestan como fenómenos la ganancia o la renta (A), pero en el nivel profundo u oculto el plusvalor es su fundamento (B). Marx va a criticar, va a hacer ciencia, remitiendo lo que aparece a su esencia. Es el plusvalor (categorías central en Marx) el que explica su forma (forma fenoménica de aparición). Al confundir el fundamento (B) con lo que aparece (A), no se comprenden el contenido semántico ni del plusvalor ni la de ganancia. Ese pasaje (a) de lo que aparece a lo que lo funda es para Marx la crítica y la ciencia.

 

 

Diagrama 1

Del fenómeno al fundamento

 

  1. Forma de aparición                       a         B. Fundamento ontológico oculto

            en el mundo fenoménico                            como plusvalor

            como ganancia

 

 

 

Repitiendo, pasar (Übergehen) dialécticamente del fenómeno superficial (la ganancia) a su fundamento oculto (el plusvalor) es la tarea de la crítica y de la ciencia. Lo contrario, como hemos dicho es absolutizar un término (A); se fetichiza porque pierde su relación de fundamentación (flecha a) con su esencia (B). Nos dice Marx:

 

Es una tarea de la ciencia reducir el movimiento visible y puramente fenoménico (erscheinnende) al movimiento real interno (innere wirkliche Bewegung)[28].

La ciencia es para Marx una crítica ontológica de lo que aparece superficialmente en el mercado (por ejemplo, la mercancía y el dinero) –y por ello comienza El capital desde el plano superficial de lo primero que aparece- que busca el fundamento oculto en la producción (la fábrica, simplificando la cuestión). La cuestión es preguntarse cuál es la determinación o momento originario de toda economía posible y, por supuesto, del capital en concreto. Para Marx de manera permanente dicho punto de arranque es siempre el sujeto concreto, la subjetividad como la corporalidad humana que en la economía se manifiesta como “trabajo vivo” (lebendige Arbeit), y no fundamentalmente como la fuerza de trabajo. Escribe, por ejemplo:

El trabajo vivo se enfrenta al trabajo pretérito (vergangne), la actividad al producto, el ser humano a la cosa, el trabajo [enfrentado] a sus propias condiciones objetivadas como sujetos ajenos, independientes y autónomos [fetichizados] como si fueran personas (Personnificationen) […] El trabajo mismo que se lo apropian en lugar de ser apropiados por él[29].

La oposición ontológica primera en Marx no es, por ejemplo, trabajo abstracto y trabajo concreto, sino “trabajo vivo” ante “trabajo objetivado”, muerto, cosificado, alienado, etc. La pérdida de esta categoría primera hizo olvidar al marxismo tradicional el sentido personalista (y frecuentemente se refiere a la persona), humano, ético de la crítica económica de Marx, pero además oscureció metodológicamente el proceder mismo que Marx usó para construir su Critica de la economía política, título de su obra cumbre. 

 

 

  1. 4.    El sistema categorial (desde 1857)

Y bien, veamos como Marx construye la crítica del sistema de categorías (críticas y según la ciencia, en el sentido antes indicado) de la economía política burguesa, de manera pedagógica, resumida.

Debe considerarse que la tarea de construcción categorial comenzó de manera sistemática desde el momento del “gran descubrimiento” indicado en el parágrafo 2 de este trabajo, y teniendo como punto de partida siempre al “trabajo vivo”. Es por ello necesario no olvidar que esa labor se desarrollará en cuanto al tomo I de El capital en cuatro o cinco redacciones sucesivas a partir de los Grundrisse[30] (“cinco” si consideramos las numerosas correcciones de fondo que introdujo en la segunda edición de 1873). Marx era científicamente escrupuloso; no dio a la imprenta la obra sino después de múltiples redacciones en la que se le fueron clarificando muchas cuestiones, aunque en otras no encontró la solución y, quizá por el debilitamiento de su salud, le obligaron a que permanecieran inéditos los tomos II y III de su obra cumbre[31].

En primer lugar para Marx, como para Hegel, la esencia se compone de “determinaciones” (o contenidos semánticos) que componen la totalidad de lo que una cosa es. La esencia del capital tendrá entonces algunas determinaciones que se enunciaran como Dinero (D), Medios de producción (Mp), Trabajo humano (T), Producto (P), Mercancía (M), y Ganancia (g). Estas determinaciones son sin embargo un proceso en forma de un círculo, mejor de una espiral creciente, siempre en movimiento:

 

Diagrama 2

Primeras determinaciones esenciales del capital

 

 

                                        Mp                         Producción

                        D                                                        P         

                                        T                            

      Circulación

                                   D+g                M

 

 
   

 

 

 

Aclaración del diagrama 2: D: dinero; Mp: medios de producción; T: trabajo; P: producto; M:

mercancía; D+g: acumulación del dinero (D) con ganancia (g). El dinero que compra el Mp y paga el salario de la fuerza de trabajo es capital variable o constante, como veremos, componente de la circulación. El Mp y T en el proceso de trabajo es un momento de la producción.

 

 

 

Estas determinaciones las ha ido constituyendo Marx en un lento proceso metodológico del cual deseamos indicar solo los pasos fundamentales (simplificando las explicaciones debido al espacio otorgado para este corto artículo).

            Cada determinación (en la denominación de Hegel) tiene un contenido conceptual, pero es constituido (en un laboratorio metodológico que le llevará a Marx años para alcanzar con precisión su significado; cuando esto acontece indica Marx que se lo “bautiza”, se le pone un nombre que puede coincidir nominalmente con el de alguna categoría de la economía política burguesa, pero ahora innovando su sentido). La esencia del capital irá apareciendo progresivamente a través de la conceptualización de su contenido cognitivo por medio de categorías, que son instrumentos interpretativos claramente definidos que constituyen un sistema, ligados unos a otros y en último término referido al trabajo vivo (fuente originaria de su contenido).

Todo comienzo por el trabajo vivo. Es decir, por una corporalidad viviente que constituye a la naturaleza circundante en tanto mediaciones para la misma sobrevivencia. Es decir, la vida tiene un metabolismo de consumo de materia y energía que hay que reponer. Toda la economía política entonces parte de las necesidades que el viviente tiene de reponer dicha energía y materia que consume. La necesidad del ser humano es entonces, desde el trabajo vivo, la primera categoría constituyente de todas las otras.

Las cosas reales circundantes al ser humano tienen propiedad físicas, reales. La manzana tiene dichos componentes físicos en su constitución real.

Solo cuando el ser viviente y por ello necesitante enfrenta a la manzana como un posible satisfactor de sus necesidades, solo en ese momento la manzana es ahora alimento; es decir, una mediación para suplir la energía y la materia que la vida consume en su vivir mismo, en su metabolismo.

Esta relación del ser vivo humano con la propiedad física de la manzana, constituye en la manzana una cualidad que la mera manzana en la naturaleza no tenía. Esa cualidad que se funda en las propiedades físicas de la manzana pero que entra en el mundo humano como mediación para satisfacer la necesidad lo denominará Marx, ya así nombrado por el mismo Aristóteles hacía siglos, como valor de uso de la manzana.

Es decir, el valor de uso no es ni puramente subjetivo en el ser vivo humano, si es puramente objetivo como la mera propiedad física. Se trata de una relación, y también desde Aristóteles la relación tiene cuatro componentes. Dos términos (por ejemplo, padre e hijo), la relación misma (de paternidad) con una cierta dirección (por ejemplo del padre al hijo). Es una relación dialéctica donde los términos incluyen el contenido de los otros términos

 

 

 

Diagrama 3

Cuatro momentos de toda relación

 

 

A (por ejemplo padre)                      Relación de paternidad (C)                             B (hijo)

                                                                       Dirección de la relación (D)

 

 

 

 

 

Siendo A el término originario (trabajo vivo como necesitante) en relación a las propiedades físicas de la manzana (B), la relación (C) las constituye como valor de uso, siendo el trabajo vivo (A) el momento activo de la aparición de las propiedades como valor.

Este primer circuito, necesidad-propiedades física-valor de uso como satisfactor-de la necesidad, ya que el círculo es creciente, lo denominaremos “espiral vida-valor de uso”. Se trata de la primera categoría del sistema crítico de la economía política. Para el capitalismo todo comienza por el mercado (otra categoría), pero para Marx el trabajo como necesidad es el origen o fundamento de todas las demás categorías.

En segundo lugar, podría no encontrarse una manzana en el entorno y en ese caso el ser humano, como trabajo vivo necesitante, deberá producir la manzana. El manzano no se da a la mano sino que hay que plantarlo, en tierra fecunda, regándolo, etcétera. Requerirá de trabajo humano. Ahora el trabajo vivo es realmente trabajo productor.

En tercer lugar, para Marx (solo en la segunda edición de El capital en 1873, va a considerar al valor como valor, describiéndolo de la siguiente manera). Si a la cosa real producida le abstraigo todas las propiedades físicas y sólo considero el haber sido producto del trabajo humano, tendría el concepto de valor meramente como valor. El valor como valor sería “objetivación de vida”, de “trabajo humano”, de trabajo vivo. Sería como un coagulo de sangre (si la sangre es la vida). De esta manera tendríamos una segunda determinación del valor: 1. Como satisfactor de una necesidad, y 2. Como objetivación de la vida humana a través del trabajo en la cosa real.

Pero nos faltaría una cuarta determinación en la definición de la categoría de valor. Se trataría de que el producto se produce no solo para el propio consumo (acontece en la autoproducción y autoconsumo de una comunidad, pero aun en este caso vale la indicación siguiente), sino igualmente para el consumo de otros seres humanos. Es decir, el valor tendría una finalidad propia, que Marx denomina “intercambiabilidad” (Umtauschbarkeit), lo que nos introduce en la necesidad de constituir una nueva categoría: valor de cambio.

Es decir, el que la cosa producida se produzca para otro ser humano, y dando que el otro ser humano habría producido otro producto diferente, estamos en el caso del intercambio de dos mercancías que tienen ambas objetivación de vida de sus respectivos productores. La cosa real producida, además de valor de uso y meramente valor, adquieren en la relación misma de intercambio un nuevo tipo de valor: el valor de cambio.

Adviértase nuevamente que el valor de cambio no es intrínseco a la cosa real, sino que se constituye en el acto humano mismo de relacionar su producto con el producto producido por otro productor en el momento del intercambio. No es entonces una cualidad intrínseca, absoluta del producto, sino una cualidad relativa a otro producto que se constituyen mutuamente como teniendo valor de cambio en el acto mismo del intercambio. El oro guardado debajo de la cama no tiene valor de cambio (aunque puede considerárselo en potencia), sino en el acto mismo de ponerlo en relación con otro producto por el que se intenta intercambiar. Nuevamente el valor de cambio no es una cualidad intrínseca al producto, sino que aparece, se manifiesta o se constituye, reiteramos, en el intercambio.

Si hay intercambio debe haber una unidad que mida el valor de cambio de cada producto. Nuevamente Marx lo refiere al trabajo vivo: el valor de cambio se mide por el tiempo que usó su productor (como principio general) en producirlo. Es decir, el tiempo de un productor como trabajo vivo es medido por el tiempo de trabajo de otro. Es nuevamente el trabajo vivo el fundamento de la posibilidad de encontrar una unidad válida para el intercambio.

