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Advertencia: 1er foro reflexión filosófica entorno al TLC Colombia y Estados Unidos

 

 

 

Ariel Alberto Parra Mier

Universidad de la Salle

Colombia

  

 

 

Resumen: Bajo el marco de: 1er Foro Reflexión Filosófica Entorno al Tlc "Colombia Y Estados Unidos", Se abre un nuevo espacio de discusión en torno al desarrollo y política “estratégica” del Estado Colombiano, en materia de acción, reafirmación, legitimación  y consecución de los Tratados de Libre Comercio con varios países de la región y el mundo; aunque el tema central pareciera que es con los Estados Unidos, el fin en sí mismo, de nuestro Foro consiste en “radicalizar” y denunciar el fenómeno “de Libre Mercado o Fronteras Abiertas”, al tráfico de mercancías; como una estrategia encaminada a coordinar acciones, que frenen estas prácticas, no sólo con este país (USA), sino con algunos de nuestros vecinos próximos México, Chile, Perú o Panamá, sino con todos aquellos que agudicen la crisis que atraviesa el Estado Colombiano, pues, el fin último del gobierno nacional y de quienes lo administran, consiste en mantener la práctica desmanteladora de los recursos naturales, bienes y servicios que este puede ofrecer como mecanismo de explotación a sus aliados estratégicos como los Estados Unidos o la Unión Europea, hasta saquear la última gota de petróleo, carbón u oro.

 

Palabras clave: Mercado; tratado; comercio; neoliberalismo.

 

 

 

 

*Este artículo originalmente fue publicado en nuestra primera época editorial, en Memorias Periféricas, ISSN 0719-1367, diciembre de 2013.

 

*Esta es una ponencias realizadas en la “1ra Jornada de Reflexión Filosófica: "En torno al TLC entre Colombia y Estados Unidos" organizada por el Observatorio Filosófico de Colombia (Ofcol), la Asociación Colombiana de Filósofos (Ascolfilósofos) y el Grupo de Investigación "Las dos Américas". Este evento se realizó el día 21 de junio de 2013 en la ciudad de Bogotá, Colombia.

 

 

Citar este artículo:

 

Cita sugerida

Parra Mier, Ariel Alberto.  2016. “Advertencia: 1er foro reflexión filosófica entorno al TLC Colombia y Estados Unidos”, Humanidades Populares 9 (14), 60-9.

 

APA

Parra Mier, A. A. (2016). Advertencia: 1er foro reflexión filosófica entorno al TLC Colombia y Estados Unidos. Humanidades Populares, 9 (14), 60-69.

 

Chicago

Parra Mier, Ariel Alberto. “Advertencia: 1er foro reflexión filosófica entorno al TLC Colombia y Estados Unidos”. Humanidades Populares 9, no. 14 (2016): 60-69.

 

MLA

Parra Mier, Ariel Alberto. “Advertencia: 1er foro reflexión filosófica entorno al TLC Colombia y Estados Unidos”. Humanidades Populares 9.14 (2016): 60-69.

 

Harvard

Parra Mier, A. A. (2016) “Advertencia: 1er foro reflexión filosófica entorno al TLC Colombia y Estados Unidos”, Humanidades Populares, 9 (14), pp. 60-9. 

 

Esta obra podrá ser distribuida y utilizada libremente en medios físicos y/o digitales. Su utilización para cualquier tipo de uso comercial queda estrictamente prohibida. CC 4.0: Internacional-Reconocimiento-No Comercial-Compartir igual.

