.

.

Biohumanidades ¿Para qué?

 

 

 

Jonathan A. Vivas Herrera

Universidad Politécnica Salesiana

Ecuador

jvivas_pegasus@hotmail.com

  

 

 

Resumen: Lo concerniente a mi exposición ha sido tratado por diversos autores en distintas ocasiones desde diferentes matices. Mis reflexiones son de carácter filosófico  y  se  espera  que  puedan  ser  innovadoras  e  inspiren  a  que  más personas piensen en lo que se está viviendo con el fin de ofrecer nuevas ideas que se conviertan en conocimiento valioso para el ser humano. Al pensar en biohumanidades hay que tener presente al ser humano por encima de todo para tener una mejor comprensión de la realidad, porque el hombre jamás se habrá de reducir a objeto, y ocupará el lugar de sujeto siempre. Tal conocimiento que surja integrará todo cuanto existe, porque ha sido el mismo hombre quien ha construido y destruido su entorno; sin embargo, se piensa que en la educación se puede intervenir para que la forma de ver la realidad sea para construir o estructurarla de modo más humano.

 

Palabras clave: Biohumanidades; hombre; ser humano; educación; transdisciplinariedad.

 

 

 

 

 

*Este artículo originalmente fue publicado en nuestra primera época editorial, en Revista de Humanidades, ISSN 0719-0999, en marzo de 2014.

 

 

Citar este artículo:

 

Cita sugerida

Vivas Herrera, Jonathan A.  2016. “Biohumanidades ¿Para qué?”, Humanidades Populares 10 (17), 45-53.

 

APA

Vivas Herrera, J. A. (2016). Biohumanidades ¿Para qué?. Humanidades Populares, 10 (17), 45-53.

 

Chicago

Vivas Herrera, Jonathan A. “Biohumanidades ¿Para qué?”. Humanidades Populares 10, no. 17 (2016): 45-53.

 

MLA

Vivas Herrera, Jonathan A. “Biohumanidades ¿Para qué?”. Humanidades Populares 10.17 (2016): 45-53.

 

Harvard

Vivas Herrera, J. A. (2016) “Biohumanidades ¿Para qué?”, Humanidades Populares, 10 (17), pp. 45-53. 

 

 

 

Esta obra podrá ser distribuida y utilizada libremente en medios físicos y/o digitales. Su utilización para cualquier tipo de uso comercial queda estrictamente prohibida. CC 4.0: Internacional-Reconocimiento-No Comercial-Compartir igual.

 

 
   

 

 

 

 

 

Introducción 

El presente trabajo está orientado a quitar la venda de los ojos de muchos escépticos en el campo de la investigación científica. La ciencia debe abrirse campo hacia nuevos espacios de intervención para beneficiar al hombre en su búsqueda de un conocimiento más objetivo, esto es posible a partir de la transdisciplinariedad que, en este artículo, insta a asir las ciencias biológicas con las ciencias humanas. 

Se defiende que el hombre es  el  ser  que más inmaduro nace y en  cuanto a su conocimiento, se afirma que jamás termina de aprender. Los momentos analizados son claves para dar a entender la urgencia que existe por optar hacia las biohumanidades. Esto no es descubrir el agua tibia, simplemente es ver donde aún no se ha visto y donde tampoco se ha insistido lo suficiente. Hay mucha tela que cortar y en América Latina se requieren  nuevas  propuestas  para  lograr  cambios  tanto  a  nivel  local  como  a  nivel global. A pesar de los conflictos que existen, se debe seguir trabajando para promover el  cambio  aunque  no  se  pueda  dar  en  las  grandes  estructuras;  se  piensa  que  la educación puede ser un espacio en donde se habrá de intervenir de forma efectiva. 

Para este trabajo, tres aspectos llamaron mi atención porque permiten ver hacia dónde se pueden orientar las reflexiones e investigaciones que favorezcan el conocimiento de lo latinoamericano. En primer lugar se propone observar, la situación en la que se encuentra el hombre para favorecer una mejor comprensión de sí mismo y de la colectividad. En segundo lugar, urge comprender los nuevos espacios que serán objeto de reflexión y que si no se piensa en ello, más tarde puede traer problemas si se ha descuidado el razonamiento respectivo; estos nuevos espacios se circunscriben en el ámbito de las tecnologías. En última instancia, se hace una especulación crítica sobre la irreductibilidad del hombre por el mismo hecho de su humanidad y es que se parte de la noción de ‘ser’, luego de ‘conocer’ y por último de ‘obrar’; estos tres aspectos posibilitan la concepción del hombre como un todo integrador y ninguna ciencia habrá de ofrecer una verdad objetiva sobre sí ni tampoco en la unión de todas las ciencias. En definitiva, el ser humano es el eje central para poder pensar en una noción clara de biohumanidad.