Y bien, el producto así producido en el proceso de trabajo mediante los medios de producción concluye en lo que se denomina obviamente “producto” que puesto en el mercado (otra categoría) se transforma en mercancía.

Continuando la constitución sistemática de categorías, es necesario medir el valor de cambio de los productos que se intercambian en el mercado en cuanto mercancías. Esa nueva categoría es el dinero, que siendo en su origen una mercancía más, mide con su valor de cambio el de las otras mercancías. El dinero es entonces el equivalente general del valor de cambio de las otras mercancías.

Llegado a este punto, es decir, sabiendo que el dinero es trabajo objetivado (o mero valor de cambio como equivalente general), se llega al momento clave donde el “gran descubrimiento” (que hemos descrito en el parágrafo 2) juega un papel que, frecuentemente ha pasado desapercibido. Es toda la cuestión de la “transformación del dinero en capital”. Nuevamente aquí nos enfrentamos a un momento esencial en la constitución del sistema categorial crítico de Marx.

Lo natural sería, como en el caso de Hegel,[32] que el dinero en mucha cantidad se transformara en capital. Pero el dinero como dinero aunque fuera infinito no sería de ninguna manera  capital. El salto abismal dialéctico del dinero al capital no es homogéneo, sino que es necesario la intervención, desde fuera del dinero acumulado como Totalidad la irrupción desde la nada, del plusvalor como Exterioridad que es subsumida. Repetimos: Infinito dinero no hace una pisca de capital; el capital no es homogéneo con el dinero. Es por la subsunción del plusvalor, que es una creación desde la nada (Schöpfung aus Nichts, creatio ex nihilo[33]) del capital, el dinero es ahora capital, ya que incorpora como plusvalor el trabajo vivo impago, lo que transforma el dinero en capital.

En su Lógica Hegel despliega de manera homogénea (en la identidad de lo Mismo) el desarrollo (Entwicklung)[34] del concepto de Ser. El Ser es lo primero. Para Marx es el trabajo vivo (No-capital, No-ser) el que interviene desde la Exterioridad de la Totalidad del dinero (el Ser) y lo transforma en capital. ¡Aquí es donde Marx invierte a Hegel! Hegel comienza y despliega el sistema desde el Ser. Marx despliega el sistema crítico categorial desde el No-capital, desde el No-ser, desde el trabajo vivo. En efecto, la categoría de plusvalor (precisada explícitamente como categoría en torno a noviembre de 1857 en los Grundrisse por primera vez)[35] es la que explica la diferencia entre el dinero y el capital. ¡Esta problemática no se expuso claramente en la tradición marxista soviética!

El plusvalor es el valor creado (no meramente producido o reproducido) de la nada del capital en el plustiempo por el plustrabajo. Más allá del tiempo socialmente necesario para reproducir (Marx tiene mucho cuidado en no usar la palabra creación) el valor del salario, el capitalista usa o consume en dicho plustiempo a la subjetividad viviente, al trabajo vivo, sin pago alguno, y lo creado en dicho plustiempo lo llama Marx: plusvalor[36]. El trabajo vivo es la “fuente” (Quelle) del ser o del fundamento (Grund) del capital. El Ser del capital es el “valor que se valoriza” (Verwertung des Wertes). El trabajo vivo es el creador del Ser. Volveremos sobre esta cuestión.

Llegado a este momento en la creación sistemática de categorías, Marx descubre una cuestión central en su sistema, el hecho de que el proceso productivo técnicamente tradicional de los pueblos (en concreto de Europa) podía formalmente (es decir, desde un punto de vista económico) lograr plusvalor, aunque materialmente, es decir, sin cambio alguno en la técnica, utilizara la misma que siglos antes. Hasta una indígena en Nueva España (México) podía producir una tela con las técnicas aztecas, y sin embargo crear plusvalor, porque se le pagaba como salario la comida y algún otro bien, pero sin cambiar sus usos culturales. Esa indígena en un taller producía plusvalor, pero Marx advierte en ese momento que será absoluto en tanto se puede aumentar el tiempo de la jornada de trabajo, o acelerando el proceso (por superexplotación dirá Mauro Marini correctamente), pero al final las condiciones son limitadas porque el trabajador moriría si se aumentan desproporcionadamente esas condiciones materiales.

Aquí entra una nueva categoría fundamental para aclarar el tema del parágrafo 7 de este corto artículo. Es la cuestión de la competencia entre capitales. En efecto, el capital no solo explota verticalmente, diríamos, al trabajo en la relación capital-trabajo, sino que lo hace igualmente horizontalmente, como competencia entre capital-capital. Esto supone nuevas categorías tales como el problema de que al final en el mercado se vende la mercancía producida por el capital más eficiente (el que haya desarrollado más la capacidad de trabajo del trabajador). Y esto se alcanza por una revolución en el nivel material (en este caso técnico). Si un capital logra subsumir mejor tecnología, por ejemplo la máquina a vapor (cuyos componentes eran ya usado en la revolución industrial china antes que la inglesa[37]) en el proceso productivo, logrará bajar el valor (y el precio de la mercancía en la competencia del mercado), no porque la máquina produzca más valor sino porque disminuye la proporción del salario en la unidad del producto (el producto contendrá proporcionalmente menos salario porque la máquina ha aumentado la productividad del mismo trabajo). Es decir, la revolución industrial no fue el fruto de un pueblo con capacidad inmensa de invención de tecnología, sino por la racionalidad misma del capital: a más tecnología subsumida en el proceso de trabajo, se produce una disminución del valor-precio de la mercancía que, por la competencia, destruye (o absorbe plusvalor) de los otros capitales. La Revolución tecnológica de los siglos XVIII y XIX es fruto, y no causa, de la exigencia vida-muerte del capital: o baja el precio de sus mercancías o simplemente desaparece del mercado[38].

El llamado plusvalor relativo es fruto de esos descubrimientos. No hay solo formalmente creación de plusvalor, sino que materialmente se logra aumentar el plusvalor por la disminución proporcional del salario en la composición de valor de la mercancía. A esto le llama Marx la subsunción material[39] tecnológica en el proceso de trabajo. Se trata de una nueva categoría: la composición orgánica del capital que indica la menor o mayor proporción de tecnología en el proceso productivo. A mayor tecnología menor proporción de salario, y por ello disminuye el precio de la mercancía en el mercado  De esta manera se habría cerrado el círculo de las categorías centrales del tomo I de El capital. Todo remata en el proceso de acumulación del plusvalor (absoluto y relativo) que se transforma en el dinero con ganancia (que se trata de una categoría del nivel superficial de la circulación). El capital habría retornado sobre sí mismo, como una espiral creciente, para ir absorbiendo vida humana y transformarla en ganancia, una cosa. La hipótesis inicial de la investigación de Marx había sido: ¿cómo es posible que el creador de la riqueza (del valor) sea pobre? La respuesta la obtiene en ese último capítulo (que será una sección en la edición de 1873): ha mayor riqueza en el posesor del dinero hay mayor miseria, degradación humana, injusticia en el creador de dicha riqueza; y, además, la proporción de la riqueza acumulada es igual a la miseria sufrida por el trabajador. Con ello Marx respondió la pregunta ética y política que se había hecho al comienzo.

Sin embargo siguió trabajando el tema en los proyectados tomos II y III de El capital, paquetes de manuscritos que Engels encontró después de la muerte de Marx.

En efecto, el capital industrial había sido expuesto en el tomo I en su momento productivo (aunque con una introducción previa sobre la mercancía y el dinero, que no eran propiamente productivos). Y esto porque el capital industrial tiene dos momentos: el de la producción y el de la circulación.

Todo el tomo II lo dedicará a la circulación del capital, pero como totalidad ontológica, en el sentido de que, al final, el capital es solo valor que circula por cada una de las determinaciones (o categorías construidas) sean productivas o de la circulación. El capital no es dinero, ni medio de producción, ni trabajo, ni producto, ni mercancía, etcétera. Sino que el capital es el valor del dinero que circula y que se niega al comprar el medio de producción; el medio de producción es ahora el valor que circula y que se objetiva en el producto mediante el trabajo. Es decir, ninguna determinación en cuanto tal es el capital sino que el capital es solo el valor que circula a través de todas las determinaciones en el sentido de una espiral creciente. Esta circulación del valor a través de las determinaciones de la totalidad del capital es la circulación total, ontológica.

Pero en el capital industrial existe un segundo momento de circulación (circulación óntica de la mercancía y el dinero), que se sitúan después de las determinaciones del momento de la producción. El dinero que inicialmente había comprado en el mercado el medio de producción (denominado capital constante) y pagado el salario (capital variable, porque de él procede por robo el plusvalor), aparecerá posteriormente del proceso productivo (que son: medio de producción + trabajo = producto) por la venta de la mercancía. Será dinero recuperado más la ganancia (plusvalor realizado).

En el tomo III de El capital Marx sigue constituyendo categorías para completar la descripción del proceso del capital industrial. Resumidamente las exponemos en un diagrama.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diagrama 4

Categorías principales expuestas en los tomos I y III de  El capital

 

 

1             2          3          4          5          6          7          8          9          10

Tv           D            Cv         Cp         Vp          Vm         Pc          Pp          Pf            D+Gf

                (To)        Cc                         (con                            (Cp+

                                               Pl)                               Gm)    Oferta y

                                                                                  Pm     demanda

Circulación, Mercado         Producción            Circulación,   mercado,  competencia

 

 
   

 

 

 

Aclaración al diagrama 4. 1. Tv: Trabajo vivo; 2. D: Dinero; To: Trabajo objetivado; 3. Cv: Capital variable (salario); Cc: Capital constante (medios de producción); 4. Cp: Costo de producción; 5. Vp: Valor del producto (que incluye el plusvalor) y Pl: plusvalor; 6. Vm: valor de mercado; 7. Pc: Precio de costo; 8. Pp: Precio de producción; Gm: Ganancia media; Pm: Precio de la mercancía o de mercado; 9. Pf: Precio final de la mercancía; 10. Gf: ganancia final (que no es igual a la Gm ni al Pl).

 

 

Exponemos el tema de manera resumida y pedagógica para simplemente indicar la sistematización del orden categorial construido por Marx.

Repasemos el sistema categorial ordenándolo pedagógicamente para el lector en 10 momentos. En (1) el trabajo vivo se sitúa como el origen de todas las categorías, que determina al valor de uso, de cambio y el dinero (2) compra en el mercando (aún antes de la existencia del capital, según hemos visto en el parágrafo 2) el medio de producción (capital constante) y paga un salario (3)[40].  En (4) todo ello suma el costo de producción del capitalista, pero queda encubierto el plusvalor en el valor de producto (5).[41] El producto aparece a la venta con un valor de mercado (6) que se desarrolla como precio de costo (7), y en ese momento gracias a la intervención de la competencia Marx descubre la categoría de ganancia media (de una rama o de una nación) lo que constituye la segunda categoría central de todo el discurso de Marx: el precio de producción (8).[42] Finalmente la oferta y la demanda y todos los fenómenos que intervienen en esa dialéctica fijan el precio final[43].

Será en el tomo III en que se muestra que lo que llamamos plusvalor (Mehrwert, surplusvalue) en el nivel productivo oculto a la mirada de la economía política capitalista del capital, aparece como ganancia (Gewinn, profit) en el nivel superficial del mercado.

