Los saberes de las Ciencias Humanas frente a la educación tecnocrática y su visión reduccionista del acto educativo: posibilidades de cambio
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Los saberes de las Ciencias Humanas frente a la educación tecnocrática y su visión reduccionista del acto educativo: posibilidades de cambio

José Antonio Hernández Mijangos 1
1 Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, México
Revista de Humanidades Populares, vol. 3, 2012, e286206
Academia Latinoamericana de Humanidades
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Abstract

la educación de nuestros días reside en formar tecnócratas capaces de resolver necesidades para nuestra sociedad, pero con un sentido acrítico de la realidad social. La educación basada en competencias crea en nuestras instituciones educativas un discurso de valor de uso del conocimiento, es necesario vislumbrar los conocimientos propios de las ciencias humanas y de los saberes no institucionalizados, que a lo largo de la historia han favorecido una interpretación de la realidad, y que, con esta educación tecnocrática pasan a segundo plano. Por ello se hace un llamado emergente a revalorizar los conocimientos sociales que permitan en los estudiantes una visión más integra de nuestra realidad social, proporcionando así respuestas a la sociedad y resolver sus necesidades emergentes, pero con un sentido crítico humanístico y ético.

Palabras clave Educación; competencias; tecnocrática; sociedad

La vileza de hoy no es el predominio de la llamada cultura material sobre la espiritual. Lo verdaderamente digno de ataque sería la separación de la conciencia de su relación social.

T. W. Adorno

Antes de iniciarnos en la lectura del presente artículo queremos dejar en claro al lector, que no estamos ante una receta que proporciona soluciones acabadas, y que no se hace el acercamiento a la temática como filósofo, sociólogo, epistemólogo, etc., más bien como un conocedor de lo educativo.

La educación desde las concepciones sociológicas puede estudiarse y definirse desde diferentes perspectivas, tal es el ruido, que el término “EDUCACIÓN”, ha hecho en todas las sociedades a lo largo de la historia, que se han construido una gran cantidad de discursos, derivados de reflexiones o investigaciones y que se han realizado en torno a lo educativo.

Dicho término ha captado la atención de grandes filósofos, sociólogos, historiadores, psicólogos etc., creando así como señala el Dr. Enrique Moreno de los Arcos, una torre gigantesca conocida como educación. En esta torre conceptual derivada y construida de teorías y concepciones educativas, que sin duda alguna se ven implicadas en las aulas (lugar donde se forman ciudadanos), se transmiten conocimientos, y al mismo tiempo se construyen subjetividades y al igual que nuestra sociedad. Sin duda alguna, el valor otorgado a la educación, se refleja en que en toda sociedad siempre existe y ha existido un sistema educativo, se atribuye esto (desde la teoría del estructural funcionalismo) a que en una educación las sociedades ven la posibilidad de conservar y preservar sus tradiciones, costumbres, valores etc. legitimando los sistemas sociales imperantes.

Quizá, siendo irreverente ante muchas teorías, que se han construido en torno a lo educativo, podremos atribuir a Emilio Durkheim (1976), el rescate de la importancia social que lo educativo tiene, con su definición de educación hará un parte aguas, en la que define a la educación como una acción ejercida por una generación adulta sobre una joven, claro está que esa acción estará llena de valores, concepciones del mundo, guiada a formar una sociedad determinada. En un intento de ser más ilustre, en relación al impacto que genera la educación en las sociedades, y cómo a través de ella se busca formar un tipo de sociedad, rescatamos lo siguiente:

La educación ha variado infinitamente, según los tiempos y según los países. En las ciudades griegas y latinas la educación intentaba adiestrar al individuo para que se subordinase ciegamente a la colectividad, para que se convirtiera en una “cosa” de la sociedad. Hoy, la educación se esfuerza en hacer una persona autónoma. En Atenas se procuraba formar espíritus delicados, sagaces, sutiles, apasionados de la medida y de la armonía, capaces de saborear la belleza y los gozos de la especulación pura. En Roma se deseaba ante todo que los muchachos se convirtieran en hombres de acción, apasionados por la gloria militar, indiferentes a todo lo que se refería a las artes y letras, en el renacimiento adquiría un carácter más laico y literario. (Durkheim, 1976: 90)

Durkheim, nos ilustra y muestra cómo ciertas sociedades buscan formar un ciudadano, una sociedad ideal, y que en busca de la construcción de ese ciudadano y sociedad, se recurre a un sistema educativo que dote a los estudiantes de las virtudes, conocimientos y valores necesarios para la construcción de dicha sociedad. Dado que en la escuela se legitimarán roles a seguir en la vida social, el salón de clases se convierte así en una microsociedad.

