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Autoritarismo y el ME-1976

 

 

 

Marco Antonio Romero García

Universidad Autónoma del Estado de México

México

marcoromero2706@gmail.com  

 

 

Resumen: Esta ponencia forma parte de un estudio más amplio, el cual pretende demostrar que el ME-1976 democratizó las relaciones de poder en la UAEM. Antes de llegar a la comprobación de esta hipótesis necesitaba saber si el ME-1976  pretendía modificar unas relaciones de poder autoritarias existentes en la UAEM o si estas ya existían y las demandas democratizadoras fueron verborrea retórica de una minoría que pretendía acceder al poder. Después del tratamiento de las fuentes me encontré con que en la legislación la máxima autoridad era el Consejo Universitario. No obstante, en la realidad el rector contaba con numerosas atribuciones legales y extralegales, las cuales le permitían una tremenda concentración del poder y que ningún poder podía limitarlo a excepción del gobernador del Estado. El gobernador designaba a próximo rector, a pesar de estar prohibido por la legislación. Finalmente, existió represión de baja intensidad durante todo el ME-1976. Esto me permitió concluir que efectivamente existía un régimen autoritario, el cual podía ser cambiado por otro democrático.

 

Palabras clave: Poder; autoritarismo; democracia; movimiento estudiantil.

 

 

 

 

 

*Este artículo originalmente fue publicado en nuestra primera época editorial, en Memorias Periféricas, ISSN 0719-1367, septiembre de 2013.

 

 

Citar este artículo:

 

Cita sugerida

Romero García, Marco Antonio.  2016. “Autoritarismo y el ME-1976”, Humanidades Populares 8 (12), 23-38.

 

APA

Romero García, M. A. (2016). Autoritarismo y el ME-1976. Humanidades Populares, 8 (12), 23-38.

 

Chicago

Romero García, Marco Antonio. “Autoritarismo y el ME-1976”. Humanidades Populares 8, no. 12 (2016): 23-38.

 

MLA

Romero García, Marco Antonio. “Autoritarismo y el ME-1976”. Humanidades Populares 8. 12 (2016): 23-38.

 

Harvard

Romero García, M. A. (2016) “Autoritarismo y el ME-1976”, Humanidades Populares, 8 (12), pp. 23-38. 

 

 

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El objetivo de esta ponencia es describir cómo se manifestó el autoritarismo antes y durante el Movimiento Estudiantil de 1976 (ME-1976)  en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) . Para ello tomé como fuentes una serie de entrevistas hechas a algunos participantes del ME-1976 publicadas en el periódico local El Manifiesto, la legislación universitaria y, finalmente, fuentes bibliográficas. De estas tres fuentes extraje los testimonios que se relacionaban con tres manifestaciones del autoritarismo, las cuales establecí a partir de la definición del mismo. Estas son inexistencia de la limitación del poder máximo, represión a la oposición política y acceso al poder de las autoridades por imposición o coacción. Los resultados: 1) concentración autoritaria del poder en la figura del rector, 2) designación de rector por parte del gobernador del Estado y 3) represión a los estudiantes pertenecientes al ME-1976. El primero y segundo corresponden a dos momentos antes y durante el ME-1976; el tercero, solo durante el ME-1976.

Esta ponencia forma parte de un estudio más amplio, el cual pretende demostrar que el ME1976 democratizó las relaciones de poder en la UAEM. Esta pequeña parte, en función del objetivo más amplio, es relevante por dos razones: 1) me ayudó a esclarecer si el ME-1976  pretendía democratizar unas relaciones autoritarias o so pretexto de democratizar solo pretendían acceder al poder, es decir si la democracia se usaba como un mero recurso retorico; 2) antes de demostrar que la UAEM pasó de un régimen autoritario a uno democrático, como lo pretendo hacer en el estudio más amplio, primero debía identificar qué aspectos autoritarios existían para después poder demostrar que se trasformaron o en su defecto siguieron igual.

 

Concepto de autoritarismo

Existen tres criterios para enunciar un buen concepto. Primero, un concepto debe ser utilizado siempre y cuando no exista otro que pueda definir lo que se trata de enunciar (Villoro; 2007: 23). Segundo, la alteración de un concepto implica la modificación de otros relacionados con él, lo que Sartori denomina campo semántico: “las palabras (y los conceptos que evocan) no son entidades aisladas; permanecen en campos semánticos compuestos de conjuntos de términos próximos y asociados” (Sartori; 1988: 327). Tercero, deben ser lo más simples y precisos en su conformación. El concepto de autoritarismo forma parte del campo semántico del poder, el cual se componen en primera instancia de dos conceptos: democracia y autoritarismo, de estos se derivan otros que a su vez se relacionan con otros más. Para evitar salirme del objetivo de este trabajo me limitare a describir solo los conceptos estrictamente necesarios para esta ponencia. Intentaré ser lo más simple y preciso para cumplir el tercer requisito de un buen concepto.