 

 
   

 

 

 

 

 

 

 

 

Bajo el marco de: 1er Foro Reflexión Filosófica entorno al TLC Colombia y Estados Unidos, Se abre un nuevo espacio de discusión en torno al desarrollo y política “estratégica” del Estado Colombiano, en materia de acción, reafirmación, legitimación  y consecución de los Tratados de Libre Comercio con varios países de la región y el mundo; aunque el tema central pareciera que es con los Estados Unidos, el fin en sí mismo, de nuestro Foro consiste en “radicalizar” y denunciar el fenómeno “de Libre Mercado o Fronteras Abiertas”, al tráfico de mercancías; como una estrategia encaminada a coordinar acciones, que frenen estas prácticas, no sólo con este país (USA), sino con algunos de nuestros vecinos próximos México, Chile, Perú o Panamá, sino con todos aquellos que agudicen la crisis que atraviesa el Estado Colombiano, pues, el fin último del gobierno nacional y de quienes lo administran, consiste en mantener la práctica desmanteladora de los recursos naturales, bienes y servicios que este puede ofrecer como mecanismo de explotación a sus aliados estratégicos como los Estados Unidos o la Unión Europea, hasta saquear la última gota de petróleo, carbón u oro.  

Nuestra preocupación se encamina en establecer cuáles son esos principios básicos que le permitan a cualquier ciudadano reconocer las faltas graves que el Estado colombiano comete cuando firma o reafirma dichos tratados de “Libre Comercio”; estos acuerdos bilaterales (TLC's), se anuncian y se legitiman por encima de las advertencias de grupos sociales que juiciosamente vienen trabajando este fenómeno político-económicoestratégico; llamados de atención que intentan advertir sobre las consecuencias de firmar todos estos Tratados de Libre Comercio con las potencias globales y los países en “vías de desarrollo”, no son oídos y mucho menos escuchados, por ello, y en conjunto con un grupo de profesionales no sólo de filosofía, sino de otros ámbitos interdisciplinarios, pero principalmente con la participación activa de: El Observatorio Filosófico de Colombia, la Asociación Colombiana de Filósofos y el grupo de Investigación "Las dos Américas"; queremos a partir de este momento continuar con el desarrollo de nuevos encuentros de análisis, crítica reflexiva, y responsabilidad ciudadana en torno a la firma de este tipo de acuerdos entre un Estado dependiente y los dueños de la mega economía transnacional.

 

 

Hegemonía y radicalismo colonial tras los acuerdos de “Libre Comercio” (TLC's) 

El presente texto busca señalar tres ejes fundamentales que se siguen una vez el Estado Colombiano accede a la firma de cualquier Tratado de Libre Comercio, en adelante TLC's, no sin antes aclarar que los términos, situaciones, argumentos, formulaciones, delimitaciones, y aseveraciones del presente escrito, buscan, de algún modo escaparse al lenguaje filosófico estricto para que más personas puedan acceder a él. Ahora bien, los tres ejes serán: 1) Desterritorialización, 2) Hegemonía política y económica, y 3) Miseria social.

Pero antes debemos situarnos en el contexto que vive el Estado colombiano en materia de estrategia y conflicto armado, es decir, el periodo que se tendrá en cuenta será desde la década de los 90's hasta el año 2013 aproximadamente; lo que se quiere definir entonces, con el presente documento, es cómo se ha dado el desarrollo de este fenómeno estratégico en los últimos 20 años (Los Tratados de Libre Comercio); para ello nos vamos a centrar en el uso de la tierra específicamente, pues, la tenencia de la tierra se convierte en un factor clave y difícil de ocultar una vez se da la formalización de cualquier firma en relación con los TLC's, es decir, los Tratados de Libre Comercio son en nuestro contexto, el nuevo paradigma de la “democracias latinoamericanas”, estos Tratados son en perspectivas, y de forma rotunda la vieja y nueva manera de legitimación y regularización del colonialismos europeo ensayado por países como Estados Unidos, China, Japón, la India, Korea del Sur, Turquía, México, Brasil, Israel, Canadá, etc., con los cuales Colombia tiene algún tipo de tratado firmado en varios sentidos, no sólo el económico, tan bien abunda el militar o el bio-tecnológico. 

