Revista de Humanidades Populares, vol. 1, sep-dic, 2011, e935782
Academia Latinoamericana de Humanidades, Concepción, Chile

Crítica al problema de la identidad latinoamericana y su relación con la situación cinematográfica actual

A Critique of the Problem of Latin American Identity and Its Relationship with the Current Cinematic Situation
Rogelio Román Martíneza1
1Universidad Autónoma del Estado de México
Publicado: 01-12-2011

Resumen

Diversas son las problemáticas por las que atraviesan los pueblos latinoamericanos: desigualdad social, corrupción, desempleo, desnutrición, enfermedades, conflictos armados... Todo esto hace parecer por momentos que lo único que compartimos como latinoamericanos son prácticamente calamidades y pobreza. Dentro de estas problemáticas viene aparejada desde hace tiempo una dominación económica y cultural muy fuerte por parte de Estados Unidos hacia casi toda Latinoamérica. Tal dominio también se ve reflejado en el ámbito cinematográfico, pues además de que los filmes hollywoodenses superan en número a los de los países latinoamericanos, estos últimos no le hacen frente desde ámbitos, tanto legislativos, como los de producción. Está problemática se discute a fondo en el presente artículo.

Palabras clave: Cine; Hollywood; capitalismo; socialismo; industria del entretenimiento

Abstract

Latin American peoples face a wide range of problems, including social inequality, corruption, unemployment, malnutrition, disease, and armed conflicts. At times, this makes it seem as though calamities and poverty are practically the only things we share as Latin Americans. Compounding these issues is a longstanding and powerful economic and cultural domination exerted by the United States over almost the entirety of Latin America. This dominance is also reflected in the film industry, since Hollywood movies not only outnumber those produced by Latin American countries, but local industries also fail to counter this hegemony through legislative or production frameworks. This issue is thoroughly discussed in this article.

Keywords: Cinema; Hollywood; capitalism; socialism; entertainment industry

Introducción

*

Hoy día es complicado sostener que exista una identidad latinoamericana, pues aunque nuestras naciones compartan un territorio y una historia similar marcada por una conquista europea, un colonialismo y una independencia en una temporalidad más o menos paralela, la coexistencia entre nuestros pueblos se presenta de lo más variopinta. Es difícil sostener que sí, ya que entre los países que conforman nuestra América Latina existen conflictos y tensiones políticas (como el rompimiento de relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela a causa del supuesto auspicio de guerrilleros), roses diplomáticos (resuena todavía en la memoria el famoso "comes y te vas" entre México y Cuba), diferencias lingüísticas (se habla francés, portugués, español, inglés, náhuatl, guaraní, quechua, maya, mapuche, etc.), al igual que otras tantas disparidades culturales, religiosas, sociales y económicas. Incluso modelos económicos y de producción tan antagónicos como el capitalismo y socialismo interaccionan y hasta en cierto modo compiten entre sí en esta heterogénea porción del planeta llamada América Latina.

Sin embargo, pese a tan notorias diferencias, compartimos verdaderos paraísos y recursos naturales envidiados en otras latitudes, prácticamente todos los climas existen en nuestro territorio, tenemos en conjunto flora y fauna impresionantemente variada, sitios arqueológicos monumentales y una riqueza cultural muy extensa. Latinoamérica ha dado a conocer al mundo pensadores y hombres de letras tan sobresalientes como Alfonso Reyes, Gabriel García Márquez, José Vasconselos, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, José Saramago, Sor Juana Inés de la Cruz, Mario Benedetti, José Luis Borges, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Carlos Fuentes, Julio Cortazar, Juan Carlos Rulfo y un extenso etcétera. Así mismo, ha llegado a tener verdaderos prodigios del arte como Fernando Botero, Diego Rivera, Frida Khalo, Rufino Tamayo, José Clemente Orozco, Remedios Varo, Leonora Carrington y muchísimos personajes más.