 

Situación actual del hombre 

El siglo XVIII fue una época crucial porque se empezó a tratar el problema del hombre con más seriedad. Kant es a quien debe atribuírsele la delimitación de un campo específico para la comprensión del hombre cuando se pregunta “¿qué es el hombre? [...] y en el fondo podría considerarse todo esto como perteneciente a la antropología” (Kant, 2000: 66), de modo que surge la antropología como disciplina específica que permite ahondar en la comprensión sobre el hombre. 

Cuando se desea dar una respuesta sobre la situación que ocupa el hombre, sea en esta época u otra, inmediatamente hay que plantear la pregunta con miras a encontrar respuestas más críticas y objetivas. Este hombre se inserta en una cultura por ser un ser social,  pero  antes  que  nada   es  biológico  y  paso  a  paso,  va  construyendo  su pensamiento,  en  definitiva  su  psicología.  Este  último  aspecto  se  representa  con  lo senti-pensante,  pero  tampoco  hay  que  olvidar  la  parte  religiosa,  debido  a  que  el hombre  posee  esa  característica  de  estar  ligado  a  algo o  alguien  superior;  aquí se suprime la institucionalización de la religión. 

La  vista  debe  estar  puesta  sobre  el  hombre  de  América  Latina  y  para  llegar  a objetivar su condición en forma crítica hay que concordar las palabras de Kant: “el hecho de que el hombre pueda tener una representación de su yo lo realza infinitamente por encima de todos los demás seres que viven sobre la tierra” (Kant, 1991: 13); esto permite corroborar que es en la toma de conciencia donde se evidencia la situación por la que atraviesa el hombre latinoamericano. 

Haciendo una breve revisión en la situación actual en América Latina  se pueden considerar diversos aspectos que mueven al hombre a pensar la realidad y a sí mismo acorde con las exigencias del ambiente en que se sitúa. Considérese lo político como algo que para muchos países no ha funcionado correctamente debido a las propuestas de   gobernabilidad,   generando   situaciones   de   caos   para   el   pueblo;   con   mayor frecuencia se emplean discursos en donde se menciona que todas las decisiones realizadas por los gobernantes están orientadas a beneficiar a toda la sociedad, sin embargo siempre se hace todo lo contrario. En el campo económico sucede casi lo mismo debido a que no se puede observar claramente a dónde se destina el dinero que el Estado recibe de sus gobernados para realizar obras; realmente no hay obras. En lo cultural cada país opta por el  cambio y en sus  sistemas educativos aplican nuevos modelos que sólo a largo plazo puede evidenciarse su validez; así, también se refleja un aumento  cada  vez  mayor  de  ingreso  de  extranjeros  (occidentales  y  orientales)  a América Latina, a veces con el pretexto de que son turistas, pero al final terminan habitando en este territorio. La religión ocupa un papel cada vez menos representativo porque en un mundo globalizado la gente opta por zafarse de compromisos y buscar otros medios para complementar su espíritu. Y es que “παντα ρει και ουδένμένει”[1](Abbagnano, 1994: 17), en la realidad todo viene y va. 

En última instancia lo psicológico en el  hombre también se va moldeando en la medida que la realidad se modula, los cambios son necesarios para acceder a una mejor ‘calidad de vida’[2]que engloba a toda la sociedad. El hombre piensa, siente y sabe que debe optar por cambios que tienen cabida a partir de la transdisciplinariedad, concibiendo  la  unión  de  las  ciencias  biológicas  con  las  ciencias  humanas;  aunque parezca una tarea complicada es necesario intervenir en la realidad mediante esa intrincada relación. Los paradigmas que daban respuestas al hombre ya son obsoletos y ahora se apuesta por lo nuevo, la sociedad se complejiza y el conocimiento debe especializarse más. De esta manera, resultan las biohumanidades que posibiliten entender al hombre y rescatar lo humano que ha perdido. 