La cuestión de los tratados binacionales, cuyo componente primordial es la entrada y salida de productos manufacturados o procesados bajo estándares de calidad, para el caso de Colombia es una simple esperanza con fuertes visos de manipulación ideológicas o reformistas, cuando en contexto se desconoce el alcance, el impacto o la forma cómo este tipo de mecanismo funciona (TLC'S), pues, el país no tiene ni la infraestructura y mucho menos la capacidad productiva necesaria para generar mercancías tipo exportación, por consiguiente bajo el uso de esta forma de desarrollo comercial y tras-nacional, los gobiernos en Colombia han abusado de este mecanismo desde el Gobierno de Cesar Gaviria, como un espejismo que ronda la demagogia y la celeridad de hacer que el Estado se convierta en una máquina de producción industrial a gran escala, sin embargo para los gobiernos esto sólo es un mecanismo de expansión territorial bajo plenos acuerdos y alianzas entre empresarios nacionales, banqueros, familias poderosas, políticos, militares de alto rango, delincuencia común u organizada, un cocktail que se ha venido configurando como “plan estratégico” de gran alcance institucional, político y económico, el cual se apalanca desde las esferas que dominan muy bien los países desarrollados: colonialismo y explotación de los recursos naturales.  

En las últimas dos décadas el país viene desarrollando una agenda multilateral que mantiene con todo su vigor, especialmente con los Estados Unidos, esta “alianza”, se reforzó principalmente con la creación del Plan Colombia, y la guerra contra el narcotráfico. Aunque la idea en un principio era el desplazamiento de campesinos (parcelarios) de la zonas de cultivos de la hoja de coca, con fuerte presencia guerrillera, sin embargo la estrategia no consistía en acabar con el procesamiento de drogas ilícitas como la cocaína, sino en subsumir bajo el uso de la fuerza el control de los vastos territorios donde el estado no hace presencia de ningún tipo; una vez logrado este primer desplazamiento el nuevo rumbo político-militar al problema de ilegalidad asociada al narcotráfico, consistía en desarticular los carteles de las drogas por medio de la persecución, el encarcelamiento y la expropiación de bienes.

Por consiguiente, el ojo de la estrategia “plan de estabilización” mal llamado, Plan Colombia o, mejor aún “Seguridad Democrática” el cual tuvo su mayor impulso bajo el gobierno del señor Álvaro Uribe Vélez se convirtió en uno de los garantes hoy día de la firma de tantos TLC's, del mismo modo la estrategia recibió un lugar preponderante por parte del “Plan Colombia”, y la inversión de los Estados Unidos en materia de sostenimiento armado, logístico y tecnológico, así el interés de todos estos grupos con poder militar y económico, era el control de un territorio, entre las más significativas se encuentran por un lado empresas como: las carboneras, petroleras, de gaseosas, bananeras, medios de comunicación, grupos bancarios, terratenientes, ganaderos, empresas del sector biocombustible, etc., y por el otro lado se hayan el gobierno central, regional, local, gremios, políticos, familias, militares, paramilitares y guerrillas.  

Todo este fenómeno de la violencia armada con fines particulares se fue desplegando hacía las zonas de mayor recurso minero y agroindustrial, focalizado principalmente por las Multinacionales y los empresarios colombianos; al tiempo que los Políticos Colombianos, y las familias más poderosas de cada región se fueron sumando al uso indiscriminado de la fuerza armada para lograr mayores territorios, de igual modo los actores del conflicto como último reducto de la propaganda paramilitar, guerrillera y estatal se sumaron convirtiéndose en los aliados del desplazamiento forzado y la industria armada tomando el control de los territorios ricos en minerales para explotación minera de gran tamaño y para el uso de la producción agrícola a gran escala, dejando por fuera del asunto a los pequeños y medianos productores de la producción minera y agrícola del país, mientras que el resto de la población se halla confinada en las grandes ciudades desempleadas, subempleadas, o explotadas laboralmente sin ningún tipo de garantías salarias, de salud o con fines pensionales.   