A pesar de los baluartes humanos, naturales y culturales anteriormente mencionados, tenemos también desafíos comunes que atañen a toda Latinoamérica y que son urgentes de superar, como son la falta de oportunidades, pobreza extrema, desigualdad social, corrupción, desempleo, desnutrición, enfermedades, narcotráfico, pésimos gobernantes y servidores públicos, conflictos armados, sexismo, feminicidios, exclusión, discriminación, racismo, explotación sexual y laboral, rezagos en el sector educativo y de salud, retrasos tecnológicos, explotación irracional de los recursos naturales, catástrofes ambientales, y demás problemáticas sociales, culturales, y económicas que no se encuentran en la misma magnitud y proporción que en los países económicamente más desarrollados. Este tipo de contrariedades son las que muchas veces los demás países del mundo identifican como sinónimo de Latinoamérica, de la misma manera en la que el Medio Oriente se relaciona inmediatamente con fundamentalismos, guerras, terrorismo, y violencia.

Otra problemática que la mayoría de los países latinoamericanos comparten y padecen prácticamente de igual manera, es un dominio principalmente económico y cultural por parte de los países occidentales, pero principalmente de los Estados Unidos, un ejemplo de esto es la situación actual de la cinematografía mexicana y que con ciertos altibajos es la misma que se da en los demás países latinoamericanos, de esta problemática que influye también en la identidad latinoamericana es de la que hablaré a continuación.

Problemáticas principales del cine en México y Latinoamérica

En los albores del cine no se concebía ver una película si no era en una sala acondicionada para tal efecto y desde hace varias décadas en América Latina el cine no se ha quedado únicamente en las salas de los complejos cinematográficos, ya que debido a su demanda, a los avances en la tecnología, en las telecomunicaciones y a los intereses económicos y políticos detrás de éste, ha salido de dichas salas para insertarse en la sociedad y formar parte de la vida cotidiana.

Actualmente se pueden ver películas dentro del hogar, la escuela, los aviones, automóviles particulares, autobuses, restaurantes y gimnasios, por citar algunos ejemplos. Estas películas pueden ser auspiciadas por una televisora abierta o de paga y transmitirse hacía muchos lugares, si le aunamos el hecho de que en América Latina y especialmente en México debido a la piratería se pueden conseguir películas en casi cualquier lado y a un costo muy bajo, esto aumenta su cobertura y consecuentemente el número de espectadores, incluso pueden descargarse y verse películas completas a través de la Internet mediante una computadora, un iPod y hasta celulares. Es por eso que se puede afirmar que el cine ya forma un elemento importante de la cultura latinoamericana.

Sin embargo, también desde hace ya varias décadas, el mundo empresarial utiliza al cine como un medio para obtener ganancias millonarias con la distribución de las películas, de las empresas más poderosas a nivel mundial en cuanto a lo que a presencia, prestigio, tiempo en pantalla y dominio monetario se refiere. Algunas de estas compañías son: Warner Brothers, Twenty Century Fox, Disney Pixar, Columbia Pictures, Miramax Films, Metro Goldwin Mayer, Paramount Pictures, Touchstone Pictures, Universal Studios, New Line Cinema, entre muchas otras. Estas corporaciones mayoritariamente estadounidenses, además de cosechar cantidades importantes de dinero dentro su propio territorio, obtienen jugosos dividendos en otras latitudes. Gracias a la globalización fortalecen su imperialismo penetrando en la mayoría de los países periféricos (entre éstos los latinoamericanos), los cuáles en su mayoría se encuentran en vías de desarrollo debido a razones culturales e históricas y a los convenios económico-internacionales que tienen éstos con Estados Unidos y otras naciones económicamente superiores, situación que los coloca en desventaja, no sólo en el aspecto económico, sino también en el terreno cultural y social.