El autoritarismo es un sistema político, entendido este como una colectividad organizada políticamente (Lizcano, 2003; 54), en donde el poder máximo de la colectividad no tiene limitado su poder, el acceso al poder se da mediante designación, herencia o coacción de los votantes y la manifestación disidente a las autoridades es reprimida. Esta definición parte de dos presupuestos 1) todo ser humano es un ser social y por ello está destinado a relacionarse con otros seres humanos y formar, en consecuencia, colectividades 2) en todas las colectividades humanas se manifiesta el poder entendido como la capacidad de una persona o conjunto de personas para determinar la conducta de otras (Lizcano, 2003; 27), independientemente de los medios utilizados para ello.

Ahora, esa capacidad se puede manifestar de dos formas; primero, los que detentan el poder lo concentran todo, su poder no tiene límites o segundo, está fragmentado y, por tanto, su poder está limitado. Cuando el poder de las autoridadesestá limitado se dice que es democrático, cuando no está limitado, autoritario. Por tanto, la relación de estos conceptos es de oposición. Si se dejara a los conceptos definidos solo como formas fragmentadas o concentradas del ejercicio del poder serían muy ambiguos e inoperantes, puesto que no servirían para identificar históricamente cuando una colectividad es democracia y cuando autoritaria, se necesita delimitar criterios que le permitan reducir la ambigüedad del concepto y agudice su poder analítico.

Esa es la función que cumplen las tres característica enunciados del autoritarismo, por tanto, cuando se afirme que una colectividad cualquiera es autoritaria debe cumplir, por lo menos, con los tres criterios ya enunciados. Dado que la relación entre el autoritarismo y la democracia es de oposición se debe decir que una colectividad es democrática en caso de que: 1) la autoridad máxima, cuando no es una asamblea, está limitada por otros poderes; 2) el acceso al poder de las autoridades se da mediante procesos libres y consensados por toda la comunidad política y 3) los actores disidentes de las autoridades pueden manifestarse libremente.

Estos tres criterios garantizan; en primer lugar, que el poder sea fragmentado entre toda la colectividad; en segundo, que se diferencie con claridad el autoritarismo de la democracia; en tercer lugar, se enuncien las condiciones mínimas en las que un sistema político es democrático o autoritario, cumpliendo, así, con el criterio simplicidad enunciado líneas antes y en cuarto lugar, que sean útiles esto conceptos, ya que no existe otro concepto o conceptos que logre enunciar lo que autoritarismo y la democracia pretenden. Permítaseme, para terminar este apartado, abundar en lo que quiero decir con condiciones mínimas que cumplen el criterio de simplicidad. Autores reconocidos, mencionaré solo dos a manera de ejemplo, afirman que existen más de tres criterios para que un sistema político pueda ser considerado democrático y la ausencia de ellos conduciría a señalarlos como autoritario.

Bobbio en su diccionario de política señala siete: 1) el máximo órgano legislativo debe ser electo por la totalidad del colectivo, 2) a la par de este poder legislativo debe existir otros 3) los electores de las autoridades deben ser todos los que hayan alcanzado la mayoría de edad, 4) el valor de los electores deber de ser del mismo valor, 5) el voto debe ser libre de cualquier coacción, 6) debe de haber más de un candidato al cargo y 7) ninguna decisión de la mayoría debe afectar a las minorías (Bobbio; 2002: 441-453) . Robert Dahl, habla de ocho requisitos: 1) libertad de asociación, 2) libertad de expresión, 3) libertad del voto, 4) la capacidad de ser votado, 5) libre competencia entre los líderes políticos, 6) diversidad en las fuentes de información, 7) elecciones libres e imparciales e 8) instituciones que garanticen que la política del gobierno dependa del voto de los electores y otras formas de expresar la preferencia (Dahl; 1989: 15). No obstante, ninguno deja de enunciar criterios que no correspondan con alguno de los tres ya enunciados, en este caso de la democracia. De limitación del poder máximo habla el primer y segundo criterio de Bobbio y de Dahl el octavo. De elecciones libres y consensadas hablan los criterios tercero, cuarto, quinto y sexto de Bobbio y tercero, cuarto y séptimo de Dahl. Finalmente, de libertad de la oposición hablan el séptimo criterio de Bobbio y el primero, segundo, quinto y sexto de Dahl. La simplicidad implica, entonces, llevar al concepto a su expresión más reducida, la cual, sin problema, podrá fragmentarse en aspectos cada vez más concretos. Esclarecidos los aspectos conceptuales pasemos al análisis de la realidad.