 

1) Desterritorialización

Según el informe de los documentos CODHES 2010, el Estado colombiano ha demostrado enfáticamente su interés en servir de estratega, de algún modo, sobre las violaciones y abusos de poder de los paramilitares asociados a la gran industria, y su total descontrol sobre el desplazamientos forzado principalmente en las zonas de mayor concentración minera, agraria e industrial, así el Estado y quienes lo “administran”, lo convierten en uno de los mayores socios estratégicos de los países altamente interesados -después de la conquista española- en continuar con el desarrollo de la idea de colonias “independientes o libres y soberanas” ahora bien, el plan de estabilizar a un país como Colombia (por parte de las potencias “amigas”) el cual se haya sumergido en una violencia armada por más de seis décadas consiste en dos partes: 

Primero, Colombia debía y tiene que ser capaz de acumular el mayor número de actores del conflicto en un mismo lugar, para de ese modo poder justificar y afianzar la maquinaria de desplazamiento forzado civil casi más grande de la historia de la humanidad reciente; más de cinco millones, pues, el uso de la fuerza como recurso vital de la violencia armada se justifica con el mecanismo de hegemonización llamado “pacificación” aunque el término se acuño durante la violencia de los años 50 (siglo XX), bajo la seudo dictadura del General Rojas Pinilla, hoy día frente a un posible acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC-EP, el mecanismo pacifista se abre camino bajo la sombra del post-conflicto; por consiguiente el rol del Estado consiste en garantizar por los medios legales y militares el desarrollo de la economía minera y agroindustrial, el cual se oculta tras el velo de las firmas de los TLC's, con la entrada y venta de productos o servicios, el ciudadano común desconoce quizás el alcance de una política bien diseñada y moldeada para lograr el libre desarrollo de otro tipo de desplazamientos el laboral, el productivo, el ecológico y el educativo; pero el gran componente es la mega-industria minera con todos sus atavíos sociales, políticos, económicos y estratégicos desde el punto de vista de la globalización, Colombia es el mejor socio estratégico en el destrozo ecológico y de mayores proporciones en el robo y la estafa de millones de generaciones completas.

Segundo, cuando el Estado pierde su capacidad de control territorial el ciudadano común y corriente se ve en la penosa tarea de reinventarse en medio de una crisis de identidad al no poder comprender el uso desmedido de la fuerza cíclica de un desarrollismo histórico, ajeno desde luego a su comprensión humana, el sujeto fácilmente se presta a que la gesta lógico-estratégica entre el Estado y la industria cumplan su objetivo final, la explotación de los recursos naturales, por medio de una mano de obra barata, en un claro dispositivo de saqueo y corrupción entre los funcionarios del alto gobierno y la industria privada, ambos contribuyen al fomento de la propaganda o la apología al libre mercado. Por consiguiente, la estrategia de des-territorializar consiste en lograr el diseño de una gran política pública de mover al país “pobre” o subdesarrollado, a un terreno mucho más propicio de generación de empleo o de cooptar el mayor número de personas y de recursos en bien de unos pocos, es decir, las multinacionales, se ofrecen como garantes de un progreso inexistente, corrosivo, mediático y cancerígeno, este resultado lo podemos constatar en el caso de Costa Rica o Perú, una vez se firmaron los Tratados de Libre Comercio. 

Por consiguiente y para terminar este aparte, la desterritorialización fomenta entre otras cosas, la usurpación de la estructura social, la soberanía desaparece como eje trasversal de la identidad nacional, y se genera un nuevo tipo de trashumancia al interior del país, en suma, un Tratado de Libre Comercio es una nueva forma de desmantelamiento de las estructuras del estado en favor de un grupo económico o de una “clase social”, las dos generan un choque entre los viejos desplazados del conflicto armado, junto con los nuevos desplazados producto de la quiebra de la mediana y pequeña empresa, estos dos, a su vez: el viejo y el nuevo desplazado, chocan con los que se desplazan de los países vecinos buscando mejores oportunidades de empleabilidad. 

En definitiva, la única constitución que ha tenido o presagió lo que hoy tiene en ruinas estructural y organizativa al país “soberano y democrático” desde el punto de vista institucional ha sido la constitución de 1853, en la cual reza en su primer artículo lo siguiente: “Artículo 1.- El antiguo Virreinato de la Nueva Granada, que hizo parte de la antigua República de Colombia, y posteriormente ha formado la República de la Nueva Granada, se constituye en una República democrática, libre, soberana, independiente de toda potencia, autoridad o dominación extranjera, y que no es, ni será nunca el patrimonio de ninguna familia ni persona”. 