 

Necesidad de incursionar en nuevos espacios de conocimiento 

¿Cuál es el papel que juegan la razón, las emociones y la información a la hora de elegir cómo vivimos? Este es un cuestionamiento cargado de muchas más preguntas en las que el conocimiento es un factor determinante. Aquello busca no sólo entender al hombre en interacción con su medio, sino también consigo mismo. Luego al concebir al hombre como un ser bio-psico-socio-cultural, se hace hincapié en el deseo de entender el medio en que se desenvuelve a partir de investigaciones fundamentadas que se inscriban en un plano transdisciplinario. 

Informarse no es lo mismo que conocer, por consiguiente no puede tomarse a la ligera los saberes tanto formales como informales que se adquieren. Para profundizar en este razonamiento es considerable el siguiente análisis: 

Las cualidades de un niño no van a depender sólo de la genética, es necesario que haya interacciones que hagan que el niño reciba estímulos que provoquen en él una respuesta (modo de comportamiento o de acción sobre el medio), luego esta respuesta se verá reforzada, inhibida o modificada por el medio. (Piaget, 1981: 48).

 

Se perfila una comprensión amplia que solicita la intervención en la realidad a través de métodos investigativos distintos a los que se vienen utilizando. Las biohumanidades responden a dichos requerimientos porque han logrado asir las ciencias biológicas con las humanas, de modo que ya no se reduce al hombre a un objeto más que se deba investigar, sino que se humaniza la visión que se tiene de él. El hombre no es sólo biología, tampoco es cultura, mucho  menos  es  psicología o sociología, etcétera; el hombre es un ser integral que no se encuentra determinado por una determinada ciencia que pueda dar cuenta de lo que es. 

Ahora, la propuesta es considerar la colaboración de diferentes saberes para intervenir favorablemente en la realidad. La visión del hombre en cuanto a su psicología cada vez queda más dilucidada con la ayuda de la neurociencias, luego, desde una visión  más  humana,  el  resultado  de  esas  investigaciones  ocasionará  una  mejor ubicación  colectiva  e  individual  del  hombre.  Lo  cultural  queda  reflejado,  en  cierto grado, por la interacción  del  hombre con sus  semejantes, debido a que ya no hay culturas apartes o únicas, sino que ahora las costumbres se comparten, se mezclan y se genera una cultura más global. En el campo biológico se visualiza que el hombre comporta características únicas y que éstas evolucionan o se vuelven más complejas en la medida que la sociedad se desarrolla. Por último, cabe mencionar el ámbito social que influye enormemente en la formación humana de cada hombre y mujer, esta influencia  que  recibe  de  su  entorno  ha  llevado  a  realizar  progresos  en  la  ciencia biológica para dilucidar un mejor perfil de hombre en sociedad, aunque aparentemente dichas investigaciones no correspondan a todos los individuos en la sociedad. 

Las biohumanidades habrán de ofrecer un conocimiento específico y especializado que posibilite salvaguardar la integridad de todo cuanto existe. Entender la sociedad actual en la que todo funciona mediante la tecnología genera retos para la ciencia, pues el daño al ecosistema es una prueba que refleja la necesidad de cambiar la forma de actuar de los seres humanos para preservar la vida en todas sus formas posibles. En esta misma línea se defiende que “el conocimiento, cualquiera que este sea, no debe consistir en una simple repetición, sino en la estructuración y la transformación interior de la materia que el mundo exterior nos proporciona” (Cassirer, 1953: 11), desde luego que el conocimiento transdisciplinario que surja debe ser novedoso, innovador, propositivo, activo y que sea capaz de mejorar la calidad de vida de todos los seres humanos. 

El área en el que se debe actuar de forma urgente es en las nuevas tecnologías. Hay que entender las tecnologías como la aldea global y local, en donde la sociedad cambia progresivamente y más velozmente de lo que avanzaba en el pasado. La mayor parte de la población se encuentra adherida a un aparato electrónico con acceso a Internet y al mismo tiempo, esto ha ocasionado la irreflexión de las personas; se debe especificar que aquello ha sucedido en un cierto grado de la población.

 

La irreductibilidad de lo humano en las ciencias biológicas

En este tema hay que considerar tres elementos importantes para esclarecer que el hombre, a partir de que se lo concibe como un ser humano en relación con otros, no puede reducirse jamás a un ente más que se estudia y con el cual se realizan diversos experimentos; ese es un gran error y a raíz de eso han sucedido grandes catástrofes a nivel mundial. Volviendo a los tres aspectos se concibe lo que ‘es’, lo que ‘conoce’ y lo que ‘hace’.

