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 Capitalismo ¿verde? Una propuesta neoliberal que agudiza la crisis y devora a América Latina

 

 

 

 

Mario Alberto Domínguez Castro

Observatorio Filosófico de Colombia

 

 

 

 

Resumen: No decimos que no existe el “capitalismo verde” dado que hay toda una práctica capitalista que se denomina de esta manera; misma que, por demás, es una denominación demagógica que busca la adhesión y aceptación de personas preocupadas por el medio ambiente. Lo que decimos, y sobre eso versará este ensayo, es que el capitalismo verde no es opción para afrontar los retos que presentan la crisis socio-ambiental y económica que enfrentamos, sino que es una manera de acrecentar dichas problemáticas; así como de generar o hacer crónicos otros problemas tales como el deterioro de la calidad de vida de quienes viven de la agricultura, la economía de los mercados locales de las naciones en desarrollo o tercermundistas y acrecentar la migración del campo a la ciudad, etc.

 

Palabras clave: Capitalismo verde; neoliberalismo; medio ambiente; agrocombustible; desarrollo sustentable; economía.

 

 

 

 

 

*Este artículo originalmente fue publicado en nuestra primera época editorial, en Revista de Humanidades, ISSN 0719-0999, en septiembre de 2012.

                                             

 

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Cita sugerida

Domínguez Castro, Mario Alberto.  2016. “Capitalismo ¿verde? Una propuesta neoliberal que agudiza la crisis y devora a América Latina”, Humanidades Populares 4 (5), 8-17.

 

APA

Domínguez Castro, M. A. (2016). Capitalismo ¿verde? Una propuesta neoliberal que agudiza la crisis y devora a América Latina. Humanidades Populares, 4 (5), 8-17.

 

Chicago

Domínguez Castro, Mario Alberto. “Capitalismo ¿verde? Una propuesta neoliberal que agudiza la crisis y devora a América Latina”. Humanidades Populares 4, no. 5 (2016): 8-17.

 

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Domínguez Castro, Mario Alberto. “Capitalismo ¿verde? Una propuesta neoliberal que agudiza la crisis y devora a América Latina”. Humanidades Populares 4.5 (2016): 8-17.

 

Harvard

Domínguez Castro, M. A. (2016) “Capitalismo ¿verde? Una propuesta neoliberal que agudiza la crisis y devora a América Latina”, Humanidades Populares, 4 (5), pp. 8-17. 

 

 

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Si es cierto que el capitalismo ha demostrado su carácter salvaje, si ha quedado demostrado que no hay “terceras vías” ni esperanzas de humanizarlo con un mágico coctel de inversiones extranjeras y políticas asistenciales, es cierto también que el socialismo, como proyecto y como opción histórica de los oprimidos, tendrá que saber reunir en su propuesta todas las emancipaciones soñadas por hombres y mujeres a lo largo de la historia. (Claudia Karol)

 

 

I. Las falacias del neoliberalismo: rumbo al “ecocidio”

Desde que los capitales monopolistas se apoderaron del mundo, han mantenido en la pobreza a la mayoría de la humanidad repartiéndose las ganancias entre el grupo de países más fuertes. El nivel de vida de esos países está basado en la miseria de los nuestros (Ernesto “Che” Guevara).

 

Para empezar, debemos ser claros al decir lo que entendemos por neoliberalismo, de tal manera que nuestro discurso no flote en el aire, quedando a merced de cualquier viento que lo pierda del camino. Es indispensable que se tenga en cuenta que cuando hablamos de neoliberalismo, estamos haciendo referencia, muy de acuerdo con la clara observación del profesor Aurelio Alonso, al “poder del capital trasnacionalizado, o a sus efectos relacionales, físicos,          humanos, espirituales e institucionales, por tipificar esferas de lo social donde ese poder de dominación cobra forma más allá de lo estrictamente económico” (Alonso, 2005: 357).