 

2) Hegemonía política y económica

La agenda para el desarrollo y sostenibilidad del Estado colombiano se enmarca en el viejo principio de des-estatalización de todos los bienes públicos, y ponerlos en manos del sector privado. Pues, la vieja idea de que el Estado es incapaz de controlar la “famosa mano invisible” de la economía, ha supuesto un desarrollo orgánico y estructural, el cual busca resolver los desequilibrios de una política reflexiva o critica entorno a cuál de los modelos económicos-políticos es el mejor para un país dividido entre la desigualdad social y ineficacia del gobierno en el manejo de la crisis social y la violencia armada por más de cincuenta años. Ahora bien esta ineficacia se da por dos factores coyunturales el fenómeno bipartidista y por el uso de la fuerza como mecanismo de resolución de conflictos. 

De cualquier modo el Estado colombiano ha convivido entre dos fuerzas que regulan la vida del país, el tradicionalismo y la hegemonía de unas pocas familias, estos dos frentes han ido superando con creces, un “monarquismo” “institucional” entre las ideas “liberales” y “conservadoras”, para luego, heredar el poder de una forma permisiva y aberrante por todos los agentes activos del estado: “sociedad civil” y “sociedad política”, en esta última, los cinco últimos gobiernos han desarrollado todo un sistema de relaciones estructurales, donde gracias al manejo del fenómeno guerrillero y luego paramilitar, han sabido capitalizar ambos fenómenos como propios, es decir, son propios porque son los sectores más tradicionalista a estas dos tendencias “liberales y conservadores” son quienes han generado todos los dispositivo de poder, abuso, control, manipulación, explotación política y económica del fenómeno de violencia y atraso social que atraviesa el país. Los únicos responsables de toda esta barbarie del uso y abuso del control político en Colombia, se debe a las familias que por generaciones han usado el poder público, militar y gobernativo para arrogarse la hegemonía y control de la economía, pero sobre todo, en el propósito de desmantelar las estructuras y los recursos del Estado en franca alianza con las potencias extranjeras.

Dentro este fenómeno del control y abuso de las estructuras del estado, el ciudadano al volverse pasivo, o sea, que bajo un velo de pasmosidad religiosa, no actúa o se desprende del ideal pagano de sometimiento a la voluntad de sus dictadores, ahora, tecnócratas; el ciudadano no actúa de forma libre-pensante frente al despojo de las estructuras e instituciones del Estado, esta pasividad del ciudadano se convierte en el artífice y motor de la pérdida del control del Estado, es decir, que ayuda a que se monopolice el poder burocrático por parte de los dueños del poder institucional. Cabe aclarar, que en esta parte(control hegemónico) el poder militar o paramilitar del Estado y de las familias que controlan al país, se sirve de la fuerza que representa el aparato militar, pero ello, no significa que el militarismo, recrudezca como una forma de gobierno sobre la esfera “civil”, es decir, la máquina de la guerra, se mantiene alejada lo suficiente para que la dictadura de la “democracia representativa” sirva como escudo, para intereses y fines comunes, entre la economía política y la economía financiera, propiamente dicha. 

 

3) Miseria social 

El uso de los recursos del Estado en bien de unos pocos sectores, hace que la iniquidad política sobre la utilización y distribución  de los recursos que se adquieren por la venta de los bienes explotados sean cada vez menos invertidos en las zonas de conflicto armado, zonas de explotación minera, o en zonas de desplazamiento forzado o mejor aún en la agricultura rural. Ninguno de los bienes o recursos que recibe la nación son reinvertidos porque las multinacionales jamás invierten un centavo en el país que funciona como cantera de sus intereses económicos, pues, la lógica del neoliberalismo consiste en sacar todo cuanto más se pueda de un recurso sin que ello represente un costo o una reinversión en el país explotado, para ello se valen de leyes fuertes que aseguran la no nacionalización de sus bienes o recursos explotados, ya sean mineros o industriales.  