Sin embargo, las sociedades han cambiado, por consiguiente los discursos educativos también, haciendo eco a la vieja conseja popular que dice, renovarse o morir, pues en una sociedad globalizada (como la de nuestros días), donde lo local parecer ser historia o más aún como señala Zygmunt Bauman (2001), de degradación social. Esta sociedad global ha conllevado grandes cambios y trasformaciones con mucha velocidad, siendo un reto para los sistemas educativos “adaptarse” a estos cambios, de no hacerlo será un sistema destinado al rezago o atraso, por lo que sería juzgada como una educación no pertinente es decir, una formación que en nada o escasamente responde a las necesidades de su sociedad.

Así, la sociedad actual se ve rodeada de conceptos tales como: globalización, sociedad de la información, sociedad del conocimiento; entre muchos otros más, mismos que de ser abordados exigen un estudio específico. Se defiende en el presente artículo que los temas educativos no se pueden desprender de los temas sociales, toda vez que las sociedades buscan legitimarse en relación a sus prácticas, costumbres, sistemas de organización, valores etc., través del sistema educativo. Por ello cabría preguntarse: ¿qué tipo de sujeto, individuo, ciudadano mujer u hombre se busca formar en dichas sociedades globalizadas donde se dice que el conocimiento es lo que genera riquezas?

Renovarse o morir, implica lo que para Delors será “la educación para toda la vida” (Delors, 1996: 16), mismo que conlleva a una “actualización”, “adopción” e “implementación” (muchas veces acrítica y de manera descontextualizada) de nuevos modelos educativos, bajo los cuales se forman nuestras sociedades contemporáneas. En la sociedad actual, una de las grandes reformas que se han realizado en la educación de manera global, es el desarrollo e implementación del modelo educativo basado en competencias, las competencias educativas han causado tal resonancia, que han atraído a su estudio numerosos pedagogos y psicólogos principalmente, quienes han definido el termino competencia. Esto ha propiciado en gran medida a que este término netamente empresarial cause gran eco en la formación de los futuros ciudadanos y profesionales. Aunado a esto, los nuevos modelos educativos de las universidades del mundo se ajustan a una lógica propuesta por la UNESCO, la OCDE y el FMI, mediante la adopción e implementación en sus planes de estudio de un nuevo modelo educativo. Este modelo educativo, defiende la postura de la emergencia de desarrollar competencias en el sujeto, lo que podría ser considerado como una redefinición del acto educativo, pues este término derivado de la sociedad del conocimiento, pugna por la implementación en los planes de estudios de conocimientos operacionales, lo que es sinónimo de dar un valor de uso al conocimiento. En las aulas educativas esto se presenta y se hace vivencial en la priorización de los conocimientos operacionales, dando un valor secundario a los conocimientos teóricos.

En un contexto como el latinoamericano, dónde la educación simboliza, representa y a la vez se espera de ella el progreso de los pueblos, la independencia científica y tecnológica, así como la superación de aquel “paternalismo colonial” creado por los colonizadores, teniendo en cuenta todo esto, sería pertinente preguntarse: ¿el modelo basado en competencias responde a estas necesidades?, ¿verdaderamente la educación tecnocrática posibilita una trasformación para Latinoamérica? La posible respuesta sería que esta educación tecnocrática, por sí sola, no puede lograr un desarrollo integro para América latina y para la sociedad global, pues los aportes de la filosofía y de las humanidades, entre otras ciencias y saberes sociales no legitimados científicamente o académicamente, también son formas validas de interpretación del mundo, generalmente olvidadas por la educación tecnocrática. Sí ahondamos más en el término de competencia tenemos que:

Competencia como concepto es derivado de la acción de racionalidad técnico–instrumental. La formación alude a la concepción del mundo de vida. Competencia alude a la educación en términos de aprendizajes funcionales. La formación incluye competencia. Se constituye por educación, personalidad y experiencias de vida. La competencia no incluye formación, es la expresión objetiva de la formación al nivel del aprendizaje funcional. En el mundo de vida, la formación del sujeto permea los procesos educativos y de aprendizaje con la constitución de la personalidad y su concepción del mundo de vida, lo cual se refleja en el alto nivel de competencia con el cual se enfrenta y supera la problemática existencial y la problemática material planteada por el quehacer técnico- instrumental del mundo operacional. La competencia, como atributo de un sujeto altamente calificado sirve para solución de problemas en el plano inmediato de la situación técnico instrumental. (Hoyos, 2003: 15- 16)

La formación de una sociedad más justa, de una América Latina auto sustentable, no reside sólo en la educación tecnocrática, requiere de una formación integra, la cual no puede pasar por alto los contenidos filosóficos y los aportes de las demás ciencias humanas, que proporcionan una visión más integra y crítica de la realidad social.

Sin embargo, se está ante un discurso global, que trastoca sin duda alguna la organización y estructuración de las sociedades, con ello se hace presente en la vida cotidiana, pues las competencias en la educación generan mano de obra para el sector empresarial, lo que podría propiciar una visión del sistema educativo, como formador de mano de obra, alejándose de dotar a los estudiantes de un sentido crítico de la realidad social.