Una de las falacias de quienes promocionan el capitalismo verde es hacernos creer que este disminuye el consumo de energía fósil y de otros recursos naturales (Pani, 2007: 119)[1]. Pero si el consumo de energía fósil se ha minimizado es gracias al consumo desmedido del mismo, no por prácticas ambientalistas; además si el consumo de los recursos naturales ha disminuido, lo ha hecho sólo en la canasta familiar, dado que se han direccionado a la creación de agrocombustibles. Miles de árboles han sido talados para disponer de un terreno en el cual sembrar maíz, sorgo, caña de azúcar, soja, etc.; incluso se dan las desigualdades entre los sectores agrícolas, tal como acurre en Brasil donde “los productores de carne bovina comienzan a quejarse de que los terrenos sembrados de pastos se están transformando en cañaverales” (Castro, 2007: 30 de abril), para alimentar los intereses del gran capital. Capitalismo ¿verde?

Mantener el desarrollo económico a costa del deterioro del medioambiente es absurdo. El neoliberalismo es absurdo. El capitalismo es absurdo. El absurdo radica en que en pro del desarrollo económico-industrial, el mundo está siendo conducido a un callejón sin salida: el ecocidio. “El calentamiento del sistema climático es inequívoco, como evidencian ya los aumentos observados del promedio mundial de la temperatura del aire y del océano, el deshielo generalizado de nieves y polos, y el aumento del promedio mundial del nivel del mar” (Cfr., Toussaint, 2010: 72). Sabemos, gracias al informe “Cambio Climático 2007” publicado por el Grupo intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima (GIEC), que “la mayor parte del aumento observado del promedio mundial de temperatura desde mediados del siglo xx se debe muy probablemente al aumento observado de las concentraciones de los gases de efecto invernadero (GEI) antropógenos” (Cfr., Toussaint, 2010: 72).

Sobre esto ya se había pronunciado Fidel Castro, en un tono más alarmante, pues es sabido que toda especie se extingue al extinguirse su hábitat. Las palabras de Fidel son: “Una especie está en peligro de extinción: el hombre”. Pero estas palabras no son producto de un ataque de histeria o esquizofrenia, son producto de unas observaciones concretas y reales:

La temperatura promedio ha crecido 0,8 grados centígrados desde 1980, según el Instituto de Estudios Espaciales de la NASA. Las últimas dos décadas del siglo XX fueron las más calurosas en cientos de años. Las temperaturas en Alaska, el Oeste canadiense y el Este de Rusia han subido a un ritmo que duplica el promedio mundial. El hielo del Ártico está desapareciendo rápidamente y la región puede experimentar su primer verano completamente libre de hielo tan pronto como en el año 2040. Los efectos son visibles en las masas de hielo de más de dos kilómetros de altura que se derriten en Groenlandia, los glaciares de Suramérica, desde Ecuador hasta el Cabo de Hornos, fuentes fundamentales de agua, y la gigantesca capa de hielo que cubre la extensa zona Antártida.

Las actuales concentraciones de dióxido de carbono han alcanzado el equivalente a 380 partes por millón, cifra que supera el rango natural de los últimos 650 mil años. El calentamiento está afectando ya los sistemas naturales de todo el mundo. Si esto ocurriera sería devastador para todos los pueblos.” (Castro, 2009: 21 de septiembre)

 

Aunque una buena medida para contrarrestar esta problemática es la reducción de las emisiones de los GEI, los estados del “primer mundo” prefieren ignorarla, pues, gracias a esta emisión de gases que conlleva al deterioro del medioambiente, es como han construido su imperio (su riqueza y su poder).

Este “ecocidio” es producto de la mala administración y la desmedida explotación de los recursos naturales. Uno de los recursos naturales más codiciados y por tanto más explotados es el petróleo, también conocido como “oro negro”, el consumo desmedido de este combustible fósil ha escaseado las reservas disponibles. Para contrarrestar los efectos de la inminente desaparición del “oro negro” se han creado los agrocombustibles, lo que ha generado, además del deterioro del medioambiente, el empobrecimiento de los países en desarrollo y el deterioro de la calidad de vida de sus habitantes debido a una crisis alimentaria.

Los productos que antes estaban destinados para la alimentación, ahora son desviados hacia la industria de los agrocombustibles. De acuerdo con el Banco de Pagos Internacionales (BPI) 100 millones de toneladas de cereales se excluyeron del sector alimentario en el 2007. Asimismo, algunas tierras destinadas a la producción de alimentos se reconvirtieron en tierras de cultivo para los agrocombustibles, lo que hace disminuir la oferta de productos alimenticios y produce el aumento de los precios. En resumen, para satisfacer los intereses de las grandes sociedades privadas que quieren desarrollar la producción de agrocombustibles, se decidió confiscar algunos productos agrícolas que el mundo necesita para alimentarse[2].