Pero lo importante es el diverso significado ético-económico de su diferencia. La tasa de explotación (así la llama Marx) se logra comparando el salario (por ejemplo 5) con el plusvalor (por ejemplo 3). Es decir habría una tasa de explotación del 60 %. En cambio la tasa de ganancia se logra comparando la totalidad del costo de producción (por ejemplo 10, si se usan 5 para los medios de producción) con la ganancia, y la tasa de ganancia sería del 30 %. Como lo veremos en el parágrafo 8, la tasa de plusvalor indica un aspecto ético (porque indica la proporción injustamente no pagada al obrero), mientras que la tasa de ganancia solo es económica, y es menor (apareciendo como si se explotara al obrero en el 30% de su trabajo, siendo en realidad el doble).

En ese tomo, además de muchos aspectos de la realización del capital, se explicará cómo el retorno de la ganancia sobre el capital originario se hace distribuyendo el plusvalor en los tres momentos constitutivos del capital. Como a) ganancia industrial en el capital industrial; como b) ganancia comercial, en el capital comercial; o como c) interés, en el capital financiero. Los tres tipos de ganancia, sin embargo, no son sino solo plusvalor (plus-vida, vida humana) distribuida y acumulada. En este artículo solo hemos sugerido la cuestión, no es posible explicarla en detalle[44].

¿Todo este sistema categorial qué es? ¿Se trata del fruto de una investigación empírica, o es un capítulo de una economías crítica, o qué otro estatuto teórico tiene? El sistema categorial expuesto por Marx en El capital es un marco teórico categorial de una nueva economía política crítica que permitiría efectuar investigaciones empíricas concretas o tomar medidas económica según los acontecimientos[45].

 

 

  1. 5.    Fetichización progresiva del capital

El fetichismo[46] es un mecanismo cognitivo de ocultamiento de los momentos ético-críticos de las categorías centrales (como plusvalor y precio de producción) del capital en las que se descubriría el sentido alienante, dominador e injusto del capital. Los economistas capitalistas utilizan ese mecanismo cognitivo de ocultamiento sin el cual se descubriría la irracionalidad e inmoralidad del capital. El Marx definitivo reemplazará el tema de la ideología de la juventud por el de fetichismo. El sistema categorial de la economía burguesa es contradictoria, sin orden, sin advertir planos de profundidad (por ejemplo, el plusvalor se encuentra en un nivel profundo de la producción, mientras que la ganancia se sitúa en el nivel de manifestación superficial, óntico, no ontológicamente fundante) y por ello oculta su irracionalidad e inmoralidad intrínseca[47]. Veamos resumidamente la cuestión.

Para Marx el fetichismo, en su más temprana descripción describe que se trata de una inversión. Encubre el fenómeno de que el sujeto humano (el trabajo vivo, el trabajador) se lo transforma en una cosa; y la cosa (el trabajo objetivado acumulado como capital) aparece ahora como el sujeto que subsume la vida humana y vive de su muerte. Es una inversión absoluta; un ocultamiento epistémico total de la realidad objetiva.

No se piense que Marx trató el tema solo en el caso del fetichismo de la mercancía. La cuestión es mucho más amplia ya que para nuestro autor se fetichizan todas las determinaciones del capital, y todos los tipos de capital posible. En su esencia la cuestión del fetichismo manifiesta el pensamiento crítico de Marx en toda su amplitud.

Desde un comienzo deseamos exponer la tesis central de nuestra interpretación. Siendo el trabajo vivo el punto de partid radical, primero de la construcción crítico categorial de Marx, el fetichismo se manifiesta en la no referencia a ese punto originario del sentido científico y ético de la economía política. Una vez que todas las categorías o determinaciones se presentan como siendo las portadoras originarias del valor (enunciando por ejemplo: “La mesa tiene el valor x”; o “El precio de la mercancía manifiesta su valor”, como última instancia de esa atribución) la sentencia expresa un fetichismo. ¿Cómo explica este hecho?

Cuando se dice: “La mesa tiene el valor x” (o “el precio z”), significa que la mesa es valiosa, y que en ella reside un cierto valor que se expresa en el precio ¿Cómo podría expresarse lo mismo pero de manera no fetichista: ¿El valor de la mesa es la objetivación de un cierto tiempo de la vida del trabajador que reside en la mesa? Podría parecer una cuestión de palabras, pero tiene un significado económico y filosófico completamente distinto.

Hemos dicho que fetichizar es dejar de referir un término de una relación (B, el valor, o por ejemplo el hijo) al término primero que lo funda dialécticamente (A, el trabajo vivo, o el padre). Si no relaciono el hijo con el padre deja de ser hijo, porque el concepto de filiación incluye el de paternidad que le es correlativo). Sin padre no hay hijo. De la misma manera sin trabajo vivo no hay valor (porque éste es su objetivación). Pero si atribuyo el valor (y consecuentemente el precio) a la mesa y no al trabajo vivo, se trataría de un absolutizar la mesa como el sujeto del valor, y en este caso (como el hijo sin padre) el mismo valor se torna incomprensible. Esto acontece en la economía burguesa en la que el capital pasa a ser la referencia fundante y por ello se la absolutiza, se la fetichiza[48].

 

Diagrama 5

Progresiva fetichización del capital industrial, comercial y financiero

 

 

Aclaraciones al esquema 5. D: dinero originario ; T : trabajo asalariado; S: salario; Mp : medios de producción; R: renta; P: producto;  pl: plusvalor; M : mercancía;  D´1: dinero con ganancia industrial;  D2: dinero prestado a interés al comerciante;  D´2: dinero con ganancia comercial;  D´3: dinero con interés;  D4: dinero financiero que se presta a interés; flecha a: progresiva fetichización de la producción a la circulación; flecha b: progresiva fetichización del capital industrial al que rinde interés;  c: préstamo a interés; d: inversión comercial.

 

En el capital industrial el proceso progresivo de fetichización comienza por la fetichización del trabajo vivo mismo (T del diagrama 5). Hemos visto en el parágrafo 2 que el enfrentamiento originario se encuentra en el cara-a-cara del a) posesor del dinero (D del mismo diagrama, que como se ve se encuentra en el proceso de circulación, como trabajo vivo objetivado) y b) el pobre (trabajo vivo antes de comenzar a trabajar para y en el proceso de producción de lo que devendrá capital) se concreta en un contrato por el que el pobre se transforma en un trabajador asalariado. Allí comienza la fetichización, porque el pobre vende todo su trabajo vivo durante unas horas y recibe solo dinero por el tiempo de trabajo necesario para reproducir el valor de la fuerza de trabajo (que no es el trabajo vivo) como salario (S del diagrama 5).

Es aquí donde ya se comienza a producirse un mecanismo cognitivo por el que el posesor del dinero (pero igualmente el trabajo vivo o el sujeto de trabajo) cree fetichistamente que el salario paga el trabajo[49]. Como el mismo pobre, antes de ser asalariado (pauper ante festum), no sabe que es la fuente creadora del valor (y por ello del mismo dinero de su salario), se le oculta la noción misma de trabajo vivo y se le confunde con la de fuerza de trabajo. De manera que el obrero asalariado acepta el salario como el justo pago del trabajo (ignorando que creará de la nada del capital así inaugurado un plusvalor oculto a su mirada). Es así que el sujeto o trabajo vivo ya ha separa (un Trennung) en su propia subjetividad, es decir, en relación consigo mismo: siendo (A) el trabajo vivo cree que recibe justamente un salario (B) que no es sino parcialmente su propia objetivación, ya que ignora la existencia del plusvalor que el mismo crea. Ese conjunto de errores consiste en un mecanismo cognitivo encubridor por el que el mismo trabajador ignora ser la fuente creadora de todo lo que acontece en la economía (desde el dinero como vida objetivada, el valor, el salario, y además se le hace invisible la injusticia del robo del plusvalor por él creado y no retribuido. Es el inicio de todo el proceso de fetichización. Marx se propone justamente darle al trabajador conciencia, conocimiento y capacidad de luchar contra esta injusticia originaria encubierta por el fetichismo primero del trabajo vivo mismo. En el 1864 Marx como novel miembro de la Internacional muestra a los trabajadores que con el aumento del salario no se ha atacado en nada al capital como tal. El capital puede aumentar el salario y explotar al obrero en mayor media.

De allí en adelante se entiende todo. Podríamos repasar una por una las categorías en el orden lógico de la construcción teórica de Marx, descubriendo el proceso progresivo de fetichización. Y decimos progresivo porque el hecho empírico o la categoría cuanto más se aleja del trabajador concreto que está produciendo en la fábrica, más fetichizado se encuentra el fenómeno en cuestión.[50] ¿Qué relación con el trabajo vivo tiene el interés que cobra un banco a cualquier ciudadano que pide un crédito? Ninguna relación; todo el proceso del desarrollo del capital se ignora y pareciera que es el capital el que generosamente ayuda al ser humano con un crédito en un momento de necesidad? ¡El fetichismo se ha plenamente realizado! ¡Y todo esto se enseña en las más prestigiosas universidades del mundo como ciencia económica!

Hagamos un rápido recuento de ese proceso de fetichización teniendo en cuenta el diagrama 5 anteriormente expuesto.          

En efecto, el proceso de fetichización en el capital industrial parte de la fetichización del trabajo vivo mismo que se enfrenta en el proceso de trabajo del capital ya subsumido como trabajo como capital, y el pobre como trabajador asalariado[51] que se enfrenta en primer lugar con los medios de producción (la madera, los instrumentos y la tecnología para hacer una mesa) que es propiedad del capital. En este mero hecho  de su atribución al capital y no a una comunidad de sujetos humanos (el trabajo vivo) ya se fetichiza el medio de producción, porque el obrero no lo interpreta como algo producido y como objetivación de trabajo humano. La máquina enfrenta al obrero como el rosto férreo del capital y no como fruto del trabajo humano.

Fetichizados el trabajo y los medios de producción no es extraño que el producto igualmente quede fetichizado, ya que se opinará (tanto el capitalista como el obrero) que el valor del mismo lo tiene el producto en cuanto tal. Es decir, el producto (la mesa) tendría para el capitalista 10 de valor[52], 5 por los medios de producción y 5 por el salario; totalizando 10 como costo de producción del capital, que sería su valor, ignorando por completo el plusvalor.

Puesto el producto en el mercado debemos considerar la cuestión que Marx plantea al comienzo de El capital en el tomo I sobre el “fetichismo de la mercancía”. Es allí donde la “mesa se pone a bailar” como un sujeto del valor que contendría y se referiría a ella misma (y no al trabajo vivo del trabajador que la produjo). Se entiende el tema como conclusión de lo ya explicado. Esa mercancía fetichizada es vendida por dinero (ya que el precio de la mercancía es el valor medido en dinero) con ganancia (por ejemplo 3, si el ignorado plusvalor fuera 3; el valor real sería de 13). Esa ganancia la refiere el capitalista en último término siempre al capital: sea por su capacidad, ingenio, riesgo corrido, etcétera, pero nunca al trabajo vivo, porque no posee e ignora la categoría clave (de la relación de la ganancia con el trabajo vivo) que es el plusvalor. Para el capital la ganancia se logra en el mercado y es fruto del capital; para Marx el fundamento de la ganancia en el mercado se funda en el plusvalor que se logra en el proceso productivo profundo y es fruto del trabajo vivo.