Es verdad que el cine se encuentra íntimamente ligado al ocio, de hecho también forma parte de la industria del entretenimiento, la cual, en las sociedades capitalistas constituye una forma excelente de obtener jugosos dividendos. De hecho, el ocio en este caso no afecta negativamente la producción ni las ventas de las empresas que en su mayoría son extranjeras y principalmente estadounidenses, al contrario las fortalece, pues, aunque parecería que al momento en el que la gente no está trabajando, diversas empresas pierden ganancias debido a que no hay producción, pero, en realidad, el ocio surge como una alternativa a la aparente inactividad productiva:

De esta manera, lo que la empresa cede al trabajador al reducir las horas de trabajo, lo recupera con la venta del ocio. De fin el ocio se convierte en medio para satisfacer el mercado capitalista. Por que en este sentido el trabajo es sinónimo de producción, mientras que el ocio significa el tiempo y la actitud disponible para gastar después de haber trabajado, que es en última instancia lo que interesa y para lo cual están orientadas todas las sociedades de consumo 1.

Por lo tanto, aunque el cine también sea considerado como el séptimo arte, en la sociedad latinoamericana (que es en su mayoría capitalista e innegablemente también se encuentra globalizada) no deja de ser más que un producto de consumo, ya que las películas también son comercializadas en las horas en que la gente se encuentra en actividad de ocio, lo que para los dueños de las corporativas principales de la industria fílmica supone la obtención de cuantiosas ganancias. Este ejemplo nos da una idea de cómo se maneja el cine en los países capitalistas, incluidos claro está, la mayoría de los países latinoamericanos.

Pero hay que recordar que no toda América Latina es capitalista; en los países férreamente socialistas como Cuba, Venezuela o Bolivia, también hay exhibición de películas, aunque en ellos existen más restricciones en cuanto al número de filmes extranjeros que se exhiben en sus salas cinematográficas en comparación con los demás países latinoamericanos, pero aun con dichas restricciones, existen salas de cine (principalmente clandestinas) o círculos académicos, donde es posible ver distintos filmes que no se proyectan de manera masiva. La diferencia en esos países es el fin que tienen las cintas en exhibición, en este caso “El ocio entonces, ahí no implica manipulación de las personas para convertirlas en consumidores, pero sí en cambio representa también una forma de evasión de la realidad presente: diversión y pasatiempo para regresar al trabajo recuperado”2.

Tal parece que ninguno de los usos que se le da al cine en América Latina tiene intenciones o fines mejores, más que el de obtener ganancias monetarias o mantener a la gente evadida de su realidad. Este es un aspecto del cine que tal vez permanecía en el desconocimiento; pero es una problemática real, así, se percibe que el cine sólo responde a fines maquiavélicos. No obstante, existe una ventaja en los países socialistas que los países capitalistas no tienen, por ejemplo, el hecho de que en el sistema socialista se utilice al cine como medio para eludir la realidad de las masas, ha dejado de tener vigencia en la mayoría de los países con dicho modelo, incluyendo a los países socialistas latinoamericanos:

Esta instrumentalización del ocio bajo el socialismo no obedece a causas estructurales, sino más bien a formas históricas, no forzosamente necesarias y por ello mismo, superables. El ejemplo de Cuba en cierto sentido representa una experiencia donde la burocratización de tipo estaliniana es mínima y el ocio (concretamente el cine) juega un papel creador. En cambio dentro del capitalismo el ocio enajena al hombre como una función implícita y esencial del propio sistema 3.

Esa es entonces la ventaja que tienen los países socialistas en cuanto a la forma en que operaran sus instituciones cinematográficas, ya que no forma parte de la estructura de su sistema que el cine sea ocupado como instrumento de evasión de la realidad y control social; mientras que en el sistema capitalista, sí forma parte de su estructura el ocio empleado como una forma alienación. Incluso en el mismo capitalismo existe la práctica de usar al cine como una especie de narcótico de la realidad, Jarvie 4 menciona que "Las películas son el narcótico de los trabajadores y campesinos oprimidos; son un reemplazo para los vínculos perdidos de comunidad genuina; actúan como un espejo en el cual los que se movilizan socialmente pueden aprender nuevas costumbres, etc". Con este ejemplo se cae en cuenta de que existen otros usos para el cine en los países capitalistas que no se reducen únicamente a factores financieros, y esto agrava más la situación, porque además de que se les utiliza como una forma de vender y obtener ingresos, también se les utiliza como una especie de narcótico, la frase más acertada sería la de "pan y circo al pueblo".