Esta crisis alimentaria que impone el desvío de los recursos agrícolas, afecta, especialmente y de manera directa, a los países en desarrollo, puesto que las políticas impuestas por el Fondo Monetario

Internacional (FMI) y el Banco Mundial desde las crisis de la deuda, los privan de protección. Habrá reducción de las superficies destinadas al cultivo de hortalizas y especialización en uno o dos productos para la exportación, desaparecerán los sistemas de estabilización de precios; habrá, además, un abandono de la autosuficiencia y reducción de las reservas de cereales, así como un debilitamiento de las economías debido  a una extrema dependencia de la evolución de los mercados mundiales; afrontarán una fuerte reducción de los presupuestos sociales, supresión de las subvenciones a los productos primarios, apertura a los mercados y la exposición de los pequeños productores locales a la competencia desleal de las grandes transnacionales -caso de los Tratados de Libre Comercio (TLC). (Cfr., Toussaint, 2010: 50).

Así pues, la cura termina siendo más grave que la enfermedad. Los agrocombustibles, lejos de ser una solución al problema de la crisis energética debido a la escasez de petróleo, se presentan como un problema mayor. Dejando sin fundamento a lo que se ha denominado falsamente “capitalismo verde”.

La alternativa de utilizar los agrocombustibles como fuente de energía, no es más que un pretexto del gran capital para ocultar las causas verdaderas de la crisis energética que vive el mundo. Los motivos reales de la crisis, están en el modo de vida que promueve la sociedad de consumo, donde la dilapidación, de los recursos energéticos y el caos en la explotación del transporte resultan innegables (Balmaceda, 2008: 33).

 

Estados Unidos consume 20,9 millones de barriles de petróleo por día cuando su capacidad de producción no es mayor que 5 millones diarios, por lo que tiene una total dependencia de las importaciones de crudo y derivados. Es por ello que centra sus esperanzas en la producción de etanol con el fin de continuar perpetuando su poder económico y militar, más que combatir la destrucción ambiental. Recuérdese que Bush realizó una gira en 2007 por los países latinoamericanos para asegurar el abastecimiento a gran escala de agrocombustible para EE.UU., asegurándose de no depender del petróleo que exportan países como Venezuela e Irán y comprometer la producción agrícola de América del Sur para abastecer los automotores. Así pues, el objetivo que privilegia dicha nación es el refuerzo de su liderazgo mundial y no la lucha contra el calentamiento climático. Muestra de ello es el haberse retirado del protocolo de Kioto, lanzado en 1997 bajo la égida de la ONU. Mismo que prometía relevar Barack Obama durante su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos, con un nuevo tratado internacional. Sin embargo, lo que quiere realmente Obama es tomar las riendas de la negociación de un nuevo acuerdo climático post Kioto, con el objetivo de que ese acuerdo corresponda a los intereses del capitalismo estadounidense.

Lo que puede hacer frente a la crisis energética, es una “revolución energética”, que en principio debe ser anticapitalista. Cuba es miembro de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) y es uno de los países que ha pensado con seriedad el uso racional y eficiente de la energía. El 2006 fue el año de la Revolución Energética en Cuba implementándose el ahorro, la eficiencia energética y la implementación de fuentes renovables de energía. En este proceso, en los últimos 3 años, Cuba ha sido capaz de reemplazar más de 9 millones de bombillas incandescentes y más de 3 millones de efectos electrodomésticos que consumían gran cantidad de energía. Con ello se han ahorrado casi 400 millones de dólares y se han dejado de emitir aproximadamente 1,2 millones de toneladas de CO2 por año.

Uno de los mecanismos utilizados en esta Revolución Energética ha sido la sustitución de equipos que por viejos resultaban ineficientes, se instalaron nuevos generadores, se cambiaron postes eléctricos, así como los cables de alta tensión, disminuyendo los apagones. Además con lo que se ahorra en energía se cubren los gastos del plan, lo que lo hace autosustentable. Entre otras cosas, este plan convirtió a Cuba en el primer país del mundo en sustituir las bombillas incandescentes por bombillas de bajo consumo, un ejemplo que luego siguieron Australia y Venezuela entre otros.