Esa ganancia se acumula en el capital primitivo y deviene más-capital. Se trataría de la auto-valorización del capital, ignorando ya absolutamente al trabajo vivo que ha producido por la sucesiva acumulación del plusvalor al capital como tal. Lo contrario sería una inversión sin ganancia que es irracional para el capitalismo. Es aquí cuando se entiende porque Marx habla como semita: creatio ex nihilo; es decir, el capital se atribuye el ser “la fuente de la creación” de la ganancia (que sucesivamente acumulada en cada rotación termina por ser todo el capital existente). ¡Es pretensión de la creación de un fetiche autogenerado! Es la fetichización del capital como totalidad, en el nivel del capital productivo.

Pero este proceso creciente de fetichización aumenta aun cuando interviene el capital comercial. En efecto, el industrial al producir y poner la mercancía en el mercado (M del diagrama 5), necesita recuperar aceleradamente el dinero por la venta de ella aunque deba compartir plusvalorcon el capital comercial que efectúa otros menesteres tales como el proceso de propaganda, distribución y venta efectiva de la mercancía. Para ello entrega (vende) el industrial la mercancía al comerciante logrando ganancia, pero perdiendo parte de ella (el valor de la mercancía era hipotéticamente 13, recibe 11, y pierde 2 de plusvalor).[53] El comerciante, por su parte, frecuentemente pide créditos al capital financiero para realizar su tarea. De esta manera recibe un préstamo[54] (D2 en el diagrama 5). En principio el prestamista o el capital financiero le daría la cantidad con la que pueda comprar la mercancía al industrial (11), con lo cual el capital comercial se apropia de la mercancía industrial y la utiliza para ahora lograr un proceso que debe tener como fruto una ganancia comercial (D´2). Como puede observarse la lejanía con el trabajo vivo ejercido en el proceso productivo es mayúscula. ¿Quién puede imaginar que la ganancia comercial es originaria y totalmente la parte no pagada del humilde obrero de una fábrica en la India? El fetichismo se va consumando. La ganancia comercial es fruto de la inteligencia, creatividad, formación organizativa, etcétera del capitalista comerciante, y ya nadie se recuerda de su origen perdido en la oscuridad de una empresa productiva donde se “esquilma” (decía Marx) al obrero como a una oveja.

Pero el proceso no ha terminado, ahora entra en funciones el capital financiero, los bancos, los grandes prestamistas, los pocos millonarios que acumulan ellos solos más capital que decena de naciones. En efecto, el que dio el crédito prestó al comerciante la cantidad con la que compraría la mercancía al industrial (11), y recibirá como pago del préstamo y del interés la suma de ambos (es decir, 11 prestados más 1 de interés).

El industrial logró su ganancia industrial (1); el comerciante alcanzó su ganancia comercial (1), y lo mismo el capital financiero su interés (1). ¿De dónde procede la suma de esas ganancias (3)? Para el capital del mismo capital (la auto-valorización del capital totalmente fetichizado); para Marx son solo distribución de plusvalor (que siendo 3, logrado en el nivel productivo, se distribuyeron en los otros niveles).

El mayor escándalo y el misterio mismo del capital se revela en el momento de mayor fetichización, o en la mayor lejanía del sufrimiento del trabajo vivo que objetiva su vida y se le paga una parte del fruto de su trabajo (el que en el tiempo socialmente necesario reproduce el valor de su salario) y se le roba una gran parte (lo que crea como plusvalor en el plustiempo del plustrabajo):

En la forma de capital que devenga interés (D´3 del diagrama 5) […] el capital aparece como la fuente auto-creadora y misteriosa[55] […]. El interés aparece como el verdadero fruto del capital […]. Aquí queda consumada la figura fetichista del capital y la idea del fetiche capitalista […]. Este crecimiento del interés en el capital dinerario como si fuera una cosa […] es lo que tanto trabajo le da a Lutero en su ingenuo alboroto en contra de la usura […]. Es el Moloch[56].

Repitiendo, la abismal lejanía de esa acumulación de capital hoy, en los llamados Paraísos fiscales, muestran la importancia de describir este proceso progresivo de fetichización. Moloch es el dios fenicio que aceptaba que los ricos compraran un niño de un pobre para inmolarlo en lugar de su primogénito. Marx comunicó a Engels que la muerte de su hijo Edgard era una la víctima más de este ídolo: el capital. Era como en el texto que hemos citado de El capital un ejercicio en economía de su teología profana (cuyo objetivo era el descubrir el fetiche o el dios ignorado por sus cultores, que por otra parte contradictoriamente se muestran como creyentes, cristianos, judíos o mahometanos por ejemplo).

El antiguo tema de la ideología, como ya hemos repetido, fue reemplazado por el Marx definitivo bajo el título de la fetichización del capital, que es un mecanismo epistémico de ocultamiento de la realidad.[57] Al final, la cuestión del fetichismo o absolutización del capital que afirma hasta “científicamente” (en la ciencia económica clásica capitalista) que nada le debe el capital al trabajo vivo (es decir, al ser humano como trabajador), porque el mercado soluciona automáticamente todos las contradicciones por mecanismos auto-regulados (expresado bajo la metáfora de la intervención de la mano del dios neoestoico en A. Smith), es justamente la crítica de la teología profana de la tierra, la de todos los días de la semana (no del dios sabático de La cuestión judía), que afirma que el único dios es el capital, el nuevo dios al que se le rinde culto inmolándoseles en sacrificio (cuestión ya planteada por Marx en su juventud más temprana) a la vida humana y a toda la vida del planeta Tierra. Es el ídolo total de la muerte; una economía necrofílica que ni M. Foucault ni la intelectualidad eurocéntrica actual tiene la claridad de criticar.

 

  1. 6.    La transferencia de plusvalor del capital global nacional menos desarrollado al más desarrollado: de la “teoría de la dependencia” a la globalización

Como latinoamericano, desde finales de la década del 60 del siglo XX, interpreté la llamada “teoría de la dependencia” como una auténtica ruptura epistemológica que dio inicio a un proceso teórico de descolonización que todavía continúa.[58] Sin embargo, hubo posiciones contrarias. En el Congreso Latinoamericano de Sociología de Costa Rica (1975) se expresó lo siguiente:

Nuestra tesis es […] de que no hay ningún espacio teórico en el que puede asentarse una teoría de la dependencia marxista […] el predominio omnímodo de  la categoría dependencia sobre explotación, de la nación sobre la clase[59].

Pareciera entonces que Marx investigó solamente la relación capital/trabajo (flechas a del diagrama 6) o clase oprimida (que denominaremos relación vertical de explotación, y no la relación horizontal capital/capital (individual, por ramos de producción o por países, flecha b).

 

 

 

Diagrama 6

Tres tipos de relaciones distintas del capital: horizontales y verticales

 

                                    Capital 1                b             Capital 2

                                       Ramo 1                              Ramo 2   a

         Capital global del país 1                               Capital global del país 2

                       

                                   a1                                                           a2

 

                          Trabajo/clase 1               c                Trabajo/clase 2

 

 

 

 

 

 

Sin embargo, Marx tiene múltiples textos en los que analiza igualmente la indicada relación horizontal, como por ejemplo:

Del hecho de que la ganancia pueda estar por debajo del plusvalor […] se desprende que los países pueden intercambiar continuamente entre sí […] sin que por ello hayan de obtener ganancias iguales […], solo que en este caso ello no ocurre de la misma manera que entre el capitalista y el obrero[60].

De estas relaciones puede descubrirse además una tercera relación (flecha c) donde puede darse la explotación de una clase obrera del país más desarrollado con respecto a la clase obrera del país más pobres, si no se tiene conciencia mundial de estas relaciones.

Y para no citar más textos deseamos copiar uno que nos abre a toda la problemática de la cuestión de la relación entre países de diverso desarrollo. Dicho sea de paso algunos marxistas tradicionales creyeron que la cuestión del desarrollo era extraño a Marx, pero Marx lo trataba de otra manera que los llamados desarrollistas:

En países de diversas fases de desarrollo (Entwicklungsstufe) de la producción capitalista, y por consiguiente de diferente composición orgánica del capital, la tasa de plusvalor (…) puede ser más elevada en un país en el cual la jornada laboral normal es más breve que en otro en el cual la jornada de trabajo es más prolongada[61].

Como puede verse los capitales globales nacionales de países tienen diverso grado de desarrollo según la media de la composición orgánica del capital de cada país. ¿A dónde nos lleva estos textos? A que la cuestión de la dependencia se situaba dentro del mercado mundial y desde el horizonte de la competencia.

En efecto, el espacio teórico de la indicada teoría se sitúa dentro de una temática que Marx estaba lejos de poder abordar en detalle. Para Marx, después del tratado sobre el capital (que incluía exponer el tema de la competencia entre capitales), todavía quedaban el de la renta y el salario; solo después se trataría el problema económico nacional, la relación de las naciones dentro del mercado mundial. Marx nunca llegó a exponer ni siquiera completamente el tratado de El capital, del que publicó el tomo I, pero le faltó los tomos II y III, y como hemos indicado pensaba todavía incluir el tema de la competencia, el capital crediticio y accionario, y posteriormente atacar los cinco temas ya enunciados (desde la renta y el salario hasta el mercado mundial), pero no pudo hacerlo. Es tarea de la herencia marxista continuar la tarea dentro del mismo método y con las categorías ya expuestas por Marx. Esos es lo que sugerimos.

En efecto esa tarea es posible teniendo en cuenta lo que escribe Marx en diversos lugares sobre el tema. Veamos ahora la cuestión de la dependencia dentro de ese espíritu.

En primer lugar, se trata de un tema que debe situarse dentro del mercado mundial, que es por último el nivel concreto de la economía política. Es decir, hablar de una economía nacional es abstraer una parte de la totalidad concreta mundial. Y es dentro de ese horizonte que se puede hablar de explotación de un país sobre otro (que comenzó en el siglo XVI con el llamado colonialismo y culmina hoy con la dependencia y la organización de las llamados corporaciones trasnacionales, como veremos. Escribe Marx:

El mercado mundial [es] la sección final [de toda la investigación] en la cual la producción está puesta como totalidad al igual que cada uno de sus momentos, pero en la que al mismo tiempo todas las contradicciones se ven en proceso[62] […] El mercado se divide en home market y foreign market […]. El mercado mundial […] es el mercado interno [home market] en relación a todos los foreign markets.

En segundo lugar, la cuestión se plantea en el espacio teórico (para hablar como Agustín Cueva) de la competencia entre capitales globales nacionales. La competencia no crea valores sino que iguala precios (de capitales singulares, de ramos o de naciones). Pero esto permite una oculta transferencia de plusvalor de un capital a otro. Porque teniendo las mercancías de diversos capitales distinto valor (por ejemplo, una 6 de valor, otra 8 y la tercera 10) la media o el igual precio producido por la competencia (es decir 8) permite al capital que tiene más composición orgánica (y por ello produce con valor menor 6) reciba por transferencia plusvalor del menos desarrollado (es decir, 6+2=8, ese 2 es ganancia extraordinaria; pero el capital que produjo por 10 recibe solo 8, y transfiere 2 de plusvalor aunque podría acumular ganancia si el plusvalor alcanzado en la producción fuera, por ejemplo, 3). Es decir, “el capitalista puede vender la mercancía con ganancia aunque la venda por debajo de su valor”.[63] Y aplicado a nuestro tema es bueno citar un texto ya copiado, en aquello de que “del hecho de que la ganancia pueda estar por debajo del plusvalor […] se desprende que los países pueden intercambiar continuamente entre si […] sin que por ello hayan de obtener ganancias iguales […]”.[64] Esta conclusión no puede sacarla un economista capitalista porque no tiene categorías para explicar la cuestión. El fenómeno de la transferencia se le oculta por ignorancia, por tener solo categorías superficiales (ónticas) no profundas (ontológicas).