A pesar de esto, también cabe mencionar que existen filmes, los cuales distan mucho de ser simples productos comerciales al servicio del capitalismo, que incluso se les podría considerar verdaderas obras maestras, porque han sabido denunciar con gran maestría las injusticias e inequidades ya mencionadas que persisten en Latinoamérica. Muchas de estas cintas de denuncia llegan a convertirse incluso en películas mundialmente reconocidas, a pesar de no haber tenido la difusión comercial y publicitaria adecuada y aunque hayan sido objeto de la censura para frenar su exhibición. Sin embargo, tomando en cuenta el gran número de películas comerciales principalmente hollywoodenses, dichas películas resultan ser un número ridículamente pequeño en comparación con la cantidad exacerbada de películas que llegan a raudales desde Estados Unidos. Esta problemática se puede comprender si se toma en cuenta que:

La industria estadounidense, maneja con éxito las pantallas de la región al contar con más del 50% de tiempo de pantalla de casi todos los países latinoamericanos. Esto produce considerables impactos sobre la industria cinematográfica local, cuyas alternativas de desarrollo se frustran al no haber sido capaces de conquistar espacios en el terreno de la distribución y la exhibición 5.

América Latina se enfrenta a estos grandes problemas comerciales en el terreno de la industria fílmica, esto se debe a que gran parte de sus países no cuentan con los mecanismos constitucionales y económicos suficientemente fuertes para hacer frente a esta invasión de películas estadounidenses. Este problema se agrava todavía más cuando no se crean leyes desde el ámbito legislativo a favor de su respectivo cine nacional, y más grave aún si éstas existen pero no se respetan debido a la influencia económica y política que tiene la iniciativa privada en dichas naciones. A esta problemática se le añade el hecho de que no consiguen crear un número significativo de películas que compitan, tanto cuantitativa como cualitativamente contra las extranjeras.

Si se quiere tener una radiografía de la situación que enfrenta el cine en Latinoamérica, para muestra basta un botón, ya que con algunas leves diferencias, algo muy similar ocurre con el cine mexicano. Aunque las condiciones son casi las mismas, en comparación con los demás países latinoamericanos, al parecer se tiene una ligera ventaja, porque en América, México es el tercer país en orden de importancia en cuanto a presencia de la producción y comercialización cinematográfica (después de EU y Canada), esto se debe a la existencia de un instituto cinematográfico "El IMCINE controla a su vez la más poderosa estructura cinematográfica estatal del continente, conformada por los Estudios Churubusco-Azteca y Estudios América"6.

Parece ser que en México la situación en cuanto a la producción de películas no se encuentra tan mal en comparación con los demás países latinoamericanos debido a la existencia del IMCINE, además, si se toma en cuenta que en nuestro país existen diversas compañías de producción que también se encargan de distribuir películas nacionales a Estados Unidos y América Latina, tan solo:

México cuenta con alrededor de 260 empresas privadas que se dedican a la producción, aunque sólo muy pocas de ellas tienen presencia más o menos permanente en el mercado. Buena parte de estas actividades, en las cuales participan poderosas compañías dueñas de medios masivos como Televisa a través de Televicine, se dirigen a captar el público de escasos recursos socioeconómicos. La mayoría de las películas producidas en México llegan primero a EU y posteriormente a casi toda América Latina 7.

Aunque en México existan estas notorias ventajas en cuanto a la producción y distribución de la industria cinematográfica en el continente, en contraste, sigue existiendo el mismo problema que presentan los demás países latinoamericanos, porque el cine mexicano no puede ser rival ante la fuerte penetración de las películas del cine hollywoodense, que siguen superando en número a las producciones mexicanas. Es fácil darse cuenta que al asistir a las salas comerciales más importantes en México (Cinemark, Cinepolis, Cinemas Lumiere, Cinemex, Multicinemas etc.) se puede ver que por lo regular se exhibe una película mexicana y diez o más estadounidenses, inclusive en ocasiones ningún filme nacional es exhibido y qué decir de algún filme del resto de Latinoamérica. Esta desigualdad en cuanto a la producción, distribución y exhibición local del cine mexicano:

Según la Asociación de Productores de Películas Mexicanas, apenas ocupa el 20% del tiempo en la pantalla pese a que cuenta con un volumen de 80 a 90 largometrajes al año. Pero la ley establece la obligatoriedad de un 50% para las películas nacionales que se deben exhibir en la república mexicana, esta ley obviamente no se cumple 8.