Hasta aquí, hemos manejado como sinónimos los términos “educación basada en competencias” y “educación tecnocrática”, esto para ser más ilustrativos y no crear confusiones en el lector. Dado que esta visión del modelo educativo basado en competencias, tiene como fin proporcionar una educación tecnocrática, centrada en el saber hacer, es decir, sólo se centra en la formación técnica, dejando a un lado las concepciones teóricas- explicativas- interpretativas, que dan o dieron origen a dicho modelo y proporcionan a los estudiantes y futuros profesionistas una visión acrítica de la realidad social, además:

Las competencias no interpelan ni dialogan con los sujetos ni interrogan sobre su deseo de saber y aprender; no reparan en los contextos históricos, los lugares y las memorias que los sujetos portan a la hora de trabajar, relacionarse, de crear lazos sociales significativos y perdurables. Por supuesto que las competencias no hacen referencia a los saberes tácitos, implícitos, empáticos no verbales, indíciales. La competencia como unidad mínima y abstracta de conocimiento deja una parte sustantiva de lo humano olvidado, desviado, caído. (Gagliano, 2009: 77)

Un discurso totalizador, legitimado por organizaciones transnacionales, como es el caso del discurso de las competencias, no nos exige la formación y construcción de nuevos conocimientos, más bien, sólo exige la aplicación del conocimiento, con resultados cuantificables. Es indiscutible la necesidad del conocimiento práctico, sin embargo, no por ello se debe privilegiar en la educación el valor de uso, es decir, favorecer solamente el conocimiento operacional, cayendo en el juego de la oferta y la demanda de conocimientos.

Aristóteles mencionaba que el conocimiento práctico debe responder no a los medios, si no al cómo y para qué de la ciencia, Habermas por su parte nos ilustrará diciendo que el conocimiento práctico debe tener un sentido social, pues para este autor ser racional es dar razón de lo que pensamos, decimos y hacemos. Por ello toda formación profesional exige un fundamento epistemológico y teórico. Dado que la teoría nos permite interpretar la realidad, asimismo nos incorporarnos al conocimiento, al saber y hacia dónde nos llevan los discursos sociales.

Pareciera que el saber teórico- humanístico, causa un malestar social, o que es un saber improductivo, sin embargo, es necesario revalorizar su función social, rescatando aquellos saberes que a lo largo de la historia del hombre se han ido formando y que socialmente han sido productivos y surgidos de la misma experiencia social, mismos que no son institucionalizados o letrados, pero que se dan en la tradición.

Sin duda, los sistemas educativos de las sociedades actuales en todos sus niveles, pero de manera emergente en el nivel superior, necesitan crear una nueva visión renovada cuya planeación y desarrollo parta de una concepción de un sujeto integro, el cual pueda resolver las necesidades de un mundo cambiante como el nuestro, es necesario y emergente que este sujeto cuente con una sólida formación teórica, que le permita enfrentar los problemas sociales y naturales que asechan a nuestra sociedad. Esto se reflejará en la formación de profesionistas capaces de cumplir con las exigencias de nuestro siglo.

Nuestra sociedad exige una educación que forme seres íntegros, sujetos que posean un gran compromiso social, por ello se requiere una redefinición del modelo basado en competencias, el cual desemboca en una educación tecnocrática. Tenemos el reto de buscar la revalorización de los saberes estéticos, simbólicos, teóricos y epistemológicos, para poder hablar de una educación verdaderamente integra, los educadores tenemos el reto de buscar alternativas pedagógicas, que favorezcan una visión integra de lo que es educar.

Por utópico que parezca, una educación integra puede permitir una construcción de una sociedad más justa, la formación de profesionales con sentido social que respondan ética y eficazmente a las necesidades sociales; quiero terminar el presente artículo con las líneas en las que Freire cierra su obra pedagogía de oprimido “Si nada queda en estas páginas, esperamos que por lo menos algo permanezca: nuestra confianza en el pueblo. Nuestra fe en los hombres y en la creación de un mundo en el que sea menos difícil amar”.

Referencias

Bauman, Zygmunt (2001), La globalización. Consecuencias Humanas. México, Fondo de Cultura Económica.
Delors, Jacques (1996), La educación encierra un tesoro, México, Siglo XXI.
Durkheim, Emilio (1976), “La educación: su naturaleza, su función.”, Educación como socialización, España, Editorial Sígueme.
Freire, Paulo (2005), Pedagogía del oprimido, México, Siglo XXI.
Gagliano, Rafael (2009), “Saberes socialmente productivos y nuevas realidades emergentes.”, Saberes socialmente productivos y educación. Contribuciones al debate, México, UNAM.
Hoyos Médina., Carlos (2003), “Gestión pedagógica.”En: Edith Chehaybar y K. y R. Amador. (Coord), Procesos y prácticas de la formación universitaria, México, Pensamiento Universitario, CESU UNAM, pp. 15-50.

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