 

La autoridad máxima de la UAEM

En la UAEM legalmente existía un régimen democrático. La autoridad del rector estaba limitada por el Consejo Universitario, la UAEM se reconocía como autónoma y las libertades civiles eran respetadas. Pero un estudio más profundo demuestra todo lo contrario. La comprobación del primerpunto, el relativo a la concentración autoritaria del poder del rector, debe empezara responderse desde la legislación. Legalmente existía una deficiente limitación del poder del rector, la cual implicaba; primero, que concentraba muchas atribuciones y segundo esto le posibilitaba ejercer el poder autoritariamente sin necesidad de violentar la ley. El rector, de acuerdo con la legislación, no era la autoridad máxima, el Consejo Universitario sí y ante este respondía el rector. No obstante, la propia legislación por el hecho de ser rector lo colocaba como máxima autoridad dentro del Consejo Universitario. Consejo que estaba integrado por consejeros ex-ofico y electos. Los primero eran el rector, los directores de escuelas, facultades y centros de investigación o difusión; los electos, profesores y alumnos.

El rector obtenía, por el solo hecho de serlo, la presidencia de Consejo y las siguientes atribuciones, de acuerdo con el Reglamento General de la UAEM de 1965: derecho de veto de las iniciativas de Consejo (art. 38), era presidente ex-oficio de las comisiones permanentes y especiales ( art. 53), gozaba del voto de calidad en caso de empate en alguna decisión (art. 25). Fuera del Consejo tenía las siguientes atribuciones como rector: hacer las designaciones, remociones o cambios de autoridades no reservado a otras autoridades; tener la dirección general de gobierno de la Universidad en materias no reservadas al Consejo Universitario y ser el conducto necesario entre el Consejo Universitario y las restantes autoridades universitarias (artículo 53). Además, los directores de las escuelas, facultades y centros de investigación y difusión estaban subordinados exclusivamente a la autoridad del rector (art.80), el nombramiento de los secretarios de las dependenciaslo debía aprobar el rector (art. 76) e incluso el rector podía presidir las jutas generales de profesores si le parecía (art. 76) . Finalmente, la propio Reglamento de esa época lo reconocía como “el jefe nato de la universidad” (art. 51). La combinación de atribuciones dentro y fuera del Consejo Universitaria convertía al rector en una figura sumamente poderosa e influyente.

De hecho, si revisamos bien, quienes podían realmente conformarse como una verdadera oposición solo eran los alumnos. Esto por dos razones. La primera, dentro del Consejo Universitario los únicos miembros no subordinados en alguna forma a las órdenes del rector eran los alumnos y los profesores electos. Los miembros ex-oficio (directores de escuelas, facultades, centros de difusión o investigación) estaban subordinados externamente (fuera del Consejo) a la autoridad del rector, esto los hacía muy susceptibles a la cooptación. Solo contemplado a los miembros ex-oficio se obtiene una mayoría simple dentro del Consejo Universitario, lo suficiente para aprobar la mayoría de los asuntos, los de rutina. En segundo lugar, porque los consejeros maestros también eran susceptibles de cooptación, ya que no existía dentro de los organismos académicos una autoridad que limitara el poder a los directores, ni siquiera un sindicato. Lo anterior tenía como consecuencia la subordinación total de los maestros hacía el director e indirectamente, si el director era cooptado (como lo sugieren documentos de la época), al rector. Dentro del Consejo Universitario, por tanto, solo los consejeros alumnos podían estar alejados de la influencia del rector. La Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), en ese sentido, tenía un papel fundamental el de procurar esa distancia entre los consejeros alumnos y el poder del rector.

La deficiente limitación del poder del rector no es razón suficiente ni necesaria para considerar esa concentración como autoritaria en la realidad, siempre y cuando ese poder fuese limitado por el Consejo Universitario. Por ellos pongo a consideración del lector las siguientes evidencias, que a mi parecer, en su conjunto hacen mover la balanza más allá de la duda razonable. Pudiéndose afirmar, en consecuencia, la existencia de una concentración autoritaria del poder en la figura del rector. Primero, la autonomía de la FEU frente a las autoridades universitarias era nula, esto porque existen declaraciones que así lo confirman. Lo interesante es que no solo son declaraciones de organizaciones estudiantiles disidentes a la FEU, ante todo dudosa por pertenecer a la oposición, las acusaciones provienen, en primer lugar, del expresidente de la FEU, el cual afirma […] “algunos líderes aprovechaban el cargo para su beneficio personal […] incluso estaban a favor de las autoridades universitarias y […] gubernamentales que era lo más delicado porque era la violación fragrante de la autonomía universitaria” (García; 2001: 10).