Desde que el TLCAN (Tratado de Libre Comercio del Atlántico Norte) entró en vigor en 1995, las películas hollywoodenses logran estar prácticamente en el 99% de las salas de cine9, con tal situación, un sin número de filmes estadounidenses compiten contra la pequeña cifra de películas mexicanas. Siendo nuestras películas mayores en cantidad, en comparación con el resto de las películas de los países de Latinoamérica, éstas no tienen cabida en todas las salas del país y mucho menos si no prometen ser un éxito de taquilla. Por lo tanto, esta modesta hegemonía Mexicana en cuanto a la producción y distribución fílmica en América Latina no resulta tan relevante, porque a final de cuentas, presenta las mismas problemáticas que detentan los demás países, ya que al cine se le sigue tratando como un producto de consumo, el cual compite contra otros productos de manera desigual.

Todo lo anterior ha derivado desde hace tiempo en que los espectadores tanto mexicanos como latinoamericanos se hayan acostumbrado a ver casi exclusivamente al cine comercial hollywoodense, nublando la oportunidad de ver otro tipo de propuestas cinematográficas, como el cine experimental, cine de autor, cine independiente, filmes de diferentes partes del mundo, cine de denuncia y de crítica social, y principalmente cine latinoamericano y mexicano. En estas alternativas cinematográficas existe toda una gama de formas diferentes de concebir y de hacer cine, y que además abren muchas más posibilidades de ver al mundo, diferente al que han impuesto las películas estadounidenses comerciales tendientes entre muchas otras cosas, a mantener la sociedad de consumo. Incluso cuando Hollywood no se había constituido como un complejo de empresas cinematográficas, sus películas ya apuntaban a ser los vehículos para formar una sociedad consumista, Rossellini acertadamente llegó a mencionar:

Efectivamente, los films significaban en aquella época un vector insuperable, un medio soberano de publicidad institucional para una cantidad enorme de nuevos productos: del automóvil a la nevera, de la aspiradora a la tostadora, etc. En una palabra los mil y un productos que era preciso imponer a la sociedad (que aun no era sociedad de consumo), pero que estaba justamente a punto de serlo. Y el cine contribuyo en buena medida a la difusión de nuevos modelos de vida, al crear otras necesidades y otras apetencias. A la vez que medio de diversión el film ha sido el caballo de Troya de la sociedad de consumo 10.

El cine antes que la televisión y otros medios masivos fue, como bien apunta Rosselini, el "Caballo de Troya de la sociedad de consumo", prácticamente hizo posible la conformación de dicha sociedad, y no sólo en Estados Unidos. En la actualidad el cine estadounidense que se proyecta en América Latina no se ha desprendido de tal característica, pues mediante la diversión y el entretenimiento lleva inmersa toda una ideología basada en lógica de mercado. Si no se analiza críticamente el entretenimiento que algunas películas ofrecen y en el que no propicia ninguna reflexión ni se genera ningún pensamiento crítico, es muy probable que se pueda lograr constituir una identidad latinoamericana, pero una identidad moldeada por los requerimientos del mercado (si no es que ya se esta muy cerca de hacerlo), la cual no contribuye en nada a la formación del espectador latinoamericano, quizás en lo único que contribuya es a que éste se aliene y se vuelva más consumista, con pensamientos ajenos a él y dictaminados desde una cultura distante a través de los medios masivos de comunicación y especialmente desde el cine.