La  primera  posición  pretende  ubicar  al  ‘ser’  en  un  lugar  superior,  es  decir,  por encima de las cosas materiales a un nivel ontológico y es que el hombre es un ‘ser’ que por tener uso de razón se diferencia de cualquier animal. En las ciencias humanas se suele indicar que “el ser humano busca interminablemente un nuevo espacio ontológico” (Aguilar, 2013:31), este nuevo espacio sólo se hace accesible por medio de la  inteligencia,  puesto que  ésta  “llega  a  las  cosas  mismas  como  son  y se  conocen generándose así la ‘verdad ontológica’, mientras que la razón relaciona correctamente las ideas para conocer la ‘verdad lógica’” (Saavedra, 2005: 22). Entonces, el hombre es un ‘ser’, pero se vuelve humano a partir de la educación y para que se pueda educar es necesario ofrecer una comprensión más acertada sobre el qué del hombre puesto que “sin alguna que otra imagen de hombre no se ejercita el acto educante” (Fullat, 1987: 28); esto  sugiere optar por la integración de  diversas ciencias para  perfeccionar la visión que se tiene del hombre con respecto de su humanidad. 

El  hombre  latinoamericano  es  diferente,  busca  emprender  cosas  nuevas  para mejorar el progreso en beneficio de todas las personas. Su reflexión se orienta a pensarse a sí mismo en relación con los demás, no es egoísta, sin embargo, la situación en donde se desenvuelve es conflictiva, por lo tanto sabe que no se encuentra solo y desea unificar su forma de conocer la realidad en conjunto con el otro. No es humano si trata de destruir a los demás, si piensa utilitariamente, incluso si hace uso de los demás para lograr objetivos egoístas. En América Latina se piensa distinto y también se hace ciencia a diferencia del hombre de occidente y de oriente, porque la situación actual exige propuestas de cambio, innovadoras, de carácter científico y por esa razón se apuesta  por  la  transdisciplinariedad.  Hay  que  trabajar  en  conjunto  con  lo  demás saberes para promover cambios en la realidad que beneficien al individuo y a la colectividad. 

En la segunda postura impera la necesidad de prepararse para lo inesperado puesto que nadie sabe lo que sucederá a futuro; éste se vuelve incierto y, por lo tanto, el conocimiento debe ser más especializado, ya no se pretende una parcialización del mismo con miras a entender al hombre en forma subjetiva, puesto que aún en el deseo de entender al hombre cada ciencia no puede ofrecer una verdad objetiva. Si se ofrece una verdad, jamás va a ser absoluta porque incluso si se unen todas las ciencias, es imposible dar un criterio de verdad absoluta para el hombre. Se está optando por una evaluación continua de los conocimientos que se tengan a la carta y es que “la persona humana es el ‘eje central’ de toda la educación” (Saavedra, 2006, 175); luego, si  el hombre es el valor central, se sigue que todo conocimiento debe estar orientado a la humanización del hombre y a una preparación de sí mismo para estar atento hacia lo inesperado mediante una actitud expectante y propositiva que le permita actuar, es este el conocimiento que posibilita el progreso. 

En última instancia se encuentra el aspecto ético en el que se propician los actos humanos, el obrar de cada hombre. El modo de proceder de las ciencias biológicas y las ciencias humanas habrán de tener en cuenta, en especial estas últimas, que a ambas sólo se les hace posible “describir de forma simple el ‘hecho humano’, pero no pueden asumir el ‘acto humano’, porque el acto humano está impregnado de la libertad y la libertad es novedad que no se reduce a experimento” (Saavedra, 2006: 21). Se trata de encontrar la unidad en la diversidad, ya que podría interpretarse que no existe la parte ética del hombre y que todas sus acciones están sujetas a actos sin sentido o en todo caso todas sus acciones son individualistas, debido a la reducción existencial que se hace del hombre a través del lenguaje.