Por otra parte, Jorge Álvarez Herrera declaró en una de las entrevistas que quien apoyó al Rector Barrera Legorrata en 1977 para romperla huelga en Medicina fue, precisamente, el presidente de la FEU: “El que manejó la camioneta [y la estrellaría contra la entrada de la Facultad] fue su chofer [del Rector] a quien le decían El Camello, atrás iban Rafael (Antonio) Huicochea [presidente de la FEU, las cursivas son mías], Pepe Ambia, Pepe Neyra, Pepín González” (Álvarez; 2001: 6). El testimonio es muy importante en virtud de que pertenece al secretario general de la UAEM de aquel entonces, incondicional del Rector, depuesto, además, de su cargo cuando renunció Barrara Legorreta. En lugar de apoyar a los estudiantes o de menos promover el diálogo entre las partes, el presidente de la FEU participó en una de las acciones, de todas las acontecidas durante el ME-1976 , con más violencia. Teniendo esto en cuenta es muy difícil imaginar la autonomía de la FEU frente a las autoridades universitarias y la de los propios alumnos consejeros. Es más difícil imaginarse la autonomía de los consejeros alumnos si se toma en consideración uno de los requisitos que debían cumplir los alumnos para acceder a ese cargo. Ellos debían de ser exclusivamente alumnos del último año de estudios, condición que los hacía muy vulnerables a la cooptación, piénsese en un alumno con un pie fuera de la universidad, sin duda una “ayuda” para conseguir un puesto de trabajo en la UAEM sería bastante afortunada. El chantaje, por otro lado, también, podía ser más efectivo con alumnos a punto de salir.

Otra razón tiene que ver con las condiciones reales de subordinación en las que se encontraban los maestros de esa época. Por un lado, ya se dijo, no había autoridad que limitara el poder del director en los organismos académicos. Por otro, existen testimonios que señalan el ejercicio autoritario de los directores y en general de las autoridades universitarias:

No había, por ejemplo, ni vacaciones ni aguinaldo. Esta compensación anual se repartía sólo entre algunos trabajadores y su monto era absolutamente arbitrario. No había una adscripción definida pues todo era voluntad del rector. Muchos trabajadores laboraban en las residencias de los funcionarios de la Universidad e, incluso, de funcionarios de gobierno […] De manera particular, entre secretarias y empleados administrativos […] un sueldo malo o bueno dependía de sus relaciones y su apariencia; obviamente, la mayor presión era para las secretarias. Es decir, se propiciaba la corrupción tanto por las condiciones de trabajo como por las relaciones laborales impuestas (Sáenz y Osorio; 2001: 12).

 

La cita aquí expuesta pertenece a un trabajo periodístico hecho en 1999 (Sáenz y Osorio; 2001: 6), así que sus realizadores pueden considerarse con un nivel de objetividad aceptable. Por otro lado, la intención original de los autores era exponer las malas condiciones laborales y sin desearlo confirmaron, también, las prácticas autoritarias de los funcionarios universitarios. Correa complementa esto afirmando: “Con mucha frecuencia el Consejo Universitario daba un voto de confianza y amplias facultades a los directores de escuelas y facultades para contratar personal” (Correa; 1987: 41). En el documento en el cual se anuncia la creación del CCH, también, denuncian actos de “amiguismo” y “compadrazgo” dentro de los órganos administrativos y docentes, así como la utilización, por parte de las autoridades, del patrimonio universitario para fines personales (Arteaga; 2010: 207).

Desde otra perspectiva, el testimonio de Eusebio Cárdenas, director de la Facultad de Ingeniería durante el movimiento también confirma este hecho. Él declaró: “La universidad venía de un esquema muy paternalista, incluso la forma del químico Barrera, como rector, era esa. A ver les voy a dar o no les voy a dar, el rector se creía el dispensador de bienes y de posibilidades, pero de manera central” (Cárdenas; 2001: 7) . El testimonio de Cárdenas contrasta con un punto importante el presupuesto universitario. Se supone, el presupuesto universitario era administrado por el rector (art. 121 de del Reglamento de 1965); pero el Patronato Universitario tenía una importante participación en la aprobación y vigilancia, implicando ello una limitación del poder del rector, que me llevaba incluso a presuponer falta de autonomía, el testimonio de Cárdenas señala lo contrario y parece tener razón. Guadarrama López, tesista de la licenciatura de administración de empresas, en 1970 hablaba ya del Patronato como una organización de ornato, el cual no tenía el papel activo que debía en la administración de los recursos universitarios (Guadarrama; 1970: 265-267) . Por último habría que recordarle al lector que todos estos acontecimientos sucedieron en una época donde el autoritarismo era más habitual que la democracia, esa era la política de partido hegemónico, esa era la estrategia política de la guerra fría. De hecho, la intromisión de agentes conspiradores contra el gobierno del Estado es uno de los argumentos con los que, las autoridades, buscan excusar su comportamiento (Álvarez; 2001: 8) (Yurrieta;  2001: 9).