En tercer lugar, esa relación horizontal es otro tipo de explotación, pero explotación al final, ya que un país empobrece a otro y con ello a la totalidad de la población, en especial a la clase obrera del país cuyo promedio del capital nacional global tiene menor composición orgánica que el más desarrollado. Esto lleva frecuentemente que los obreros, por ejemplo norteamericanos o europeos, se opongan, y los juzguen como sus enemigos, a los obreros o desocupados inmigrantes de los países más pobres[65]. El “¡Proletarios del mundo uníos!” se hace hoy más difícil de ser comprensible a los obreros del Norte global.

En cuarto lugar, el capital subdesarrollado, que transfiere plusvalor (aunque obtenga ganancia), intentará recuperar ese plusvalor perdido. Habría dos soluciones: una, abocarse a aumentar la composición orgánica del propio capital entrando en la competencia por creación de nueva tecnología (que en la actualidad es la opción por ejemplo de Sud Corea o de manera masiva de la China), o, la posibilidad más simple (por la ausencia de una clase burguesa industrial corrompida como en América Latina) superexplotando a la clase trabajadora. Mauro Marino indica que esta superexplotación es la esencia de la dependencia. Pienso más bien que es la consecuencia (un efecto secundario) de la transferencia de plusvalor (esta transferencia es la causa y la esencia de la dependencia), pero permaneciendo subdesarrollado, ya que no puede competir con un capital más desarrollado.

Como conclusión, podemos observar que muchos marxistas negaron la posibilidad de una teoría de la dependencia ignorando lo que Marx había anticipado sobre ello de manera parcial, es verdad, pero habiendo tratado explícitamente el tema. Por nuestra parte hemos simplemente reconstruido y en parte desarrollado su argumentación. Es decir: la dependencia consiste en la explotación que sufre por la transferencia de plusvalor, que se sitúa en la competencia del mercado mundial, del capital global nacional menos desarrollado que se acumula en el más desarrollado como ganancia extraordinaria.

En quinto lugar, la explotación actual de la dependencia se inició de manera monopólica por el colonialismo del siglo XVI. Por el colonialismo Europa simple extrajo riqueza sin ningún tipo de compensación. Los españoles obtuvieron más de veinte mil toneladas de plata de la mina de Potosí, y justificaron por sus teólogos, filósofos y juristas el derecho a poseerla sin compensación alguna. Eso no fue ni siquiera competencia, fue brutal monopolio, y muchos modos actuales de obtener ganancia, riqueza por parte del capital global de los países más desarrollados de los menos desarrollados, continúa siendo monopólico.[66]

Además, la dependencia es un mecanismo compensatorio que permite parcialmente superar la baja tendencial de la tasa de ganancia en los capitales del Norte. Es decir, ayuda a superar la crisis que pende como una espada de Damocles sobre el capital.

Repitiendo, Marx ciertamente no desplegó, ni mucho menos, su sistema categorial hasta llegar al mercado mundial, se quedó en el comienzo de su investigación, pero por su método, las categorías definidas sistemáticamente y el sugerir continuamente temas que trataría posteriormente, permite exponer hipótesis coherentes de lo que le faltaba desarrollar en su programa de investigación.

Es importante, además, que la teoría de la dependencia permite entender la lógica de las llamadas corporaciones trasnacionales. En efecto, una trasnacional es un mega capital de un país (los más frecuente más desarrollado), que organiza en los países menos desarrollados la estructura productiva del capital con una composición orgánica (tecnológica) más desarrollada, y subsume el bajo salario medio de dichos países pobres. De esta manera (y contra el mito de la globalización), utiliza las fronteras de los Estados (para los cuerpo de los trabajadores no hay globalización, hay muros), para que en los países más pobres mantenga el salario medio más bajo. Y utiliza ese bajo salario incorporado en la creación de plusvalor con una doble finalidad. a) Contra los capitales subdesarrollados del Sur compite con ventaja por su mayor composición orgánica (ofreciendo productos a menos precio). Y b) contra los capitales nacionales de los países más desarrollados compite con ventaja por haber subsumido bajos salarios de los países pobres donde tiene sus maquiladoras. Vence así en la lucha de la competencia a) a los capitales desarrollados del Norte que tienen que afrontar el pago de mayores salarios; b) a los capitales subdesarrollados del Sur por su mejor tecnología. Es un triunfo a “dos bandas”. Marx explica perfectamente su lógica y su doble explotación oculta a todos los observadores. Es la generalización de la teoría de la dependencia.

 

  1. 7.    La filosofía implícita en la crítica de Marx a la economía política burguesa

Habiendo en su juventud elegido Marx a la filosofía como profesión, ya que rápidamente abandonó el estudio del derecho que su padre le obligó a adoptar, y fuera de su tesis doctoral que presentó en Jena, no escribió obra importante estrictamente filosófica, aunque en alguna oportunidad expresó su deseo de redactar un trabajo sobre la Lógica de Hegel. El llamado posteriormente marxismo-leninismo o el materialismo dialéctico de estilo soviético, poco tiene que ver con lo que llamaría la “filosofía implícita” presente en todas sus obras maduras, y en especial en El capital. Podemos afirmar sin duda que Marx manejaba ciertamente una filosofía siempre coherente que se dejaba ver continuamente en la precisión del uso de las categorías filosóficas que fundamentaban y ordenaban epistemológicamente su discurso crítico económico.

Nuestro camino será muy diverso al habitual, ya que tendremos muy en cuenta su tradición semita, que se articulaba con un buen conocimiento de los clásicos de la cultura occidental.  Marx dio sus primeros pasos como un lector asiduo de Hegel. Sin embargo, bien pronto y con la llamada generación del 1844 de la izquierda hegeliana, iniciará su crítica a Hegel explícitamente. Pero aunque crítico de Hegel, cuando otros lo juzgaron “un perro muerto”, él se declaró discípulo de ese gran pensador. Es decir, siguió a pie juntillas las sugerencias metodológicas de Hegel, pero distanciándose desde ese momento profundamente del propio maestro. Era entonces un continuo usar Hegel contra Hegel. Su filosofía implícita sería incomprensible (como lo expuso ontológicamente G. Lukacs) sin una lectura estricta de la obra más abstracta y oscura de Hegel: la Lógica. No son las obras más políticas o económicas de Hegel las que le influenciaron, sino en especial fue lo más filosófico del pensamiento de Hegel: su Lógica. Esto lo comprendió igualmente H. Marcuse, pero en ambos casos no descubrieron lo que sugeriremos para el debate a continuación.[67]

En este corto trabajo solo enunciamos las tesis fundamentales remitiendo al lector a mis obras indicadas al final de este artículo, que argumentan en favor de lo que expongo a partir de centenares de citas probatorias del mismo Marx, en una lectura apretada y en equipo que nos llevó casi diez años en la UNAM[68].

Marx nunca produjo una “ruptura” con Hegel que hubiera significado su abandono; muy al contrario Hegel está más presente en el viejo Marx que en el joven, contra la hipótesis de L. Althusser. Veamos un ejemplo probatorio de la cuestión.[69] La Lógica[70] de Hegel se expone en tres tratados: “La doctrina del Ser”, “La doctrina de la Esencia” y “La doctrina del Concepto”. Marx se inspira especialmente en los dos primeros tratados (del “Ser” y de la “Esencia”); el tercero es reemplazado por toda su reflexión sobre el “fetichismo” (es el “anti-concepto” hegeliano)[71]. La exposición hegeliana comienza por el “Ser”[72]; para Marx el fundamento o el inicio de la totalidad del capital es el “valor”, como movimiento ontológico se expresa como la “valorización del valor” (el Ser es la Verwertung des Wertes). La primera determinación[73] del Ser es la “cualidad”[74]; el “valor de uso” es la primera determinación, en tanto cualitativa. La segunda determinación para Hegel es la “cantidad”[75]; para Marx el “valor de cambio, es igualmente un momento cuantitativo”. La tercera determinación es la “medida”[76]; para Marx el “dinero” que es la medida de un valor equivalente general de todos los valores de otras mercancías. Marx sigue hasta ahora el contenido y el orden de las determinaciones ónticas de Hegel (aplicadas analógicamente a la economía) a pie juntillas.

La diferencia con Hegel por parte de Marx se sitúa en el modo de realizar el pasaje (Übergang) dialéctico de la “Doctrina del Ser” a la “Doctrina de la Esencia”[77]. La cuestión la expone Marx en el capítulo 2 (de 1867, después sección 2) bajo el título de “La transformación del dinero en capital”. Hemos visto que claramente Marx se inspira en la dialéctica categorial abstracta de la Lógica y la va analógicamente desarrollando en la crítica economía, pero la semejanza termina justamente en el momento de la transformación indicada, porque en ese “pasaje” del dinero al capital se produce una inversión ontológica (o mejor una superación de la ontología de la Totalidad, que deseamos denominar trans-ontológica o meta-física).[78] La cuestión la propuso F. Schelling en su curso en Berlín sobre Filosofía de la revelación iniciado el 15 de noviembre de 1841, ante la presencia de centenares de entusiastas estudiantes, entre ellos, Engels, Feuerbach, Burckhardt, Humbolt, Savigny, Bakunin, Kierkegaard y muchos otros. Marx no parece que asistió al curso, pero ha dejado constancia de estar en conocimiento de los términos de debate al nombrar a Schelling en sus obras.

¿De qué se trata la cuestión que Schelling eligió para comenzar la crítica de la filosofía de Hegel que le permitirá a Marx de distanciamiento de Hegel junto a la nueva postura de la izquierda hegeliana, y que abrirá la posibilidad de plantear las categorías más originales de El capital? Marx utilizó la crítica filosófica[79] de Schelling contra Hegel y la usó analógicamente en la crítica de la economía permitiéndole construir las dos categorías centrales de su teoría: el trabajo vivo y el plusvalor.

Aunque parezca muy lejano el tema a un lector actual, Schelling critica a Hegel exactamente en un punto (del que hemos dedicado muchas páginas en otros trabajos). Se trata de mostrar que el “Ser” (de la Lógica de Hegel) no es el origen del proceso, sino que hay un momento anterior que expone en las indicadas lecciones sobre La filosofía de la revelación. La cuestión es ciertamente muy abstracta y filosófica. La tesis central podría indicarse así:

La divinidad consiste en ser el Señor del Ser (dem Herr sein über das  Seins), y es la máxima función de la filosofía, partiendo del puro Ser (tò ón) ascender hasta el Señor del ser[80].

 

 

 

Para Schelling entonces el Ser tiene una fuente (Quelle) creadora del Ser mismo[81]. En un escrito anterior había expresado que el creador es “el Señor del Ser (Herr des Seins), noción mucho más alta y apropiada que aquella que dice que Dios es el Ser mismo (tò ón)”[82]. La revelación entonces tenía por “fuente” al creador mismo anterior a la existencia del mundo, porque la “divinidad es ya antes (vor) que el mundo (Welt), [es] el Señor del mundo (Herr der  Welt)”[83]. En la clase XIII expone:

“La divinidad consiste en ser el Señor del Ser”[84]. “”Se dice que se ha creado de la nada (aus Nichts geschaffen) algo que tiene ser desde el querer divino. La Voluntad es el ser-originario (Ursein)”[85]. “La revelación es en primer lugar una especial y auténtica fuente (Quelle) de conocimiento”[86].