El objetivo principal del programa energético cubano es sustituir gradualmente las centrales termoeléctricas ineficientes y transformar el patrón tradicional de generación, con menor consumo de combustible. Dicho programa está acompañado de una educación ambiental dirigida a toda la población para generar conciencia sobre el aprovechamiento racional de los recursos. Todas estas acciones no sólo suponen beneficios para la economía, sino para la vida sustentable del planeta. (Cfr., Bonin, 2009: 19 de feb.).

Otra de las falacias del “capitalismo verde” es decir que en materias de empleo contribuye a la creación de nuevos puestos de trabajo; este planteamiento es bastante cuestionable teniendo en cuenta que el mercado local, especialmente de los países en desarrollo, no puede competir con las trasnacionales, siendo así que los campesinos y pequeños productores tienen que reducir su personal de trabajo, e incluso, salir de sus tierras en busca de mejores opciones de vida, generándose así, como ya se advirtió, una crisis migratoria, tal como bien lo expone Toussaint:

La degradación (o estancamiento) de las condiciones de vida en muchos países de desarrollo provoca de forma permanente un flujo de personas en la búsqueda de una vida mejor. La mayoría trata de encontrar refugio en un país vecino (una gran parte de los inmigrantes reside en países en desarrollo), otros intentan partir hacia los lugares más industrializados. Las políticas de ajuste estructural y la apertura comercial de los países en desarrollo (PED) impuestas por la Unión Europea, los Estados Unidos y los demás países industrializados son en buena parte responsables de esta degradación. Aunque se han de tener en cuenta los factores endógenos, es importante destacar la responsabilidad de los gobiernos y de las empresas del Norte en este deterioro de las condiciones de vida de la población de una buena parte de los PED, que se ve empujada la emigración hacia unos países en los que esperan tener mejores condiciones de vida (Toussaint, 2010: 6).

 

Además están también las condiciones laborales en las cuales los trabajadores tienen que llevar a cabo su tarea. Tenemos el ejemplo de los jornaleros en Brasil y México, así como otros países del tercer mundo. En 2007 en Brasil:

[…] casi el 80 por ciento de la caña se corta manualmente. Fuentes y estudios aportados por investigadores brasileños afirman que un cortador de caña, trabajador a destajo, debe producir no menos de 12 toneladas para satisfacer necesidades elementales. Ese trabajador necesita efectuar 36 mil 630 flexiones de piernas, recorrer pequeños trayectos 800 veces cargando 15 kilos de caña en los brazos y caminar en su faena 8 mil 800 metros. Pierde un promedio de ocho litros de agua cada día. Sólo en caña quemada se puede alcanzar esa productividad por hombre. La caña de corte manual o mecanizado se suele quemar para proteger al personal de mordidas o picadas dañinas y, sobre todo, para elevar la productividad. Aunque exista una norma establecida de 8 de la mañana a 5 de la tarde para realizar su tarea, ese corte a destajo no escapa de las 12 horas de trabajo. La temperatura en ocasiones alcanza los 45 grados centígrados al mediodía (Castro, 2009: 21 de septiembre).

 

Así pues, vemos que el “capitalismo verde” ni genera empleo, ni mejora la calidad de vida de los trabajadores, ni ayuda al medio ambiente, sino que sólo se orienta al crecimiento del capital de las grandes trasnacionales y los países primermundistas. Habría que tener en cuenta, para no pecar por inocentes, que el capitalismo verde, en el que se encuentran los agrocombustibles, no es una propuesta de quienes se preocupan verdaderamente por el calentamiento global o la destrucción ambiental (personas o instituciones), sino de las grandes trasnacionales y sus aliados políticos, quienes no tienen otro interés que el de aumentar su capital.

 

 

II. Capitalismo y economía: una aclaración y advertencia “necesarias”

La naturaleza da al hombre sus objetos, fortalece y prepara para la virtud al hombre. Y el hombre no se haya completo, ni se revela a sí mismo, ni ve lo invisible, sino en su íntima relación con la naturaleza (José Martí)

 

El sistema ha dado en sinonimizar dos conceptos que por definición son antagónicos: capitalismo y economía, para adherir a sí una serie de adeptos (lastimosamente con mucho éxito) e instaurar “el peligro de la corrupción emanada de la presencia constante del capitalismo, hábil en la presentación de imágenes de desarrollo y bienestar que nublan el entendimiento de mucha gente” (Guevara, 2007: 26). Según el Diccionario Porrúa de la Lengua Española, el capitalismo es un “sistema económico individualista, caracterizado por el predominio del capital”. Y la economía es “la administración recta y prudente de los bienes”.