 

El ejecutivo estatal y la UAEM

La dependencia del rector hacia el poder ejecutivo estatal se comprueba, exclusivamente, con base en testimonios de exautoridades universitarias. Habrá que tomar en cuenta, en principio, las cita ya mencionada de García Salgado, en ellas se adelantaba la carencia de autonomía en la UAEM, pues explicó como la dependencia de la FEU a las autoridades gubernamentales provocó la violación de la autonomía universitaria (García; 2001: 10). En ese sentido, Raúl Zarate Machuca (exsecretario general de la UAEM) explicó como el gobernador Carlos Hank González tenía la última palabra respecto a la elección del rector: […] las compañeras [de enfermería] me habían pedido que fuera el rector, los muchachos y muchos maestros y personal administrativo insistían en lo mismo. El profesor Hank, como gobernador, piensa que no sería conveniente que rompiéramos ciertas situaciones sociales que existían y que el rector sería Barrera Legorreta” (Zarate; 2002: 9).

José Yurrieta Valdés, autoridad de alta jerarquía en la UAEM en ese entonces, y complementó sin contradicción el mismo episodio desde un ángulo distinto: “Le dije al profesor [Hank González]: No creo que Barrera sea la persona adecuada, él no conoce la problemática de la Universidad […] Y me respondió con la famosa frase: Es que no quiero al mejor sino al menos malo”( Yurrieta; 2001: 9). Este mismo personaje después de mencionar la existencia de dos grupos uno que estaba a favor de Zarate Machuca y otro en contra abundó acerca de la autonomía lo siguiente: “Por ello se recurrió a la opinión del gobernador del estado. Ya sabemos que la universidad es autónoma administrativa y académicamente, pero de ningún modo en lo económico; entonces se aplicó la viejísima tesis del que paga manda” (Yurrieta; 2001: 9). Álvarez Herrera a pesar de ser el némesis declarado de los anteriores entrevistados (basta con dar un ligero vistazo a las entrevistas) coincide con sus puntos de vista respecto a la forma en que se acede al cargo de rector. Cuando se le preguntó acerca de sus aspiraciones a la rectoría él contesto:

Varias veces Mercado me dijo que me lanzara, pero aunque lo estimaba mucho y me debía la posición (de rector) le tenía cierta deferencia porque jamás me llevó ante (el gobernador, Jorge) Jiménez Cantú para que él mismo me dijera que yo era (el elegido a ese cargo). “Esa situación la hablé con Alfredo del Mazo, que estaba en campaña a la gubernatura, pero Jiménez Cantú, quien estaba en el Poder, no me daba color, entonces le decía a Mercado: “Sí voy, siempre y cuando tenga la bendición”. ¿Por qué? porque el gobernador pone al rector, por la sencilla razón de representar los intereses que se dan a través de los subsidios, la autonomía universitaria es de cátedra, no económica (Álvarez; 2001: 6).

 

Las tres exautoridades entrevistadas aportaron, cada una, un dato más acerca de la relación del rector y el jefe del ejecutivo estatal. Zarate machuca:

Como a los tres meses [de la elección de Barrera como rector], el maestro Hank me invita como su asesor, el químico [Barrera Legorreta] empieza tener problemas en la Universidad, en las preparatorias. Me echa la culpa de que estoy agitando a la Universidad para tirarlo”. “En una entrevista con el gobernador, molesto nos dice: “Resuelvan sus problemas”. Y le digo al químico, usted es un chillón, basta ya, no se esté amparando ante los pantalones del gobernador, resuelva los problemas como debe de ser, dentro de la Universidad (Zárate; 2002: 9).

 

Álvarez Herrera días antes de la elección, le da su opinión al Rector Jesús Barrera acerca de su reelección: “Le contesté, cuidado, Jesús, porque aquí nos caemos. Le hice la advertencia porque los jóvenes ya no aceptaban que fuera puesto el rector por dedazo, aunque fuera disfrazado, porque la universidad se dice que es autónoma y no tiene nada de autonomía” (Álvarez; 2001: 11). Por su parte, Yurrieta Valdés, afirmó que el Rector Barrera fue reelecto […] “porque de alguna forma se buscaba que los periodos coincidieran con los gubernamentales, ya que se sabía perfectamente que un rector enemigo del gobernador no prosperaría; entonces se buscaba que los gobiernos opinarán para que la marcha de la universidad no se alterara” (Yurrieta; 2001: 9).