Es claro que ningún gobierno colombiano en los doscientos años de vida republicana haya puesto sobre la mesa nacional una reforma trasversal sobre la tenencia y uso del suelo, subsuelo o se haya esforzado en resolver el descontrol que existe en la explotación agraria o minera donde el campesino, los parceleros o terratenientes, -en su mayoría agentes del gobierno-, se pongan en la tarea de resolver la problemática social que genera la tenencia de la tierra, pues, no conformes con el robo de vastos territorios, los más pobre y desarraigados se tienen que enfrentar a la explotación por parte de las multinacionales que operan con un carácter casi de inmunidad parlamentaria y diplomática. Para explicar este tipo de fenómeno nos podemos apoyar en los caos de países como el Congo, Sierra Leona, Niger, Nigeria,  Camerún o Sudáfrica, donde la sobre explotación de los recursos mineros desbordan cualquier uso de la razón. 

El problema de pobreza y la miseria se agrava cuando los agentes del estado buscan firmas o acuerdos binacionales a expensas de la vida y el futuro de miles de compatriotas. Los TLC's son en su mayoría el resultado de una estrategia que se enfila hacia los más pobres, pues, gracias a esta pobreza intelectual, económica, educativa y financiera, los Tratados de Libre Comercio, son capaces de forjar una nueva raza de mujeres y hombres que viven de la miseria que organizan los países desarrollados en todo los países de América Latina y el Caribe, así como la del mundo africano. La tarea de estos países hegemónicos y totalizadores cosiste en desplazar el mayor número de personas a las ciudades para poder ejercer y aplicar un control mucho más efectivo, de este modo las generaciones futuras se empiezan reciclar bajo un poder económico y una democracia capaz de sobre-explotar con el aval internacional de los organismos multilaterales la vida de cualquier ciudadano que no tiene ninguna oportunidad de llevar una vida digna en el campo o la ciudad.  

Lo más preocupante o indignante de este tipo de sistemas disfrazados, -las colonias- es que se legitiman con el rotulo de las “democracias neoliberales”, cuyas organizaciones se reafirman bajo la firma de los TLC's, los Estados fuertes luego permean las pocas instancias que deberían frenar dichos abusos de poder, organismos como el Senado de la República, son la clave dentro todo el procesos de hegemonización colectiva de los bienes del Estado, al fraguar leyes que benefician a un sector privilegiado de la economía, de este modo el control del gobierno lo ejercen las empresas extranjeras, los monopolios financieros, las oligarquías o los bien llamados oligopolios; podemos citar el ejemplo de las bananeras norteamericanas en centro América y Colombia, este solo y claro ejemplo, permite evidenciar  cómo las estructuras del estado son puestas al servicio de intereses organizativos y privados a costo del abuso de poder y la explotación de la comunidad obrera de todos estos países pobres producto de sus propios gobernantes. 

 

 

Conclusiones

El anterior trabajo consiste en una serie de reflexiones que se sustenta en el análisis histórico de la vida nacional en Colombia, tras largos años de padecimientos, la población del país viene afrontando todo tipo de abusos de poder, robos, asesinatos selectivos, desplazamientos forzados, expropiación de tierras o ganados,  bajo la consigna de “Estabilizar” una “Democracia” inexistente. La tarea del Estado, de los gobiernos hegemónicos, de las familias poderosas, de los industriales y de la banca nacional, es y  consiste entonces: primero, en desmantelar todas las estructuras del estado y ponerlas al servicio del capital extranjero, segundo, en regularizar el conflicto para que el capital extranjero pueda explotar los recursos naturales, y tercero ofrecer garantías institucionales para la entrada de mercancías y la salida de la materia prima sin ninguna retribución a la población que permita el desarrolla de la infraestructura agraria o económica del país. Y por último en “Teleizar” la educación como un mecanismo de pauperización de la capacidad de repuesta que puedan tener las futuras generaciones en materia de igualdad, respeto y defensa de derecho a una vida digna sana y en paz. Y como se decía al principio del texto, la discusión queda abierta para que más personas en el mundo que nos rodea, continúen el debate hasta que por fin entendamos los peligros a que estamos expuesto con la entrada en vigencia de los TLC's, y ayudemos a desmantelar estas estructuras peligrosas y caníbales que debilitan la memoria y la historia de los pueblos.

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