 

 

 

Diagrama 7

Fuente, Ser, Fundamento, Esencia en la terminología de Marx

 

 

Fuente (Quelle) creadora                  a         Fundamento (Grund) o el ser/la esencia

(Trabajo vivo)                                        (El plusvalor que acumulado es valor que se valoriza: el     

                                                                 Ser o Esencia del capital)

 

 

 

Aclaración del diagrama 7. La flecha a es un acto de creación de la nada, no de producción ni reproducción.

 

 

 

 

 

 

Comparemos estas citas de Schelling con otra de Marx al inicio de El capital:

Nuestro poseedor de dinero tendría que ser tan afortunado como para descubrir […] una mercancía cuyo valor de uso poseyera la propiedad de ser fuente de valor (Quelle von Wert), cuyo consumo efectivo mismo, pues, fuera objetivación de trabajo, y por tanto creación de valor (Wertschöpfung)[87].

Debo confesar que al comienzo de la década del 70 del siglo XX, fui descubriendo la trascendencia de la realidad (en denominación de X. Zubiri) con respecto al ser (en el sentido heideggeriano). Después, estudiando Hegel y considerando la crítica de E. Levinas en Totalidad e Infinito. Ensayo sobre la exterioridad, situé el problema de la “provocación ética del Otro (Autrui)” como trascendental al mundo (a la Totalidad de Hegel, o del mundo heideggeriano). Enfrentando a Hegel y dando razones a los jóvenes antihegeliano descubrí que Schelling[88], como he indicado, define la trascendencia o exterioridad del “creador del Ser”. Aunque trabajé también sobre Marx en ese momento[89], en ningún caso pensé todavía aplicar directamente la posición metafísico-filosófica de Schelling a Marx. Por ello que, cuando en 1983, comencé a leer rigurosamente a Marx, encontré inesperadamente y sin nunca haberlo pensado las mismas categorías de Schelling, pero ahora aplicada a la economía. No tenía en ese momento conciencia que ni Engels, Kautsky, Lukacs o Marcuse nunca habían pensado en esa posibilidad. Era una novedad que formulamos desde esa época y que no ha sido tomada en cuenta pero tampoco nunca refutada. Veamos algunos ejemplos solamente de los Grundrisse:

“El único valor de uso, pues, que puede constituir un término opuesto al capital, es el trabajo (y precisamente el trabajo que crea valor [wertschaffende])”.[90] “[…] Él cede su fuerza creadora (schöpferische Kraft) por la capacidad de trabajo”.[91] “Lo que el tiempo de trabajo vivo produce de más no es reproducción, sino nueva creación (neue Wertschöpfung), y precisamente nueva creación de valores”.[92] “El trabajo necesario y la creación del  plustrabajo es lo característico”.[93] El capital “como no puede crear algo de la nada (nicht aus Nichts schaffen), deberá encontrar ante él sus condiciones objetivas”[94].

 

Repito. ¿Cuál no sería mi sorpresa al encontrar frecuentemente, y aún al comienzo de El capital definitivo y ante el desconocimiento de la cuestión de toda la tradición teórica del marxismo, esa misma fórmula, aunque ahora no se habla de la divinidad sino de una aplicación analógica al trabajo vivo (en lugar de la divinidad) y el Ser en general de Schelling como el Ser del capital en Marx? Si la hipótesis es verificada esto significaba que Marx inauguraba una nueva filosofía económica posthegeliana, original y a tenerse en cuenta como la filosofía “implícita” de Marx. Nada tiene que ver, como puede sospecharse, con el marxismo-leninismo de tipo soviético, con su supra e infraestructura, el ateísmo como precondición revolucionaria, el materialismo de la naturaleza y dialéctico, y otras tesis que no puedo en este corto artículo refutar pero que lo he hecho en otros trabajos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

De esta manera Marx invierte a Hegel de otra manera de lo que la tradición supuso. Si Hegel comienza todo su discurso filosófico con el Ser, Marx lo hace con el No-capital, el No-ser como la fuente creadora del mismo Ser. Se sitúa entonces no a partir de la Totalidad del Ser (o del capital), sino desde una fuente que originariamente es anterior al Ser; llámesela exterioridad, trascendentalidad ontológica, o trabajo vivo como fuente creadora del capital, que surge desde la circulación (desde el campesino medieval europeo que llega a la ciudad, o del trabajador colonial (como el indio) como un pobre (un pauper ante festum), un a priori al Ser hegeliano (el trabajo vivo). Se habría cumplido la inversión filosófica que efectuó Schelling contra Hegel, pero ahora en la economía.

 

 

Diagrama 8

El trabajo vivo (el No-ser originario) como creador del plusvalor desde la nada del capital

 

                         --------------------------------------------------------------                                                                                                             

                           2. B                   crea                                      4.  Pl

            Tv

                                  1. A reproduce             3. Vs

 

 
   

 

 

 

 

Aclaración del digrama 8. Tv: trabajo vivo; 1: Tv como fuerza de trabajo; A: tiempo socialmente necesario; Vs: valor del salario (3); 2: Tv como fuente creadora; B: la fuente creadora en el plustiempo del plustrabajo; Pl: plusvalor (4).

 

 

En el diagrama 6 se representa lo siguiente: El trabajo vivo en el tiempo socialmente necesario (1.A) reproduce[95] el valor del salario (3.Vs). Mientras que en el plustiempo del plustrabajo (2.B) no pagado por el capital (es decir, que no aporta nada, y de allí la expresión: “desde la nada del capital”; es trabajo impago, robado) el trabajo vivo (2) crea plusvalor (4) desde la nada del capital (creatio ex nihilo, se diría en latín). Esta insospechada conclusión, masiva en los textos en alemán de Marx, nos permite descubrir el centro mismo desconocido de la filosofía “implícita” de Marx.

Esto le permitirá a Marx constituir todo el sistema de categorías críticamente desarrollado, desde este momento de radical ruptura: el trabajo vivo que es la fuente creadora del plusvalor, el que creando plusvalor que se acumula en sucesivas rotaciones, termina por ser todo el capital.

Sin embargo, y es gracias a la teoría del fetichismo que se descubre lo oculto, nunca la economía política burguesa podrá comprender lo que acontece ante sus ojos. Una total ceguera impedirá descubrir el sistema crítico que Marx desarrollará paciente y coherentemente.

No fue entonces la Totalidad la categoría primera del pensamiento de Marx, como lo pensaron Lukacs, Marcuse y el mismo Martin Jay (en su obra clásica Marxismo y Totalidad). Ciertamente la Totalidad explica al capital ontológicamente como un sistema cerrado. Pero no explica el acrecentamiento permanente por el plusvalor, cuya causa (el trabajo vivo) es trascendental, o surge desde la Exterioridad del capital, desde donde el trabajo vivo crea nuevo valor que el capital no causa (sino el momento del trabajo vivo no retribuido). El trabajo vivo se sitúa a) antes de la Totalidad por provenir de la circulación y de otro sistema exterior al capitalismo (desde un trabajo vivo que no es capital antes del contrato de trabajo; históricamente desde el feudalismo o desde las culturas colonizadas). Es el trabajo vivo como pauper ante festum (todavía no-clase pero si pobre miembro de un pueblo: el colectivo de los pobres antes de ser subsumido por el capital). b) Subsumido en la Totalidad del capital, que el mismo trabajo vivo por la creación del plusvalor le da la existencia (pauper in festum, ahora el trabajo vivo es clase obrera asalariada[96], explotada y alienada por el capital). c) Expulsado del capital como desocupado, como población obrera sobrante (pauper post festum). Hay entonces en el trabajo vivo, en la subjetividad del trabajador, una trascendentalidad interna anterior y posterior al capital, pero aún en el capital la clase obrera subsumida y explotada y cada obrero guardan siempre una exterioridad o libertad desde donde podrán rebelarse contra el capital: es una hiperpotencia siempre posible de pasar a la acción, y es a la conciencia colectiva de esos oprimidos que va dirigida toda la teoría de Marx para que se levanten en un estado de rebelión ante tal injusticia.

 

 

 

 

 

Diagrama 9

El No-ser (el trabajo vivo No-capital) crea el Ser (el valor como capital) y posteriormente es subsumido o alienado como mediación del Ser

 

     

 

 

 

 

Expliquemos el diagrama 9 para resumir lo dicho. Todo el desarrollo categorial dialéctico de Marx parte del trabajo vivo (1), como el No-capital, el No-ser anterior al Ser (el capital), como la fuente (Quelle) creadora del plusvalor. Es la subjetividad del trabajador como corporalidad viviente que, desde la Exterioridad del capital (anterior a él), es el sujeto de la actividad creadora (flecha a) que pone el Ser del capital (el valor que se valoriza desde la sucesiva y continua acumulación de plusvalor) (2). Una vez que el capital, fetichizándose a los ojos del economista burgués, se pone como el Ser, es decir, como el fundamento (Grund) de todas sus operaciones internas de la Totalidad (3), subsumiendo (acción que es un “pone dentro lo que estaba afuera”: la Aufhebung hegeliana[97]) a su propia fuente creadora como una mediación en el proceso de trabajo al trabajo vivo bajo la dirección del capital. De fuente creadora es ahora un ente, una mediación, una cosa (la cosificación lukacsiana) bajo la explotación del capital (4), fundado en el valor que se valoriza (flecha b). El sujeto se ha transformado en cosa, y la cosa (el capital) en sujeto: mecanismo del fetichismo ahora como radical inversión (flecha c). El capital tiene ahora la pretensión de ser el creador de la ganancia desde su propia potencialidad: para Marx esta pretensión encubridora es una apariencia de creación de la nada, que niega (flecha d) a la real fuente creadora que es el trabajo vivo, la corporalidad del trabajador alienado.

 

 

  1. 8.    “El capital” es una ética

Deseamos presentar una última hipótesis que expusimos en La Sorbonne (Paris) en 1998 en ocasión de la celebración del 150 aniversario del Manifiesto del Partido Comunista, texto clásico dirigido a las corrientes radicales del movimiento sindicales nacientes de los trabajadores europeos. Allí tomamos, como miembro del panel final ante más de 1500 participantes de todo el mundo gracias a la invitación de Michel Löwy, el tema de este último parágrafo: “El capital es una ética”[98].

Se piensa que Marx no tuvo una intención primeramente ética en su obra cumbre, sino científica o política. Pensamos lo contrario, si es que se entiende que es ética en la comprensión práctica y teórica de Marx.

Por moral entende la totalidad de las prácticas y teorías vigentes que se llevan a cabo en una comunidad, sociedad o sistema civilizatorio. Es la normatividad positiva (Horkheimer) “aceptada por todos” ( éndoxa) cotidianamente, diría Aristóteles. De manera que Marx critica la moral burguesa frecuentemente, que justifica la propiedad privada, la herencia, el pago del trabajo con un salario justo (sin conocer la creación de valor impago), todo un sistema normativo construido en tanto en cuanto justifica la existencia y el desarrollo del capital. Esto llevó a pensar que Marx no se proponía la construcción de una moral o ética (igualando su contenido semántico) que no tenía relación con sus formulaciones científicas.