De estos testimonios se puede sacar dos conclusiones fundamentales: 1) la elección de rector estaba muy influenciada por el gobernador, la nula denuncia de ese hecho en las demandas estudiantiles es un aspecto digno de mencionarse; 2) no obstante lo primero, el ejercicio del poder del rector es más autónomo que su elección. De hecho, si se piensa bien, la autonomía ejecutiva del rector favoreció el ejercicio autoritario, pues la figura del rector no tenía límites. De estar, éste, subordinado a alguna autoridad gubernamental, debía, por lo menos, estructurar una forma distinta, másintrincada y más difícil, para ejercer el poder a su voluntad. No obstante, la subordinación al poder Estatal, también, podía implicar un ejercicio del poder subordinado al autoritarismo del Estado, esto es un ejercicio del poder no autónomo y autoritario, escenario mucho más factible en esos años.

La autonomía no es una condición suficiente para la democracia, por lo que puede manifestarse también en el autoritarismo. Por otro lado, no hay razones que justifiquen una intervención excesiva del gobernador en el ámbito académico o administrativo de la UAEM. Siempre y cuando el rector se ajustara a las directrices del gobernador, lo cual, en principio, estaba garantizado, porque el gobernador señalaba al ungido y, por supuesto, no podríamos plantearnos que el gobernador eligiera uno de sus más acérrimos enemigos: elegía a alguien de su más íntima confianza. Po otro lado, si el rector resultaba respondón, el gobernador no tenía más que jalar el cordel del presupuesto a modo de reprimenda. ¿Pero, era posible? Al parecer sí. Jaime Correa señala que en 1968  la política de Díaz Ordaz disminuyó drásticamente el presupuesto destinado a la UAEM, a partir de ese momento la participación del gobierno del Estado fue cada vez más grande. Correa proporciona las siguientes cifras: en 1967 del presupuesto total de la UAEM $ 4, 024,992 eran proporcionado por el gobierno federal y $ 6, 725,062.47 por el estatal; en 1968 $ 4, 025,600 del gobierno federal y $ 6, 67,669.63 del gobierno estatal; en 1969 de total (17, 495, 000) $ 12, 737 ,660 era del gobierno estatal, 75% de los ingresos (Correa; 1987: 46-47)  y para 1976 el gobierno federal aportaba 33 millones y el gobierno del estado 80 millones (Correa; 1987: 58).

 

Represión estudiantil

En cuanto a la represión de los estudiantes habría que destacar en primer lugar que los diferentes actores del ME-1976  han denunciado actos de represión contra los estudiantes, aunque desde diferentes ángulos. Incluso las propias autoridades los denuncian, la peculiaridad reside en que cada autoridad denuncia a su rival político de cooptar y crear grupos porriles, principales medios de represión en ese entonces.

Los actores afines del ME-1976  plantean las siguientes acusaciones de represión por parte de las autoridades. Un pliego petitorio de los alumnos de Humanidades denunció […] “hacemos notar que a varios compañeros de esta última generación, por criterios meramente políticos, se les niega el derecho que tienen de impartir clases en las preparatorias. […] Así tenemos el caso de varios compañeros a quienes de forma por demás arbitraria y absurda se les quitaron las clases que impartían en preparatoria a raíz de su participación en el último movimiento” (Artega; 2010: 203). Otros actores a favor del ME-1976  señalaron:

En la UAEM existió un brazo armado, fue con el rector Carlos Mercado Tovar, el que manejó Tito Parker, un excomandante de las Fuerzas Armadas Panameñas […] tenían su centro de capacitación en las faldas del volcán; a eso los trajeron a Toluca, a formar gente. […] Recuerdo que los estudiantes eran vigilados permanentemente. “Mi mamá me decía que ya hasta conocía al judicial que siempre me seguía”. “Grupos armados de universitarios no existían. Lo que sí ocurrió fue que nos defendíamos de los porros, por lo cual hubo variosenfrentamientos” (García; 2001: 9) [ …] “¿se ganó Barrera Legorreta el calificativo de tolerante cuando se presentó en las instalaciones universitarias a romper la huelga de manera violenta al frente de porros armados y financiados por las autoridades universitarias el 5 de enero de 1977? (Pérez Garrido; 2001: 8).

Y así como crecía el movimiento estudiantil también crecía el número de porros, quienes contaban con un subsidio y eran pagados, por Jorge Álvarez Herrera (secretario general de la UAEM). Rondaban en cada una de las diferentes escuelas, como creo que lo hacen ahora también, intimidando a los compañeros” (Estrada; 2001: 10) […] y el otro grupo [de la Facultad de Derecho] que dominaba la Facultad, desde la época de Misael, Melchor Velázquez, por ejemplo, en la cual se encontraba Gerardo Pérez, El Tarzán. Era el grupo de choque que tenía la Universidad, representada por ellos. Todavía recuerdo, cuando toman Derecho, nosotros nos encontramos en Arquitectura, vamos y los encontramos armados (Jiménez; 2001: 8) . “En una guardia nocturna en sicología recibimos una llamada telefónica, advirtiendo la entrada del ejercito a la escuela, siempre fueron llamadas de petate, pero nos espantaban (Patiño; 2001: 7).