La manera en que actúe el ser humano siempre dejará entrever que “entre los seres vivos, el hombre es el que nace más inmaduro” (Fullat, 1987: 52), eso significa que todos los esfuerzos en miras de promover el cambio en América Latina, aún no se han desgastado, antes bien, las energías están puestas hacia la reflexión de forma inteligente para que los gobernantes cambien su visión de gobernabilidad. Tal vez sea una tarea necia, pero es en la educación en donde habrá de intervenirse para que, lo defendido hasta ahora, sea una realidad. 

 

De manera conclusiva

Se piensa que la educación favorece en gran medida la estructuración de lo humano en el hombre y la conjunción de las ciencias en las biohumanidades ha de permitir una puesta en práctica de nuevas propuestas innovadoras para forjar formas innovadoras de  concebir  la  realidad  para  responder  a  situaciones  concretas  y poder cambiar la realidad en beneficio de la colectividad.

No se pueden menospreciar los conocimientos que cada ciencia particular ofrece, antes bien, hay que evaluar o someter a un criterio de validez la utilidad actual de dichas investigaciones sobre el hombre. El objetivo es humanizar los nuevos conocimientos que son el resultado de las investigaciones de muchos científicos, así como las reflexiones de varios hombres que piensan no sólo en el individuo, sino en la sociedad en general. 

América Latina urge de un conocimiento sobre la realidad del hombre para poder ofrecer vías de solución a los problemas que se están viviendo. Las ciencias tienen que estar al servicio del hombre para construir y no destruir, por consiguiente, todas las investigaciones y reflexiones nuevas que surjan, deben servir para humanizar a toda la sociedad y que cada hombre sea concebido como persona. Esta concepción va a permitir no sólo pensar en la integralidad del ser humano en cuanto a los derechos que posee, sino también tener conocimiento sobre máximas universales que, según Kant, no se pueden pasar por alto.

 

 

 

Referencias

 

Abbagnano, Nicolás (1994), Historia de la Filosofía, vol. 1, Barcelona, Hoara.

 

Aguilar,  Floralba  (2013),  Apuntes   de  Clase  de  Filosofía   de   la  Educación,  Quito, Universidad Politécnica Salesiana.

 

Cassirer, Ernst  (1953), El  problema  del  conocimiento  I.  El  renacer  del  problema  del conocimiento, el descubrimiento del concepto de naturaleza, México, Fondo de Cultura Económica.

 

Fullat, Octavi (1987), “El educando y la Biología”, en Educar, núm.12, mayo, pp. 27-56.

 

Kant, Immanuel (1991), Antropología en Sentido Pragmático, Madrid, Alianza Editorial.

 

Kant, Immanuel (2000), Lógica: Acompañada de una selección de reflexiones del legado de Kant, Madrid, Akal.

 

 Piaget, Jean (1981), Monografía de infancia y aprendizaje, Madrid, Alianza.

 

Saavedra, Alejandro (2005), Formación de la Conciencia en Valores: Desafíos, crisis y propuesta, Lima, Sociedad Internacional Thomas Aquinas.

 

Saavedra, Alejandro (2006), “Las ciencias humanas y la filosofía de la educación”, en

Sophia, núm. 1, junio, pp. 18-43.

 

Saavedra, Alejandro (2006), Nueva Educación: Humanización, globalización, interculturalidad, postmodernidad, medios de comunicación, Quito, Abya-Yala.



[1] Todo fluye, nada permanece.

[2] En la gran mayoría de casos estas palabras son relativas y evocan una especie de utopía que sólo puede ‘ser’ en los discursos.

Cuadernos de Descolonización y Liberación es la revista oficial de la Asociación de Filosofía y Liberación (AFyL). Esta publicación es continuidad de Humanidades Populares ISSN 0719-9465, publicación seriada editada desde el año 2011 por su grupo fundador Academia Latinoamericana de Humanidades bajo el nombre de Revista de Humanidades ISSN 0719-0999. Cuadernos es publicada y coordinada en la ciudad de Concepción, Chile, por la Corriente nuestrAmérica desde Abajo. La revista es coordinada conjuntamente desde las ciudades de Concepción, Chile, y Ciudad de Méxcio, México. Cuadernos de Descolonización y Liberación adhiere al acuerdo de políticas mínimas comunes de Deycrit-Sur. Esta publicación adhiere a las políticas de acceso abierto y no cobra ningún tipo de costo por procesamiento de contenidos. Todo lo aquí publicado se realiza exclusivamente bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Para más informaciones comuníquese a través del correo cuadernosafyl@humanidadespopulares.cl