Recientemente se llevó a cabo la “Cumbre de la tierra”, conocida también por su abreviatura como “Rio+20” en Brasil. Cumbre que resultó ser un fracaso, justo por la equiparación errónea, pero intencionada de estos dos conceptos. Se buscaba – según su discurso demagógico- la administración recta y prudente de los bienes y recursos para el mejoramiento del ambiente y el desarrollo sustentable. Sin embargo, terminó siendo un espacio propicio para labrar estrategias en procura de justificar la capitalización de la tierra, mediante el predominio del capital y la salvaguarda del poder corporativo multinacional.

En un ejercicio retórico-demagógico, el poder corporativo multinacional en “compinche” con la ONU, disfrazan sus intereses capitalistas por ambientalistas y proponen, en pro de la manutención de su sistema económico individualista, la “economía verde”, ¡el lobo disfrazado de oveja!

En resumen, aunque economía y capitalismo son antagónicos, debemos tener en cuenta que el sistema nos los presenta como iguales, por lo que ni capitalismo ni economía pueden estar revestidos de verdor, ni oler a tierra.

Ahora bien, no somos pesimistas; creemos que una “economía y desarrollo sustentables” es posible, Cuba es ejemplo palpable de ello, según la propuesta que expusimos anteriormente-, y lo es en tanto:

a)   No sea una treta propuesta por el poder corporativo multinacional y sus amangualados.

b)   Realmente se dé la administración recta y prudente de los recursos económicos y naturales.

c)   No cause daño al medio ambiente.

d)   Respete la soberanía natural, alimentaria, política y económica de los pueblos.

 

En definitiva: que conciba el desarrollo como desarrollo social, equitativo, económico, vivible, viable y medioambiental y no meramente como desarrollo tecnológico y capital. O, para decirlo con Eric Toussaint, “que adopte soluciones anticapitalistas, ecologistas, feministas, y antirracistas”. (Cfr., Toussaint, Eric: 99)

 

 

 

 

Referencias

 

Alonso, Aurelio (2005) , Notas sobre la hegemonía, los mitos y las alternativas al orden neoliberal, en Pensar  Contracorriente I, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, pp, 356-376.

 

Balmaceda Espinosa, Carlos Eloy (2008), Agrocombustibles: polémica tecnológica y política, en Pensar a Contracorriente V, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, pp, 31-63.

 

Bonin, Lety (2009), Cuba y el medio ambiente: un ejemplo para el resto del mundo, disponible en: http://colectivoandamios.blogspot.mx/2009/02/cuba-y-el-medioambiente-un-ejemplo.html

 

Castro, Fidel (2007), Se impone una revolución energética. Diario La Jornada, 30 de abril. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/cobertura/reflexiones/index.php?section=reflexion es&sub=historico&article=20070502_032a1mun

 

Castro, Fidel (2009), Una especie en peligro de extinción, Cubadebate, 21 septiembre. Disponible en: http://www.cubadebate.cu/reflexionesfidel/2009/09/21/reflexiones-de-fidel-una-especie-en-peligro-de-extincion/

 

Guevara, Ernesto (2007), En Argelia, en Ariet García, María del Carmen (compiladora), Che Guevara, justicia Global, La Habana, Ocean Sur, pp, 19-30.

 

Pani, Claudia (2007), Hacia el capitalismo verde: una opción rentable, Revista Autoría y Seguridad, núm. 9, abril 2007, pp, 118-119.

 

Toussaint, Eric (2010), Crisis global y alternativas desde la perspectiva del Sur, La Habana, Editorial de ciencias sociales.



[1] Tal como propone Claudia Pani: “El capitalismo verde está compuesto por empresas, técnicos, estudiosos e investigadores que elaboran y producen minimizando el consumo de energía fósil, de agua y de otros recursos naturales”.

[2] Cfr., BPI: 78° Informe Anual, Basilea, junio de 2008, p., 44. En (Toussaint, 2010: 49).

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