 

Los acusados de ser porros puntualizaron:

[ …] “el químico nos ayudaba con becas, bales para libros que se cambiaban en la librería imagen, también con Pepe Yurrieta Valdés, quien estaba en difusión cultural. […] A nosotros nos catalogaban de porros, lo que nuca hubo en la UAEM, salvo después con Carlos Mercado Tovar, que tenía a Tito Parker y al Costeño, entre otros, quienes si eran agresivos (Altamirano; 2001: 10). [ Los porros] “era un grupo de Prepa dos que encabezaba un muchacho que venía de Orizaba, Veracruz. Benjamín Bustos, El Costeño, quienes por tomar una botella de alcohol se sentían supermanes” (Pérez Esquivel; 2001: 8). Llega un señor panameño, llamado Tito Parker que tenía toda la apariencia de un Marín, incluso vestía ropa militar estadounidense con su boina […] todos decíamos que era agente de la CIA…además siempre andaba armado y manejaba muy bien las armas y la defensa personal […]Era estudiante de derecho, era extranjero pero estaba inmiscuido hasta los talones en el movimiento y era el líder, estaba al frente cuando se empezaron a dar los rompimientos de las huelgas, como una que se dio muy fuerte en humanidades donde correteamos a mucha gente y los obligamos a descolgarse de las azoteas y hubo muchos golpeados, no me consta si desaparecidos o no… nunca salió a la luz pública (Morales; 2004: 45).

 

Las autoridades acusaron: “Álvarez Herrera ya había soltado bastante lana a ciertos grupos de muchachos que no estudiaban, nada más cobraban […] Él nunca contó, más que como coordinador de porros” (Zarate; 2001: 9). Álvarez Herrera respondió la acusación de ser líder porril y además agregó nuevas informaciones acerca de sus adversarios políticos:

El Tarzán, Zavaleta, Arnulfo, Jorge una serie de gentes, creo que ellos sí se involucraron a golpes, porque eran gente muy bronca, pero nunca los utilice como porros, todos eran estudiantes, y terminaron como arquitectos, abogados, con una profesión […] No, bueno, si darles dinero es comprarles libros, vales para comida […] pero dinero en efectivo nunca […] Sí pagábamos música, pero nunca dimos dinero […] Creo que ese fue el gran error, hubo estudiantes agradecidos que se involucraron de tal manera que me defendieron hasta por golpes (Álvarez; 2001: 8). [Acerca de los porros] se crea un grupo más bien de vigilancia, comandado por el panameño Tito Parker, un agente que estaba metido en la universidad por Gobernación y que también era agente de la CIA […] pero no era tanto para golpear ni ser esquirol, sino como grupo de seguridad (Álvarez;  2001: 6).

 

Por ultimo citaré dos hechos, cuya importancia me parece relevante; el primero, sacado de un diario de la época, corresponde a la intimidación y disparos contra los huelguistas; el segundo, a las acciones de las autoridades para desprestigiar a miembros de la preparatoria popular, este dato proviene de la confrontación de dos entrevistados, uno de ellos autoridad universitaria y el otro un alumno de la UAEM y organizador de la preparatoria popular.

Varios impactos de bala aparecen en la puerta principal del edificio del CICALI de la UAEM que continúa tomada por los huelguistas. Estos acusan a los “porros” como causantes del atentado “que se repite noche a noche” según indicaron. Para terminar se quejaron de que “desde hace algunas noches, grupos de porros se presentan a distancia de los edificios tomados, para azuzar a los guardias huelguistas, nos han balaceado” (Morales; 2004: 44-45).

 

De esta cita se obtienen dos informaciones, uno que los impactos de bala realmente existen, de otro modo habría comentarios al respecto y dos, es un testimonio de que estos acontecimientos no son aislados.

[…] al día siguiente que nos desalojaron [cuando tomaron cubículos miembros de la prepa popular], entró el rector Guillermo Ortiz Garduño, con fotógrafos, era demasiado el morbo de ese cuate, porque buscaban prendas íntimas de mujeres, como para evidenciar que había habido un aquelarre por la noche (Castro; 2001: 9). “Se presenta la situación de la Preparatoria Popular […] les golpeamos duro a los pipiris nais de Toluca […] Disque estudiantes, algunos eran pero se demostraron muchas cosas. Algunos padres de familia llegaron a reclamar al otro día, decían que sus hijos eran estupendos, a todo dar, pero nosotros preparando todas las circunstancias teníamos fotografías de todo y les contestábamos ¿ah, sí? ¿este es su hijo, su hija?... demostramos que no era un movimiento de izquierda, que tenían marihuana; encontramos ropa íntima, de las muchachas tirada; se ingresó para quitarles la Universidad (Zarate; 2002: 9).