Si se explican las cosas con otras categorías la situación cambia completamente. Y esta última es mi posición. Pienso que la ética para Marx, a diferencia de la moral vigente, es la crítica de la moral a partir de principios normativos igualmente críticos. Criticar la moral vigente, dominadora y fetichizada, es decir, la moral burguesa, es efectuar un discurso normativo que denominaremos ético. La moral es positividad establecida, encubrimiento de un sistema injusto, tal como la moral esclavista partiendo de la aceptación de la esclavitud como un hecho natural, exigía cumplir sus fines con prontitud y seriedad. Por el contrario la ética, a partir de principios normativos críticos[99], puede poner en cuestión todos los principios normativos del sistema moral vigente. Si ésta pretende por ejemplo pagar un justo salario, puede refutarse dicha pretensión indicando que el trabajo vivo no tiene valor (porque es la fuente creadora del valor) y por ello es imposible que tenga un precio (valor de cambio) que se pueda pagar como un justo salario (porque es una contradicción performativa)[100].

Se trata de una ética y no de un moral. El primer principio ético formula que ningún acto puede tener pretensión de bondad si no afirma y acrecienta la vida humana personal y comunitariamente, en último término de la humanidad.[101] Ese principio está debajo de toda la teoría y práctica de Marx, y desde este principio critica al capital (que explota y subsume la vida del trabajador). Su Kritik der politische Oekonomie es toda ella una ética en cuanto es crítica (Kritik). La ética es la crítica normativa misma.

El mejor ejemplo para mostrar la intención ética de su investigación, es la diferenciación entre tasa de plusvalor y tasa de ganancia, que pareciera una cuestión puramente económica, y no es así. La tasa de explotación o tasa de plusvalor es ética para Marx y es la más importante. La tasa de plusvalor es una “tasa de explotación”, dice Marx. Explotación es un sustantivo que expresa una actitud o práctica ética; no es meramente teórica, es ética. En efecto, muestra la proporción del trabajo humano no pagado[102], robado, sustraído: es un acto injusto, contrario a los principios éticos. Pero sin la constitución teórica de la categoría plusvalor (superando el fetichismo epistemológico de la economía burguesa) es imposible descubrir el problemática ético esencial del capital.

La tasa de explotación o de plusvalor es intrínsecamente ética, ya que se calcula la relación entre el salario y el plusvalor. Si el salario es 5 y el plusvalor 3, la tasa de explotación o plusvalor es del 60%. Mientras que la tasa de ganancia es formalmente económica, ya que se calcula la proporción del plusvalor sobre la totalidad del costo de producción. Si el costo de producción es 10 (5 de medios de producción, 5 de salario, y 3 de plusvalor) la tasa de ganancia es 30%. Como puede verse la tasa de explotación o de plusvalor, que interesa a Marx desde un punto de vista antropológico, político o ético, es el doble. Esto se le oculta al obrero, al explotado, haciéndolo cree, en el mejor de los casos que se lo explota menos de lo que es real. Pero, como ni siquiera se sabe que la tasa de ganancia extraída no dice ninguna relación con la categoría de plusvalor (desconocida. ignorada, porque permanece oculta) para la ciencia económica burguesa, para el capitalista y para el mismo obrero, no se tiene ninguna conciencia ética de la perversidad cumplida, y es más, se piensa que el capital crea valor de la nada, a partir de sus propias cualidades inherentes, aunque inexistentes, y no el trabajo vivo. Por esta causa, para Marx la ciencia económica se ha fetichizado, es decir, ha separado toda la estructura práctica, su organización como totalidad y las categorías teóricas interpretativas de alguna relación con el ser humano del trabajador, del trabajo vivo, que es la fuente creadora de todo el capital. Todo se juega para la economía burguesa en el mercado, impersonal, donde las leyes de la competencia automática, auto-reguladamente rigen la economía, y el ser humano (el sujeto, el trabajador), donde la ética (que deberían  poder manejar un juicio crítico como el de la injustica o del mal en la economía) desaparecen, dejando en su lugar a una moral burguesa (una estructura práctica fetichizada) que justifica al capital y oculta sus contradicciones para que reine por doquier la buena conciencia.

Y así la acumulación de riqueza va siendo concentrada cada vez por menos manos (el famoso 1% de super-millonarios) lo que va empobreciendo, destruyendo, alienando, embruteciendo, deshumanizando a la mayoría de la humanidad (el 99% restante). ¿Hasta cuándo la humanidad soportará paciente y pacíficamente este sistema necrófilo? ¡Es una lucha entre la vida y la muerte, y Marx lo sabía muy bien al llamar al capital: “capital muerto”! ¡Era un juicio ético además de científico! La tradición ignoró la diferencia entre moral (la que justifica al capital y a la ciencia burguesa) y la ética que es la crítica misma.

 

 

Referencias[103]

 

Dussel, Enrique.1983. Praxis latinoamericana y filosofía de la liberación, cap. 10 (Sobre la juventud de Marx); cap. 11 (El fetichismo en los escritos de juventud), cap. 12 (La religión en el joven Marx), pp.159-222. Bogotá: Editorial Nueva América.

 

Dussel, Enrique.1984. Carlos Marx. Cuaderno tecnológico-histórico (1851). México: Universidad de Puebla.  

 

Dussel, Enrique.1985. La producción teórica de Marx. Un comentario a los Grundrisse. México: Siglo XXI. (con traducción brasileña y francesa).

 

Dussel, Enrique.1988. Hacia un Marx desconocido. Un comentario a los Manuscritos del 61-63. México: Siglo XXI. (con traducción inglesa).

 

Dussel, Enrique.1990. El último Marx (1863-1882) y la liberación latinoamericana. México: Siglo XXI. (con traducción italiana).

 

Dussel, Enrique.1993. Las metáforas teológicas de Marx, 3ra. Edición. México: Siglo XXI. (2017) (próxima edición inglesa).

 

Dussel, Enrique.1994. Historia de la filosofía y filosofía de la liberación, cap. 9 (Semejanzas de estructura de la Lógica de Hegel y El capital de Marx); cap. 10 (Trabajo vivo y filosofía de la liberación); cap. 11 (Las cuatro redacciones de El capital), pp. 187-222. Bogotá: Editorial Nueva América.

 

Dussel, Enrique. 2014. 16 tesis de economía política. Una interpretación filosófica. México: Siglo XXI.



[1] Véase mi obra El último Marx, caps. 9-10. Marx tenía un gran respeto por Hegel y lo seguirá teniendo y usando sus categorías hasta el fin de sus días (aunque invirtiendo su dialéctica en un aspecto que mostraremos posteriormente), contra la opinión de L. Althusser.

[2] La expulsión de la Universidad de Bonn de B. Bauer exigirá a Marx pensar en el periodismo como profesión, antes había comenzado a prepararse como teólogo.

[3] Todos los primeros textos de Marx sobre la religión se enfrentan a la interpretación de la religión en Hegel (inversión del cristianismo mesiánico primitivo, tan apreciado por Marx, Engels o Kaustky, que constituirá el fenómeno de la Cristiandad desde el siglo IV, tal como lo enuncia Kierkegaard), y no fue una crítica de la religión sin más. Siendo para Hegel la religión el fundamento del Estado, no se podía criticar al Estado sin antes criticar la religión: “El origen de toda crítica es la crítica de la religión” (tal como la entiende Hegel, es decir, una religión de dominación). Coincide Marx con el fundador del cristianismo que realizó primero una crítica de la religión del templo de Jerusalén, porque era una religión de dominación colaboracionista con el imperio romano.

[4] De una crítica de la religión del “Dios del sábado” para los judíos (o del “domingo” para los cristiano, la “teología del cielo”) pasará a criticar al dios de la semana, mundano, profano (del domingo al viernes para los judíos, la “teología de la tierra”). Será una teología que criticará a los dioses cotidianos que no pasan por ser tales: “¿Cuál es el culto mundano que el judío practica? La usura. ¿Cuál es su dios mundano [real]? El dinero” (en “La cuestión judía”; Obras completas, FCE, México, 1982, p. 485; WEB, I, p. 372). Es decir, ha cambiado el sentido de la crítica a la religión a crítica del fetichismo hasta el fin de sus días (una teología profana).

[5] Véase mi obra Las metáforas teológicas de Marx, Siglo XXI, México, 3era. edición, 2017.

[6] Véase mi trabajo “Politics in the Thinking of Marx”, en Politics of Liberation. A critical World history, SCM Press, Londres, 2011, pp.404ss. Seguimos en esto la posición de Istvan Mészáros.

[7] En “Examen de religión” (WEB, EB1, p. 600; Hugo Assmann, Karl Marx-Engels. Sobre la religión, Sígueme, Salamanca, 1974, p.41).

[8] El capital, I, cap. 1, 4; WEB, 23, p. 92.

[9] Ver mi obra citada Las metáforas teológicas de Marx. El filósofo Michel Henry describió acertadamente esta metafísica de la vida en Marx.

[10] Cuestión que los economistas aun marxistas desconocen frecuentemente. No hay que olvidar que Marx será un filósofo economista, que crea categorías en ambos campos.

[11] Es el pasaje dialéctico del Ser a la Esencia (nociones sistémicas en el pensamiento de Hegel, que Marx invertirá).

[12] Véase mi obra La producción teórica de Marx. Un comentario a los Grundrisse, Siglo XXI, México, 1985, cap.3-6, pp. 65ss.

[13] Marx habla del “capital”, pero siendo el enfrentamiento originario todavía el dinero no es capital. En textos posteriores de las sucesivas redacciones cambia “capital” por “dinero” ya que es el tema de la “transformación del dinero en capital” (y por ello no puede haber capital todavía).

[14] Esta palabra de origen latino sustituye la de origen germano de Aufhebung.

[15] Aquí Marx comete un error que corregirá en las sucesivas redacciones. No hay todavía capital sino solo dinero, por ello no puede ser un enfrentamiento entre capital-trabajo, porque estamos antes del enfrentamiento ontológico originario. Véase el tema en mi obra citada, pp. 138ss.

[16] Grundrisse III; Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 1971, I, p. 236; ed. alemana Dietz Verlag, Berlin, 1974, p. 203.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         

[17] Ibid., p. 235-236; p. 203-204.

[18] Marx nos recuerda que todavía no hay contrato ni subsunción, por lo que no hay todavía capital sino solo dinero como dinero.

[19] Ibid.

[20] Volveremos sobre el tema en el parágrafo 4 de este trabajo.

[21] Véase más adelante el diagrama 6.

[22] WEB, 29, p. 550

[23] MEW, 29, p.275.

[24] Carta del 20 de febrero de 1866 (MEW, 31, p. 183)

[25] Carta del 12 de noviembre de 1858 (MEW, 29, p. 567)

[26] “Mundo” (Welt) en sentido hegeliano también (Enciclopedia, § 132)..

[27] MEGA, II, 3, p. 333; Teoría del plusvalor, FCE, México, 1956, I, p. 33.

[28] El capital, III, cap. 18 (MEW, 25, p.324).

[29] MEGA, II, 3, p. 1473; Teorías del plusvalor, III, p. 422.

[30] Véanse mis obras sobre el tema en la bibliografía final.