Consideraciones finales

Sería más ingenuo que radical, pensar que con el solo hecho de prohibir la exhibición de películas hollywoodenses, la tarea de conformar una identidad latinoamericana sería más fácil de alcanzarse, ya que entre otros factores, hay que tomar en cuenta que tanto el estilo como la lógica de hacer películas hollywoodenses se ha expandido a otros países incluidos los latinoamericanos. Además, mientras los medios masivos que son controlados por el Estado y el cine (incluso siendo considerado como arte) continúen despreocupados y desinteresados11 por los problemas que siguen predominando en la sociedad latinoamericana, refuerzan la idea de que habitamos un territorio en el cual no existen problemas importantes a los que es imperioso enfocarse, un lugar donde todo puede ser, o resuelto fácilmente por un Gobierno protector y benefactor o por las capacidades innatas fortalecidas por una cultura del esfuerzo individual. Cabe mencionar, que en éste sentido la realidad supera con creces a la ficción y la situación del mundo actual no corresponde con lo proyectado frecuentemente por el cine de Hollywood en sus películas happy end, es decir, "no se puede tapar el sol con un dedo".

Diversas películas, tanto nacionales como extranjeras, comparten la misma visión ingenua y positiva al mostrar personajes que logran superar y sobreponerse a diversos problemas sociales (principalmente económicos) mediante un esfuerzo individual, sin acusar en lo más mínimo a las contradicciones e inequidades del sistema político y económico. Proponen soluciones simplistas y reiterativas en donde prácticamente el mensaje constante es que el individuo mismo es el que genera su propia miseria y su propia inadaptabilidad al mundo neoliberal, en una especie de darwinismo social, en tanto que el régimen o el sistema del que emanan dichas problemáticas no tiene ninguna responsabilidad o al menos así se muestra de manera mas o menos velada en infinidad de filmes. Estos mensajes tan recurrentes en innumerables películas, son una muestra del "sentimiento de inevitabilidad" que impera en las obras cinematográficas, ya que expresan una sola vía de mejora política y social, es una forma de mantener vigente el orden actual. Göran Therborn al explicar el funcionamiento del sentido de inevitabilidad en las sociedades contemporáneas, menciona que "El sentido de inevitabilidad se refiere, por supuesto, a la obediencia por ignorancia de cualquier tipo de alternativa y se obedece a los dominadores porque se considera que dominan a favor de los dominados, y porque se considera que esta situación es buena"12.

Es por eso que el cine en buena medida ha contribuido a mantener este sentido de inevitabilidad, pues éste funciona la mayor de las veces, como afirmador de la cultura dominante, no pone en riesgo al orden vigente, al contrario, embellece con matices la complicada realidad contemporánea y excluye otras alternativas de acción social. El cine no solamente puede mostrar lo "bello" que es el mundo actual, sino que puede propiciar también la construcción de otro mucho mejor. Sin embargo, hay que considerar que el cine en América Latina no sólo responde a los intereses políticos de los grupos hegemónicos o al beneficio financiero de los oligopolios de la industria cinematográfica, pues a pesar de la censura, también ha sido un medio artístico, de protesta y de denuncia que puede en gran medida propiciar que los sujetos sean críticos, reflexivos, y comprometidos con su realidad. En este sentido el cine no sólo puede contribuir a la enajenación del sujeto y a la negación de su cultura, sino que también puede ayudar enormemente a fortalecer su formación, al otorgarle herramientas que lo hagan ser más consciente de la realidad latinoamericana y que por ende contribuya a su mejoramiento desde el conocimiento de la misma.

Asimismo, el director de cine comprometido con su entorno puede acusar de manera ingeniosa y creativa, tanto las ventajas de una realidad latinoamericana posible, como los horrores que provoca la inequidad del sistema y las injusticias de la sociedad, de modo tal que puede lograr estremecer a su público y hacerle sentir, por un instante, la miseria y el dolor, pero al mismo tiempo mostrarlo de una manera tal, que pueda producir una chispa de conciencia en él, que lo motive a la acción individual y colectiva para mejorar su entorno y a ellos mismos, o de frenar los actos que propician que la realidad con la que están inconformes siga en curso. Incluso el cine puede ser un catalizador para un acto revolucionario en diversos sentidos y no sólo en el sentido de una revolución armada, que caiga en el juego de la violencia de Estado con sus respectivas e irremediables pérdidas humanas, sino una revolución cultural que posibilite la ruptura del estatismo sistémico que busca perpetuar el poder.