 

Aquí lo que se evidencia es el intento de las autoridades, independientemente de si los hechos fueran ciertos o no, por chantajear a los alumnos (reprimirlos) en lugar de privilegiar el dialogo, actitud que no sería la excepción durante el ME-1976, sino más bien la regla.

A estas alturas es posible hacer algunos comentarios en términos generales respecto a la represión. Primero, existieron tres formas de represión: 1) el chantaje, forma en la que por lo menos las tres autoridades entrevistadaspor el manifiesto confesaron haber practicado; 2) intimidación, cuya manifestación va desde llamadas de amenaza hasta disparos contra edificios tomados; 3) violencia de baja intensidad, que va de enfrentamientos con estudiantes disidentes hasta intervenciones armadas por estudiantes o pseudoestudiantes a instalaciones reguardadas por los huelguistas. Segundo, respecto a tercer punto, se puede inferir que la represión contra los estudiantes fue de baja intensidad, porque la represión se dio, durante casi todo el ME-1976, entre los actores proautoridades universitarias y los que estaban a favor del ME-1976, sin que haya una participación continua y amplia de autoridades del Estado; a diferencia, por ejemplo, del MEP-1968 o el Jueves de Corpus.

Con el objetivo de ilustrar este punto, el lector puede comparar las siguientes crónicas de hechos represivos, la primera pertenece a la matanza del Jueves de Corpus (1971)  y la segunda, al intento de romper la huelga encabezada por el Rector Barrera Legorreta en enerode 1977, uno de los hechos más violentos de todo el ME-1976.

Al llegar a la esquina que forma la Avenida de los Maestros y la de Rivera de San Cosme, aparecen delante nuestro cerca de doscientos jóvenes mugrosos y mal vestidos, de evidente origen lumpen, golpeando enardecidamente el pavimento con sus varas de bambú […] desafiantes y decididos a todo. Eran los “halcones” […] ese instante fue roto por el ruido de las balas y ya no hubo más que una opción: correr para salvar la vida. Luego nos enteraríamos que la manifestación fue atacada simultáneamente por el frente, la cintura y la retaguardia; y que en estos últimos lugares los halcones se habían presentado bien armados de pistolas, rifles y metralletas. […] pude observar que algunos manifestantes habían sido ya tocados por las balas […] No era posible escapar, pues [ …] Hombro con hombro, escudo al frente y empuñada la macana, cientos de granaderos formados en compacto grupo habían copado ya las salidas impidiendo la evasión. [Los halcones] […] Entraron [a la pensión en la que se había escondido en autor de la crónica] metralleta en mano, golpeando y disparando a todo lo que se movía. En una asomada, veo que sacan a una muchacha de un auto y que la matan a patadas. En otra, que una persona bien vestida salecorriendo de entre los coches con las manos en alto, pidiendo que no disparen, porque es el dueño de la pensión. Cuando cayó muerto todavía tenía los brazos como levantados (Hernández; 2008: 55-62). Impone, sí da miedo, genera una inseguridad interna porque no sabes lo que va a pasar, es una incertidumbre, porque podían volver a golpear, ya se había visto varias experiencias, una de ellas fue en Enfermería en donde hubo hasta balazos, (al tratar de romperse la huelga primero en Enfermería y luego en Medicina, en enero de 1977) […] “Ese día en Enfermería recuerdo que junto con los compañeros hicimos una barrera para impedir el paso de los porros. Me acuerdo que un vecino era porro y me decía Patiño, quitate porque no te quiero golpear, le respondí no me quito [ …] En una guardia nocturna en sicología recibimos una llamada telefónica, advirtiendo la entrada del ejercito a la escuela, siempre fueron llamadas de petate, pero nos espantaban, todos nos salimos, eran como las tres de la mañana, ese día dejamos sola la escuela” (Patiño; 2001: 7). La matanza del jueves de corpus tiene, sin duda, una tremenda intensidad de violencia. Mientras que la otra crónica a pesar de presentarse hechos de violencia estos no pueden ser equivalentes a los de la primera crónica.Los testimonios de la represión también me permitieron establecer dos conclusiones no en relación con la represión, sino vinculadas con las relaciones de poder existentes en la UAEM. Por un lado, queda totalmente claro que hay una disputa por el poder entre el grupo al que pertenece, o dirige no queda muy claro, Álvarez Herrera y el de Zarate Machuca. Por otro lado, dado que las relaciones de poder establecidas en la legislación no se respetaban, una forma distinta y autoritaria las remplazó: el paternalismo. Forma de relacionarse en donde el dominio de la autoridad se encubre con una relación filial, la autoridad es percibida como un padre de familia, el cual da premios y castigos dependiendo si el subordinado obedece las reglas impuestas en la relación de poder.

 

 

 

 

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