[31] Véanse las referencias a las obras de Marx en mi obra 16 tesis de economía política, ya citada.

[32] Donde en la Lógica ocupa el lugar del pasaje dialéctico del Tratado del ser al Tratado de la esencia. Es decir, la transformación del Ser en Esencia. Del Ser dado se pasa al Ser como Fundamento de los fenómenos. Dicho pasaje es homogéneo: el Ser se transforma en Esencia. No así para Marx.

[33] Véase esta temática con numerosísimas cita de Marx en mi obra El último Marx, cap. 9, pp. 334-384. Esta expresión es un ejemplo categorial de la metafísica semita que Marx utilizaba.

[34] Para Hegel (y para Marx) desarrollo (el Concepto se desarrolla en Hegel hasta culminar en la Ideas) es una noción ontológica muy precisa. En su momento (parágrafo 8 de este artículo) veremos que referirse a un capital o al capital global nacional de un país más desarrollado no es un concepto burgués (como pensaron muchos marxistas latinoamericanos, entre ellos Agustín Cueva, sino que tiene un contenido epistémico preciso y marxista.

[35] Véase mi obra La producción teórica de Marx. Un comentario a los Grundrisse, caps. 7 y 8, pp. 137ss.

[36] Véase el diagrama 7, más adelante.

[37] Véase la obra de K. Pomeranz, The great divergence. China, Europe and the Making of the Modern World Economy, Princeton University Press, Princeton, 2001.

[38] Este será igualmente el argumento sobre la cuestión ecológica dentro del marxismo. Lo que destruye la vida en l tierra no es la tecnología antiecológica, sino la racionalidad de la competencia del capital que exige a cada capital, rama o nación desarrollar la tecnología aunque según el criterio del aumento de la tasa de ganancia y no como defensa de la vida en la tierra. Muchos ecologistas creen que la tecnología es el mal anti-ecológico, y no descubren que la mala tecnología anti-ecológica es el resultado de la racionalidad de la competencia que no tiene a la vida como objetivo ni fundamento sino solo al aumento del capital. El origen del mal es el capital mismo en su esencia.

[39] Teniendo Marx como referencia a Aristóteles indica que la subsunción formal articulada a la subsunción material del proceso de trabajo se concreta como la subsunción real del modo de producción capitalista.

[40] Los momento 1 a 3 constituyen parte del proceso de circulación

[41] En 4 y 5 estamos en el proceso de producción profundo propiamente dicho.

[42] El precio de producción que es el precio de costo más la ganancia media indica el precio medio de una mercancía en torno al cual se fijará la determinación del precio final mediante la entrada en función de la oferta y la demanda. Esta oferta y demanda en la teoría capitalista es la que fija el precio de la mercancía. La diferencia con Marx que para éste el valor y precio medio son anteriores al fenómeno de la oferta y la demanda, que no son negados pero que no determinan el valor de la mercancía sino solo el precio final.

[43] Obsérvese que es muy distinto el precio final de Marx al mero y único precio determinado por la sola oferta y demanda de los teóricos del capitalismo. Véase mi obra 16 tesis de economía política, tesis 6.

[44] Véase mi obra 16 tesis de economía política, tesis 5-7, pp. 65 ss.

[45] Para ampliar el concepto de marco teórico categorial véase mi obra El último Marx, cap. 10, pp. 397ss.

[46] Para mayor información leer la tesis 7 de mi obra 16 tesis de economía política.

[47] Ver el tema en el op .cit. en 10.3, pp. 405ss.

[48] Se la hace como un fetiche creado por las “manos de los hombres” y después se le rinde culto (se lo absolutiza); un dios creador de sí mismo. Hemos explicado la cuestión en toda la primera parte de la obra Las metáforas teológicas de Marx, pp. 33-116. El capital deviene el dios auto-creado por el sistema: “In God we trust”; es decir, confían en el dólar que el “dios profano” del que Marx es ateo, y muchos creyentes religiosos son también creyentes fetichistas de ese dios profano-económico.

[49] Marx repite frecuentemente que hablar del “valor del trabajo” es un concepto ficticio; es un concepto contradictorio, porque el trabajo (vivo) no tiene valor (como lo tiene la fuerza de trabajo) porque es su fuente creadora, su sustancia, su causa. El trabajo vivo tiene dignidad (que es mucho más: es Würdig),  no meramente valor de cambio.

[50] En el diagrama 5 se representa la dirección de la fetichización con las flechas (a y b).

[51] Recién ahora aparece la clase obrera, que se inició categorialmente como mero pobre.

[52] Usaremos este ejemplo numérico para una más fácil comprensión del proceso y con la sola intención pedagógica de la exposición.

[53] Todos estos temas pensaba Marx en el tomo III de El capital, y sobre los que dejó múltiples manuscritos publicados hoy en el MEGA, II. Véase toda la problemática editorial del tomo III de Marx en mi trabajo El último Marx, cap. 7, y también en otros lugares de mi obra.

[54] Y de allí la importancia del calvinismo que permitió a los cristianos darse créditos a interés, cuestión que el jesuita Molina trató igualmente en su obra sobre la moneda.

[55] Insistiremos en la significación filosófica de esta expresión: “als mysteriöse und selbstschöpferische Quelle”.

[56] El capital, III, cap. 24 (Ed. Siglo XXI, México, III/7, pp. 500-507; MEW, 25, pp. 405-410).

[57] L. Althusser y muchos marxistas tradicionales ignoraron estos aspectos centrales en el programa de investigación teórico y político de Marx.

[58] Históricamente fue Sergio Bagú con su trabajo Economía de la sociedad colonial (El Ateneo, Buenos Aires, 1949) el que criticó por primera vez de que el sistema económico colonial latinoamericano fuera feudal (como se acostumbraba a indicar), sino estrictamente capitalista, aunque mercantil y periférico.

[59] Agustín Cueva, “Problemas y perspectivas de la teoría de la dependencia”, en D. Camacho (ed.), Debates sobre la Teoría de la Dependencia, Educa, San José (CR), 1979.

[60] Grundrisse (1974), ed. al., p.755; ed. Siglo XXI, México, 1971, vol. II, p. 451.

[61] El capital, III, cap.13 (ed. Siglo XXI, III/6, p. 274; MEW, 25, p.225).

[62] Grundrisse; ed. al., p. 139; ed. cast., I, p.163.

[63] El capital, III, cap. 1 (MEW, 25, p.46; ed. Siglo XXI, vol. III/6, p. 41. Esto acontece con los capitalistas de países menos desarrollados.

[64] Grundrisse; ed. al. 755; ed. cast. Vol. 2, p. 451. Puede observarse que para Marx hay explotación de un capital sobre otro (que transfiere el plusvalor), pero no debe confundirse con la explotación fundamental del capital sobre el obrero (relación vertical), que crea el plusvalor.

[65] Argumento de D. Trump en el presente.

[66] Véase el tema en mi obra 16 tesis de economía política, tesis 10.

[67] Véase en este aspecto mi obra El ultimo Marx, cap. 8.

[68] Seminario de doctorado de la Universidad Nacional Autónoma de México de 1981 a 1991.

[69] Véase el cap. 9, “Semejanzas de estructura de la Lógica de Hegel y El capital de Marx, de mi obra Historia de la filosofía y filosofía de la liberación, 1994, pp. 187-204..

[70] Utilizaremos el texto de la Enciclopedia para citar más fácilmente por parágrafos (§).

[71] Dejaremos fuera de nuestra reflexión este tercer tratado.

[72] Enciclopedia, § 84ss.

[73] Terminología hegeliana y de Marx.

[74] Enciclopedia, § 86ss.

[75] Ibid., § 99ss.

[76] Ibid., § 107ss.

[77] Ibid., § 115ss.

[78] Para E. Levinas, filósofo e intelectual semita como Marx, lo ontológico se juega en el nivel de la Totalidad del mundo (Hegel, Heidegger, Lukacs; M. Jay); lo meta-físico trasciende la ontología y la Totalidad, y abre el ámbito que llamaremos de la Exterioridad (metáfora espacial) o trascendentalidad (denominación más precisa) más allá de la Totalidad.

[79] Que en realidad son temas de la Teodisea (el tratado filosófico sobre la divinidad en filosofía) que pueden parecer teológicas, no olvidando de todas maneras que tanto Schelling como Hegel estudiaron en el seminario luterano de Tübingen.

[80] Philosophie der Offenbarung, Suhrkamp, Frankfurt, 1977, p. 172.

[81] La discusión se situaba en el nivel teológico, que Marx conocía perfectamente como toda su generación. Esa fuente creadora es la divinidad, que para Schelling no era el Ser (como en toda la tradición medieval y moderna) sino anterior al Ser. Dios no es el Ser sino la Fuente creadora del Ser (hegeliano y tradicional).

[82] Schelling, Werke, Schroeter, Munich, 1958, V, p. 306. Véase la temática en mi obra Método para una filosofía de la liberación, Sígueme, Salamanca, 1974, pp. 116ss.

[83] Philosophie der Offenbarung, pp.183-184.

[84] Ibid., p. 172.

[85] Ibid., pp. 179-180.

[86] Einleitung in die Philosophie der Offenbarung, Werke, VI B, p. 115. Es frecuente que hable que esa instancia primera es la “fuente creadora del Ser” (schöpferische Quelle des Seins)”. La “fuente” es anterior y causa del “Ser” (el Ser es solo el “fundamento”: Grund). Schelling y Marx distingen la “fuente” (Quelle) del “Ser” (Sein), fundamento (Grund) o Esencia (Wesen).

[87] El capital, I, cap. 4 (1873); WEB, 23, p. 181; ed. Siglo XXI, México, 1975, I/1, p. 203.

[88] En Método para una filosofía de la liberación, 1974, § 17, pp. 116ss, como ya hemos indicado.

[89] Ibid., § 19, pp. 137ss.

[90] Grundrisse, ed. al. P.183; ed. cast., I, p. 213.

[91] Ibid., p. 214; I, p. 248.

[92] Ibid., p.264; I, 305.

[93] Ibid., p. 292; I, 338.

[94] Ibid.., p. 353; I, p.41

[95] Recuérdese que Marx indica expresamente que reproducir no es crear, confusión casi unánime de los traductores del alemán a las otras lenguas, con lo que se encubre esta cuestión esencial.

[96] Obsérvese que el pobre (y su colectivo pueblo) es para Marx categorial e históricamente antes que la clase.

[97] Negación del Otro, del trabajo vivo, alienándolo (haciéndolo otro que sí) en la Totalidad.

[98] Es también el tema del parágrafo 10.4 de mi obra El último Marx, y de las tesis 12-15 de mi trabajo 16 tesis de economía policía.

[99] Los hemos descrito en nuestra obra Ética de la Liberación, Ed. Trotta, Madrid, 1998.

[100] El trabajo vivo para Marx no tiene valor, tiene dignidad (que es el fundamento del valor), porque es la substancia (la causa) de todo valor.

[101] Op. cit, cap. 1 y 4.

[102] Recuérdese se extrae teniendo en cuenta el plusvalor con respecto al salario pagado. El tiempo no-pagado es un momento ético; es la esencia de la práctica burguesa: ¡un robo!

[103] Todas las obras que se citan del autor en el artículo se encuentran en su Web-page: www.enriquedussel.com/obras/libros (excluyendo 16 tesis de economía política).

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