Tal podría ser la acción desde esta trinchera, sin embargo, mientras no se tomen cartas en el asunto desde la industria cinematográfica misma, desde el marco legislativo de cada país y desde la sociedad latinoamericana en conjunto, lo común que seguiremos compartiendo como latinoamericanos será una inofensiva, incipiente y escasa cinematografía, lo que muy seguramente derivará en un sentimiento de inferioridad o un menosprecio hacía el propio cine latinoamericano y de manera quizás sutil (pero no por eso menos importante) a la propia cultura.

NOTAS

[1]

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[1]

Francisco A. Gómez Jara, Sociología del cine (México: Coedición Ed. Diana-SEP, 1981), 95-96.

[2]

Gómez Jara, Sociología del cine, 97.

[3]

Gómez Jara, Sociología del cine, 97.

[4]

Ian Jarvie, El cine como crítica social (México: Ed. Prisma, 1990), 17-18.

[5]

Octavio Getino, Cine latinoamericano (México: Ed. Trillas, 1999), 73.

[6]

Getino, Cine latinoamericano, 72.

[7]

Getino, Cine latinoamericano, 43.

[8]

Getino, Cine latinoamericano, 43-44.

[9]

Es importante que el mercado se regule porque es inequitativo, declaró la guionista, directora del IMCINE desde hace año y medio. "Se debe regular la entrada y la presencia -absolutamente avasalladora (en México)- del cine hollywoodense, ya que va en contra de la libre competencia", subrayó Stavenhagen. "En términos inclusive del libre mercado creo que el hecho de que el verano cinematográfico avasalle el mercado, la oferta, la distribución, con ocho o diez títulos únicamente durante cuatro meses, es terrible para cualquier otro cine que no sea el estadunidense". Por otro lado, consideró que el Tratado de Libre Comercio (TLC) "bloquea esta posibilidad (de regular al cine), porque la cinematográfica, como otras industrias culturales, debió haberse protegido" (La Jornada, 2008).

[10]

Roberto Rossellini, Un espíritu libre no debe de aprender como esclavo: escritos sobre cine y educación (España: Ed. Tecnos, 1995), 14.

[11]

Como es parte de la cultura establecida, el Arte es afirmador y apoya a esa cultura. El Arte, inseparable de su historia como parte de la cultura afirmadora, ha encontrado quizás su formulación más notable en el concepto kantiano de interesseloses Wohlgemfallen (complacencia desinteresada): deleite, placer, divorciados de todo interés, deseo e inclinación. El objeto estético queda, por así decir, libre de tema particular, o si se quiere, sin relación alguna con un tema, excepto de la pura contemplación: pura vista, puro oído, puro mente (Herbert Marcuse et al., Sobre el futuro del arte, México: Ed. Extemporáneos, 1972, 133-134).

[12]

Göran Therborn, La ideología del poder y el poder de la ideología (México: Siglo XXI editores, 1998), 23-24.

Referencias

Getino, Octavio. Cine latinoamericano. México: Ed. Trillas, 1999.
Gómez Jara, Francisco A. Sociología del cine. México: Coedición Ed. Diana-SEP, 1981.
Jarvie, Ian. El cine como crítica social. México: Ed. Prisma, 1990.
Marcuse, Herbert et al. Sobre el futuro del arte. México: Ed. Extemporáneos, 1972.
Rossellini, Roberto. Un espíritu libre no debe de aprender como esclavo: escritos sobre cine y educación. España: Ed. Tecnos, 1995.
Therborn, Göran. La ideología del poder y el poder de la ideología. México: Siglo XXI editores, 1998.
“Demanda el Imcine imponer cuotas al cine de Hollywood”, La Jornada en línea, 22 de mayo de 2008, http://www.jornada.unam.mx/2008/05/22/index.php?section=espectaculos&article=a08n1esp.
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